Michael Fassbender encarna a Bobby Sands en la película 'Hunger' (2008), dirigida por Steve McQueen

Michael Fassbender encarna a Bobby Sands en la película 'Hunger' (2008), dirigida por Steve McQueen

Entreclásicos

'Hunger': Bobby Sands y los años de plomo en Irlanda del Norte

La película de Steve McQueen es descarnada y honesta. Cine sin concesiones, que no persigue agradar o entretener, sino incomodar y perturbar.

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Robert Gerard Sands, más conocido como Bobby Sands, era comandante del IRA Provisional. Nacido en 1954 en el seno de una familia católica, no tardó en aprender lo que significaba vivir bajo la opresión británica. Un grupo de pistoleros lealistas le obligó a dejar su trabajo de aprendiz a punta de pistola por el simple hecho de pertenecer a una minoría discriminada.

Acosado por los paramilitares protestantes, se instaló en Twinbrook, al oeste de Belfast, una zona terriblemente deprimida y bajo estado de excepción por los continuos brotes de violencia. En 1972, se incorporó al IRA Provisional. Su primera detención se produjo en 1973. Se le acusó de posesión ilegal de armas de fuego. Salió a la calle en 1976, pero su participación en un tiroteo con la Royal Ulster Constabulary, lo devolvió a prisión, esta vez con una condena de 14 años.

Fue enviado a la prisión de alta seguridad de Maze, también conocida como Long Kesh y famosa por su estricto régimen disciplinario. Su muerte en 1981 después de una prolongada huelga de hambre conmovió al mundo e inspiró varias películas. Estrenada en 2008, Hunger, del director británico Steve McQueen, es sin duda el relato más demoledor e incisivo de una historia ambientada en uno de los conflictos más viejos de Europa.

En Irlanda del Norte, las zonas grises prevalecen sobre las distinciones morales nítidas e inequívocas. No es posible justificar la dominación inglesa, pero tampoco las brutales campañas del IRA Provisional. Evidentemente, la aspiración a una Irlanda unificada es perfectamente legítima. Sin embargo, el recurso a la violencia siempre es deshumanizador y deja terribles secuelas.

Los argelinos que lucharon contra la dominación francesa y a veces sufrieron torturas o fueron asesinados, acabaron utilizando los mismos métodos contra sus correligionarios del FLN, cuando se alcanzó la independencia y surgieron disputas internas. Algo similar sucedió en Irlanda en 1922 tras la creación del Estado Libre. Los viejos camaradas se enzarzaron en una guerra civil que se saldó con 5.000 víctimas.

En la prisión de Maze, los voluntarios del IRA Provisional ya habían organizado protestas para obtener el estatus de presos políticos antes de la huelga de Bobby Sands. La primera protesta o Protesta de las Mantas comenzó en 1976 y consistió en negarse a vestir el uniforme de presos comunes. En su lugar, se cubrieron con mantas y aseguraron que no cambiarían de actitud hasta que se les facilitara otro tipo de prendas. 300 presos del IRA Provisional participaron en la protesta.

No obtuvieron ningún resultado, pero su maniobra contribuyó a mantener alta su moral. En 1978, se adoptó una nueva estrategia. Los funcionarios de prisiones prohibieron a los huelguistas utilizar los aseos sin su uniforme de presidiarios. Los huelguistas decidieron realizar sus deposiciones en las celdas, embadurnando las paredes con sus heces. Es lo que se llamó la Protesta Sucia.

Los británicos no cedieron ni un ápice. El 27 de octubre de 1980 la Protesta Sucia se transformó en huelga de hambre. Se interrumpió cuando los ingleses hicieron amago de ceder, pero al comprobar que solo era un gesto y no una intención real, se inició una segunda una huelga de hambre escalonada el 1 de marzo de 1981.

Bobby Sands dejó de comer, anunciando que él y otros 49 militantes del IRA Provisional morirían de inanición, si no se satisfacían cinco demandas: 1. Derecho a no vestir uniforme de presidiarios. 2. Derecho a no realizar trabajo en la prisión. 3. Derecho a la libre asociación con otros presos y a la organización de actividades educativas y recreativas. 4. Derecho a una visita, una carta y un paquete por semana. 5. Derecho a recuperar la remisión de condena perdida a consecuencia de las anteriores protestas.

La muerte inesperada de Frank Maguire, parlamentario republicano independiente, permitió presentar a Bobby Sands como candidato a la Cámara de los Comunes. Los católicos votaron masivamente por el comandante del IRA, logrando que obtuviera un escaño, pero el gobierno de Margaret Thatcher modificó la ley para que ningún preso con una condena superior a un año pudiera ser elegido diputado.

Se evitaba de ese modo que los compañeros de Bobby Sands en huelga de hambre ocuparan su escaño cuando se produjera el fatal desenlace. Bobby Sands murió el 5 de mayo de 1981, después de 66 días de ayuno. Solo tenía 27 años y, pese a su 1’85, apenas superaba los 40 kilos.

Durante la huelga de hambre que acabó con su vida, escribió un diario, donde anotó: "Soy un preso político y no un delincuente. Creo en el derecho a la soberanía y la independencia de Irlanda. Lucho contra una nación que se niega a retirarse de nuestra tierra y oprime a mis compatriotas. Pienso que en las circunstancias actuales no hay otra alternativa que la lucha armada. […] Pierdo peso cada día. Ignoro las grandes cantidades de comida que depositan en mi celda. No me inquieta la perspectiva de la muerte. Espero el canto de la alondra, pues la primavera se acerca. Recuerdo el canto de los pinzones en febrero y ahora escucho el canto de los cuervos negros desde mi lecho de muerte. No pierdo la esperanza de un porvenir de libertad e independencia para los irlandeses oprimidos por el imperio británico. No claudicaré, aunque mi cuerpo se debilite progresivamente y finalmente se colapse. En esta lucha, todos tenemos un papel, grande o pequeño, y debemos cumplir con nuestra parte, sin reparar en las cuestiones personales".

Unos pocos días antes de fallecer, escribió: "Sé que se acerca mi fin, pero estoy seguro de que las ansias de libertad de mi pueblo algún día se harán realidad y contemplaremos cómo se alza la luna suavemente, mostrándonos la dicha de ser libres y vivir sin miedo".

En 1983, el gobierno británico concedió discretamente los derechos solicitados, pero negó que se tratara de una concesión incentivada por la huelga de hambre. Al margen de Bobby Sands, murieron otros diez voluntarios del IRA. Otros trece abandonaron, pero con graves secuelas que les incapacitaron para una vida normal. Durante las protestas por la muerte de los huelguistas, la Royal Ulster Constabulary disparó casi 30.000 proyectiles de goma, causando la muerte a siete personas.

Margaret Thatcher consideró que había obtenido una victoria y no mostró ninguna clase de pesar por la muerte de Bobby Sands y sus compañeros, asegurando que solo eran vulgares criminales. Durante sus años como Primera Ministra, las fuerzas de ocupación inglesas recurrieron sistemáticamente a la tortura y el asesinato extrajudicial.

Algunos periodistas extranjeros afirmaron que Irlanda del Norte se parecía a Chile por el clima de represión e intimidación. Aunque no pudo probarse, las muertes en controles de carretera, interrogatorios y presuntas fugas hicieron circular la sospecha de que se había ordenado disparar a matar contra los activistas del IRA Provisional, sin ofrecerles la oportunidad de entregarse.

El cineasta Ken Loach reflejaría esa política en Agenda oculta (1990), mostrando que la democrática Inglaterra copiaba los métodos de las dictaduras latinoamericanas. Margaret Thatcher fue calificada por los republicanos como "la peor bastarda que hemos padecido".

Algunos periodistas extranjeros afirmaron que Irlanda del Norte se parecía a Chile por el clima de represión e intimidación

Tan odiada como Oliver Cromwell, el político y militar que dirigió con inaudita crueldad la invasión de Irlanda en 1649, Thatcher se hundió en el desprestigio internacional, mientras Bobby Sands se transformaba en un símbolo del espíritu de resistencia.

Su valentía y entereza despertó la admiración de los fedayines palestinos, que enviaron una nota de solidaridad y afecto elaborada clandestinamente en las prisiones israelíes: "A la familia de Bobby Sands y las de sus compañeros mártires. Vuestra lucha es nuestra lucha, pues perseguimos un objetivo común: liberar a nuestros pueblos de la opresión extranjera. Saludamos la heroica lucha de Bobby Sands y sus compañeros de la prisión de Maze porque han sacrificado la posesión más valiosa de cualquier ser humano. Han inmolado sus vidas por la libertad".

La violencia del IRA Provisional fue propiciada por la situación de los católicos norirlandeses, un tercio de la población, que además de soportar la colonización inglesa, sufrían una discriminación social y laboral que se reflejaba en altas tasas de desempleo, bajos salarios y una deficiente escolarización infantil.

En un editorial del diario El País publicado al día siguiente de la muerte de Bobby Sands, se afirmaba que Irlanda del Norte padecía "una de las situaciones más condenadas en el mundo moral actual: racismo, discriminación religiosa y política, colonialismo". Esto explica que la impopularidad de Margaret Thatcher se propagara incluso entre sus compatriotas.

Elvis Costello compuso el tema Tramp the dirt down, que afirmaba: "Cuando Inglaterra era la peor zorra del mundo, Margaret era su madame". En Merry Christmas Maggie Thatcher, Elton John cantaba: "Feliz Navidad, sangrienta Maggie. Todos celebramos este día, porque ya queda un día menos para tu muerte".

Public Enemy recordaría las simpatías de la Primera Ministra hacia el apartheid sudafricano en Prophets of rage y el grupo punk Crass criticaría su papel en la guerra de Las Malvinas: "Tu falta de humanidad, Maggie, te libra del percibir el dolor que has ocasionado, determinado, creado y ordenado". No está de más recordar su entrevista con Pinochet durante su estancia forzosa por un requerimiento judicial. Maggie se hizo fotografías con el general, sin escatimar muestras de afecto hacia "un viejo amigo".

Antes de la huelga de hambre, Bobby Sands ya se había familiarizado con las durísimas condiciones de las prisiones inglesas. En 1972, soportó en la cárcel de Castlereagh largos períodos de aislamiento total, a veces completamente desnudo, una represalia habitual concebida para humillar y quebrantar el espíritu de los presos políticos.

Cuando fue trasladado a los temibles "H-blocks" (bloques con forma de H) de la prisión de Maze, comenzó a escribir artículos políticos para un diario republicano bajo el pseudónimo de Marcella, su hermana. Sus textos salieron al exterior clandestinamente en pequeños pedazos de papel higiénico. Al igual que otros presos, Bobby se refugió en la poesía. En uno de sus poemas, recrea la contemplación del crepúsculo desde su celda:

"El cielo es plateado y violeta y las cosas más oscuras empiezan a deslizarse sobre el amenazador alambre de espino,
el día se está yendo.
Y el cielo sangra ahora, han herido al día
quizá mortalmente, mostrando una nublada herida púrpura y la oscuridad
se ha adueñado del cielo.
Y el prisionero, pobres ojos que miran sin ver,
el prisionero ya no puede sujetarse a la reja.
Cae en las entrañas de su oscura y húmeda tumba, un patético
puñado de harapos.
El ballet del crepúsculo ha terminado, pero el público no se irá a casa.
Tal vez él nunca volverá a casa".

Cinco días antes de morir, Bobby se entrevistó con su madre, Rosalyn. Le pidió que no solicitara la intervención de los médicos cuando entrara en coma: "Quiero a mi hijo, como todas las madres, pero le he hecho esa promesa y Bobby se está preparando para el fin. Nada puede salvarle ya de la muerte". El entierro de Bobby se celebró en el Ulster. 100.000 personas acompañaron al cortejo fúnebre, que incluyó una guardia de honor del IRA Provisional compuesta por siete hombres jóvenes y un veterano comandante.

Cinco días antes de morir, Bobby Sands pidió a su madre que no solicitara la intervención de los médicos cuando entrara en coma

Se celebró una misa corpore insepulto en la iglesia de San Lucas del barrio de Twinbrook. El sacerdote pidió una salida pacífica al conflicto y expresó su desolación por la pérdida de vidas humanas. El féretro fue cubierto con la bandera tricolor republicana. Transportado por familiares y líderes del Sinn Fein (entre los que se hallaba el propio Gerry Adams), dos gaiteros precedieron el trayecto hasta el cementerio de Milltown.

Casi todas las tiendas, oficinas, fábricas y escuelas de los barrios católicos de Belfast y muchas ciudades norirlandesas cerraron sus puertas en señal de luto. Gerard, el hijo de ocho años de Bobby Sands, arrojó un puñado de tierra sobre el ataúd e inmediatamente después se lanzaron numerosas coronas, mientras la guardia de honor del IRA Provisional hizo sonar sus trompetas, absteniéndose de disparar las salvas habituales.

Hunger recrea las huelgas de hambre lideradas por Bobby Sands desde cuatro perspectivas: la de la de un funcionario de prisiones, la de un joven preso del IRA, la del propio Bobby Sands y la de un sacerdote católico. La película se divide en tres actos. En el primero, observamos a un hombre que desayuna en su hogar y cuida sus manos, llenas de cicatrices. No parece que esas heridas constituyan algo excepcional, sino un aspecto más de su rutina.

Cuando inspecciona los bajos de su vehículo y hace girar la llave, comenzamos a saber que su día a día está saturado de tensión. Desde una ventana, su mujer contempla la escena y suspira aliviada al escuchar el sonido del motor en vez de una explosión. Minutos después, descubrimos que el hombre es un funcionario de la prisión de Maze. Es un carcelero, pero también un objetivo militar. Su vida pende de un hilo y su trabajo solo le proporciona frustración, impotencia y angustia.

En el segundo acto, vemos cómo un joven activista del IRA ingresa en la prisión y sufre la violencia de los funcionarios cuando se niega a utilizar el uniforme de los presos comunes. Tras los golpes y las vejaciones, es arrojado a una celda con las paredes y el suelo embadurnados de heces. En su interior, hay otro preso que cubre su cuerpo famélico con una manta vieja y sucia. Sin afeitar y con el pelo largo, parece un náufrago que ha perdido la esperanza de ser rescatado.

Deshumanizados, los presos soportan palizas, humillaciones y no hallan otra forma de preservar su dignidad que poner su vida en peligro, desobedeciendo las normas. Los funcionarios también sufren, pues saben que cualquier día pueden volar por los aires o recibir un tiro en la nuca. Un joven antidisturbios se echa a llorar tras presenciar cómo un compañero golpea con saña a un preso que se resiste a cumplir las reglas.

Aunque los presos están incomunicados, de vez en cuando escuchamos la voz de Margaret Thatcher en la radio. Sus palabras, frías e insensibles, solo incitan a la crispación y la venganza. Su timbre es tan estremecedor como el filo de un cuchillo.

Magistralmente interpretado por Michael Fassbender, Bobby Sands ostenta el liderazgo de las protestas. Duro, tenaz e inteligente, tras comprobar que los gestos de resistencia no producen frutos, convence a sus camaradas de emprender una nueva huelga del hambre y esta vez llegar hasta el final. Durante una entrevista con el padre Dominic Moran (Liam Cunningham), explica los motivos de su trágica iniciativa.

El gobierno inglés solo entiende el lenguaje de la fuerza. No es posible negociar con él. Acongojado, el sacerdote católico intenta disuadirlo, explicándole que sería más útil vivo, trabajando para su comunidad y le advierte que sus compañeros y sus familias sufrirán terriblemente con la huelga de hambre. Sands lo escucha con respeto, pero se mantiene firme en su decisión, asegurando que las muertes por inanición servirán para que surja una nueva generación de hombres y mujeres con más coraje y determinación.

El padre Dominic le acusa de buscar el martirio para ser recordado como un héroe y le suplica que explore la vía del diálogo. Sands, corredor de maratón en su adolescencia, le replica que es imposible dialogar con Margaret Thatcher y que solo hay un camino: no desfallecer, luchar hasta el final, llegar a la meta a cualquier precio, aunque implique desplomarse y morir tras cruzar la línea.

'Hunger' es cine sin concesiones, cine que no persigue agradar o entretener, sino incomodar y perturbar

La conversación entre Sands y el padre Dominic es el momento más intenso de una película con escasez de diálogos. Aunque ambos anhelan la unificación de Irlanda, cada uno propugna una vía diferente para poner fin al vasallaje colonial. Después de la confrontación dialéctica, la película se vuelve silenciosa, dolorosamente silenciosa.

El tercer y último acto muestra el deterioro progresivo de Sands. Extremadamente delgado, Fassbender transmite el dolor físico y psíquico de un hombre que elige morir por sus convicciones. Con la mirada afiebrada y el cuerpo lleno de llagas, Sands agoniza con su madre al lado, que le acaricia la frente. La muerte acontece con lirismo, pero también con crudeza. Sands recuerda sus carreras por el bosque.

Siempre que finalizaba un recorrido miraba hacia atrás, como si buscara el punto de partida. Aunque no podía verlo, sabía que había avanzado por una penumbra llena de obstáculos y eso lo enorgullecía. Después de ese recuerdo, la mente de Sands se paraliza bruscamente. Su rostro, inerte y sin vida, ya solo es una máscara con los ojos congelados y una mueca de espanto. Casi al instante, una sábana cubre su cuerpo y unos policías sacan el cadáver en una camilla. El silencio es atronador.

Hunger es una película tan descarnada y honesta como La batalla de Argel. Cine sin concesiones, cine que no persigue agradar o entretener, sino incomodar y perturbar. Cine, en definitiva, incómodo y que nos obliga a plantearnos dilemas para los que no hay una respuesta sencilla. En la historia de la humanidad, el bien y el mal no son territorios claramente definidos, sino espacios con unos límites difusos.