Ondas de choque por José Luis de Vicente

Por qué necesitamos Laboratorios Ciudadanos (una bienvenida al Nuevo Medialab Prado)

22 abril, 2013 02:00
En los tiempos que corren en este país, una buena noticia en el mundo de la cultura es algo tan raro como un ejemplar de una especie en extinción. Por esto toca celebrar cada una de ellas, seguramente sin euforia, tomando conciencia de la oportunidad que puede significar cada nuevo proyecto, y de la necesidad de protegerlo y aprovechar su potencial al máximo.

Desde este viernes una de las instituciones culturales más singulares de Madrid cuenta con una nueva y potente sede. Tras tres años de obras y una ambiciosa rehabilitación, Medialab Prado ocupa por fin su nuevo espacio en la Serrería Belga. Para el proyecto supone un salto inmenso. Tras unos meses de transición en Matadero, la nueva casa de Medialab supone pasar del sótano de poco más de doscientos metros de la calle Alameda en el que convivían simultáneamente toda clases de actividades -en los últimos tiempos con muchas estrecheces- a tres plantas de instalaciones que incluyen talleres, residencia, una cantina, un auditorio para 200 personas y espacios multiusos.

Tras el desolador paisaje que ha dejado la explosión de la burbuja cultural seguir pensando en infraestructuras ambiciosas puede parecer poco prudente. Pero a diferencia de lo que fue común durante los años felices -gastar en el contenedor y pensar poco en el proyecto y el contenido- el nuevo Medialab Prado en la Serrería Belga se construye sobre una década de trabajo discreto pero constante, tejiendo profundas redes de colaboración a nivel nacional e internacional, y cultivando desde la proximidad la formación de comunidades de usuarios activos e implicados. Medialab es ya un valioso activo en el ecosistema cultural español, y ahora tiene la oportunidad de dar un gran paso adelante.

Durante los últimos siete años he colaborado con Medialab Prado dando forma a una de sus líneas de actividad -la plataforma Visualizar-, por lo que no puedo ofrecer una evaluación distanciada y objetiva de los logros del centro. Pero hay cosas que sí puedo afirmar. La clase de energía que Medialab consigue generar en sus actividades, el entorno de generosidad intelectual e intercambio constante que se dan en sus talleres de producción y encuentros, no se parece a nada que haya visto en ninguna de las (muchas) instituciones culturales con las que he colaborado, dentro o fuera de nuestras fronteras.

El laboratorio ciudadano de Madrid cuenta con lo más valioso que puede tener toda institución dedicada a la producción de conocimiento: un modelo propio no importado, nacido de manera orgánica a partir de su relación con su activa comunidad de usuarios. La singularidad y efectividad de este modelo le ha valido un fuerte reconocimiento en todo el mundo; El formato de taller de Medialab Prado se ha aplicado a actividades de centros en Estados Unidos, Reino Unido, Irlanda, Argentina, Perú, entre mucos otros.

La discreción de la anterior sede, semioculta bajo la superficie de una plaza poco destacable, hacía que no fuese sencillo descubrir este espacio para el visitante no iniciado. Esto va a cambiar radicalmente con un edificio muy visible y con carácter, prácticamente en la esquina de Atocha, a medio camino entre el Reina Sofía y Caixaforum. La Serrería Belga puede ser el emblema de un Barrio de las Letras en el que se concentra una parte importante del ecosistema de la innovación creativa de la capital.

Esperemos que el nuevo edificio sea la razón para que muchos que no han visitado nunca Medialab Prado se acerquen a él por primera vez. Para todos ellos, algunas claves rápidas. MLP no es un centro de exposiciones; el material con el que se trabaja no es con obras acabadas, sino con procesos de investigación y prototipado. No es tampoco un laboratorio de artistas ni de especialistas; entre los miembros más activos de su comunidad hay artistas, programadores y diseñadores, pero también abogados, periodistas, químicos, sociólogos, antropólogos, activistas...y no hace falta ser un conocedor profundo de una disciplina para participar en sus programas. Pensar en un modelo de investigación en que se derriben las barreras entre profesionales y ciudadanos “no expertos” es una de sus señas de identidad más importante.

Y por encima de todo, por supuesto, Medialab Prado es un centro de innovación. Pero no de innovación tecnológica -aunque de él han surgido contribuciones valiosas- o empresarial -aunque también han nacido en él iniciativas que han acabado siendo empresas-. Su mayor valor reside en haberse convertido en una verdadera incubadora de comunidades, un vivero de ciudadanía activa dispuesta a aplicar la cultura del hacer a cualquier dimensión social, política o creativa con la que se sienten vinculados.

Laboratorios Ciudadanos como Medialab Prado son un recordatorio de que hubo un tiempo en que, antes de que las políticas culturales se utilizasen básicamente para fomentar distintas formas de consumo, la función de las instituciones culturales era la formación de ciudadanos críticos y activos. Es una misión que necesitamos recuperar urgentemente.

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Image: Javier Marías, Premio Formentor de las Letras 2013

Javier Marías, Premio Formentor de las Letras 2013

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