Fotograma de 'Street Fighter 6'.

Fotograma de 'Street Fighter 6'.

Homo ludens

'Street Fighter 6', un portento de peleas callejeras y arte urbano

La legendaria saga de lucha de Capcom vuelve siete años después con su entrega más ambiciosa. Una explosión de color para realzar unos personajes tan fascinantes como estrafalarios.

8 junio, 2023 02:48

La importancia de Street Fighter II en la historia de los videojuegos no puede ser subestimada. El juego popularizó el género de los juegos de lucha, iniciando una nueva época donde otros creativos se lanzaron a la contienda para generar marcas que todavía perviven hoy en día, y fue una auténtica revolución en arcades. Los salones de recreativos volvieron a llenarse, sobre todo en Japón y Estados Unidos, con riadas de jóvenes que agotaban la calderilla en frenéticas competiciones, generando unos beneficios de escándalo para Capcom.

La versión para Super Nintendo también consiguió unas ventas millonarias, haciéndose con un record que la compañía tardaría veinte años en romper. Generó a su alrededor una primitiva escena competitiva que luego derivaría en el mundo de los e-sports y los jugadores profesionales, las convenciones donde los seguidores se daban cita y su correspondiente cultura, muy enraizada en el hip-hop la música urbana.

Capcom solo lanza un juego por generación, por lo que el lanzamiento de una nueva entrega, cuya vida útil se extiende durante años con mejoras y añadidos regulares, es todo un acontecimiento. Street Fighter 6, ya de salida, tiene una cantidad absurda de contenido. A los escenarios y los luchadores tradicionales (con varios personajes nuevos), se le suma un espacio donde socializar (remarcando el carácter online de la experiencia) y el modo World Tour, un pequeño RPG que supone una innovación total. Después de crear nuestro personaje con un potente editor, entramos de lleno en Metro City para intentar convertirnos en el luchador más fuerte, enfrentándonos a una organización criminal y aprendiendo de los mejores para configurar un estilo de combate propio.

Capcom es muy consciente de lo que absurdo qué es el mundo de Street Fighter y los personajes que lo habitan, por lo que nunca se los toma en serio. En Metro City, todos los ciudadanos están dispuestos a aceptar un reto en cualquier momento, iniciando peleas de camino al trabajo o mientras sirven mesas en un restaurante. Hay una banda de delincuentes de medio pelo que van por las calles con cajas de cartón en la cabeza y la mayoría de situaciones ahondan en un surrealismo desconcertante, apuntalando la identidad japonesa de un humor estrambótico y absurdo, pero siempre divertido.

Como RPG, World Tour permite vestir a nuestro personaje como queramos y nos obliga a subir de nivel para enfrentarnos con garantías a los enemigos más fuertes. En líneas generales, es un divertimento con mucho que ofrecer, pero no cuenta con los altísimos valores de producción o las espectaculares cinemáticas de algo como Mortal Kombat 11.

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Lo verdaderamente mollar está en el plantel de 18 luchadores que Capcom ha seleccionado esta vez. Con una mezcla de veteranos y algunas novedades, cada uno representa un estilo de juego propio. Del elegante kung fu de Chun-Li al contundente sumo de Honda, de la bestialidad de Blanka a la elasticidad grotesca de Dhalsim; cada personaje se mueve y ejecuta sus ataques de una forma completamente diferentes, con sus propias fortalezas y debilidades que los equilibran a todos. Street Fighter 6 hace un maravilloso trabajo de tutorialización, empezando desde muy abajo con los neófitos para que puedan entender los fundamentos básicos de un sistema reinventado. Batiéndose bajo la consigna “fácil de jugar, difícil de dominar”, Capcom sigue otorgando una enorme profundidad a cada uno de los luchadores.

Fotograma de 'Street Fighter 6'.

Fotograma de 'Street Fighter 6'.

Street Fighter 6 es un auténtico portento en un género que ha sobrevivido hasta nuestros días definiendo su propia idiosincrasia. Rezuma personalidad por los cuatro costados, retrotrayéndose a sus propias raíces para destacar un estilo urbano cuya máxima expresión se concentra en los estallidos de color que dominan la pantalla cuando un golpe especial conecta, momentos que quedan enclaustrados no en cuarzo sino en un grafiti moderno y contestatario. Todo en él es exagerado, empezando por los cuerpos imposibles de un reparto con músculos ultradefinidos y poses inopinadas.

Es un mundo de fantasía donde todo es posible y que seguramente otorgará horas de diversión tanto en las comunidades más acérrimas como en los grupos de amigos más desenfadados. Es también un firme alegato por la diversidad, con una picaresca evidente en su acercamiento a la expresión de género, una celebración multicultural y una apología expansiva de todo tipo de cuerpos. Se le puede echar en cara algunas reminiscencias de su pasado sexista (sobre todo en algunas de las ilustraciones desbloqueables), pero en líneas generales, Capcom parece haber acompasado sus modelos de representación a las sensibilidades modernas. Durante los próximos siete u ocho años, el juego irá creciendo y ampliándose con nuevos luchadores y escenarios, pero el punto de partida ya es sobresaliente.

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