Fotograma de 'Ride or die'

Fotograma de 'Ride or die' Dusan Martincek para Prime Video

En plan serie

‘Cómplices hasta el final’: aparta Tom Cruise, llega Hannah Waddingham

La nueva serie de Prime Video destaca por el papel de la actriz inglesa como nueva heroína de acción en la línea de John Wick o Ethan Hunt.

La serie ha sido la más vista en la plataforma a nivel mundial en la semana de su estreno.

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Tom Cruise rodó el último episodio de su Misión Imposible con 63 años. Cuando había cumplido los 56, Liam Neeson protagonizó Venganza (Pierre Morel, 2008), iniciando así una carrera como héroe de acción que incluye un buen puñado de títulos y que se prolonga hasta la actualidad: en octubre, con 74 palos, estrenará The Moongose (Mark Vanselow, 2026) y The Fix (Guy Moshe, 2026). En 2015, y ya en edad de prejubilación (55 castañas), Sean Penn se puso como un miura anabolizado para encabezar el reparto de la infumable Caza al asesino (Pierre Morel, 2015).

He aquí un trío de reputadísimos actores que decidió combatir la crisis de la mediana edad – es un decir- demostrándole al público que, aunque estén tramitando la inscripción en el IMSERSO (o en el caso de Neeson disfrutando de pleno derecho de su programa de viajes), todavía pueden repartir estopa. Porque Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999), La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) o Mystic River (Clint Eastwood, 2004) dan prestigio, pero da mucho más dinero convertirse en el heredero de Chuck Norris.

Pero, ¿Qué sucede cuando una mujer que ha superado la barrera del medio siglo, con una prestigiosa trayectoria teatral detrás y convertida en un icono gracias a Ted Lasso (Bill Lawrence, Jason Sudeikis, Brendan Hunt & Joe Kelly, 2020-?), se pone a repartir mamporros y a eliminar enemigos como si jugase a una versión macabra del ‘Quién es quién’? Hablamos, obviamente, de Hannah Waddingham.

A excepción de Charlize Theron, que acaba de cumplir los 50 y lleva años liderando actioners de todo pelaje de manera regular (Atómica, La vieja guardia, Fast & Furious 8), no es habitual que las mujeres acaparen el protagonismo de filmes sustentados en peleas, tiroteos y persecuciones – hay más casos (Maggie Q, Milla Jovovich, Olga Kurylenko, Halle Berry) pero o sus apariciones dentro del género son puntuales, o todavía no entran en ese rango de edad.

Pues bien, Cómplices hasta el final (Tessa Coates, 2026), un divertido entretenimiento que mezcla un montón de referencias de las que daremos cuenta más adelante, nos presenta a Judith Burton (Hannah Waddingham) una asesina a sueldo que trabaja para una organización secreta. Entre homicidio y homicidio, Judith mantiene una relación de profunda amistad con Debbie Claybourne (Octavia Spencer), abnegada e inteligente esposa de un parlamentario bastante inútil, que desconoce la verdadera profesión de su amiga.

Judith recibe el encargo de eliminar a un objetivo. La ejecución tendrá lugar en una fiesta a la que también asiste Debbie. La misión no saldrá según lo convenido, y las dos se verán obligadas a huir de: a) la mafia albanesa, que los persigue porque el marido de Debbie ha contraído una cuantiosa deuda con ellos; b) la asociación de fabricantes de cadáveres para la que trabaja Judith, que no está contenta con su trabajo y quiere entregarle el finiquito; c) una sicaria que busca venganza y d) la Interpol. Casi nada.

Las dos inician un rocambolesco viaje por Europa (España, Montecarlo, el Bósforo, Ginebra) en el que Debbie irá conociendo la verdadera identidad de la que creía que era su compañera mientras tratan de mantener sus culos a salvo. Para alcanzar los ocho episodios de duración no faltarán las consabidas subtramas, como la protagonizada por Sam (Calam Lynch), supervisor yogurín de Judith, y Queenie (Savannah Stein), hija de la proveedora de cualquiera que esté dispuesto a pagar un buen dinero por un pasaporte falso, una Glock o un par de cómodos mocasines.

Fotograma de 'Ride or die'.

Fotograma de 'Ride or die'. Julie Vrabelova para Prime Video

Resulta interesante cómo Tessa Coates, showrunner de esta producción para Prime Video estrenada el pasado 15 de julio, sitúa al personaje de Hannah Waddingham en una tesitura muy distinta a la de sus homónimos masculinos (Cruise, Nisson, Penn y otros). A sus 50 años – aunque ella niegue haberlos cumplido – sus superiores la invitan a que se retire. Que si se ha tomado demasiadas libertades en los últimos encargos. Que si ya está mayor para esos trotes. Que si ya no rinde como antes. Pretextos que nadie le pondría a, pongamos por caso, John Wick (Keanu Reeves).

Sin abandonar la senda del entretenimiento, Coates y un equipo creativo casi exclusivamente femenino, protestan de manera efusiva frente a esa discriminación, poniendo a una esplendorosa Hannah Waddingham no solo a realizar una exhibición física a la altura de las de sus colegas, sino a encarnar a un personaje que se conduce con total independencia en lo relativo a las relaciones con señores (sexo incluido), que desatiende a una autoridad que adopta la forma de un padre taimado y manipulador (un Bill Nighy tan elegante como siempre) y que entiende la amistad (entre mujeres) como el único código válido por el que debe conducirse - no falta el homenaje a Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991).

Fotograma de 'Ride or die'

Fotograma de 'Ride or die' Prime Video

Hablábamos de referencias. Cómplices hasta la muerte bebe de las buddy movies interraciales modelo Límite: 48 horas (Walter Hill, 1982), con uno de los dos miembros de la improvisada pareja metido en un contexto totalmente ajeno a su realidad. La química entre Waddingham y Spencer funciona a la perfección, la asesina como una versión violenta de Henry Higgins que debe ayudar a su amiga a emprender un proceso de emancipación que la llevará a un despertar múltiple (afectivo, sexual, etcétera).

Otra referencia ineludible sería Atómica (David Leitch, 2017), no solo por la idea de observar a una mujer eliminando objetivos, sino por el modo en el que se conciben las escenas de acción, siempre en la línea del trabajo desarrollado por el propio Leitch y Chad Stahelski.

Pero el catálogo es mucho más amplio. La idea de organización secreta que retuerce los destinos del mundo a su voluntad se sitúa detrás de algunas películas de Guy Ritchie (The Gentlemen) o Matthew Vaughn (Kingsman), también de la ya citada John Wick. Y también deberíamos mencionar Killing Eve (Phoebe Waller-Bridge, 2018-2022), patrón que sirve para dibujar la relación entre Judith y su antigua compañera de aventuras – ahora enemiga acérrima – Ana/Redback (Sylvia Hoeks).

Como si James Bond o Ethan Hunt se hubiesen sacado el pase del Interrail, la serie se pasea por un mosaico de escenarios y de tiempos (casi cada capítulo se abre con un prólogo que remite al pasado) en una claro guiño a ambas sagas. Todo ello sin tomarse nada demasiado en serio y sin ánimo de salvar el mundo: bastante tienen Judith y Debbie con mantener sus cabezas sobre los hombros.

Ride or Die – el título original es mucho mejor que la traducción– se beneficia de la elección de Peyton Reed como director de los dos primeros episodios. El responsable de Abajo el amor (2003), una película donde demostraba tener buen pulso para revitalizar un modelo de comedia romántica en desuso al estilo de las protagonizadas por Rock Hudson y Doris Day, también se maneja con soltura en la action comedy. Firma con criterio secuencias enérgicas - ese arranque inequívocamente bondiano rodado en los Alpes austríacos -, imprime el ritmo adecuado para que la mezcla de géneros no chirríe (el uso de la voz en off es impecable) y los diálogos se entrecruzan a la velocidad de un tiroteo.

Fotograma de 'Ride or die'

Fotograma de 'Ride or die' Dusan Martincek para Prime Video

Es cierto que a partir del tercer episodio todo empieza a tornarse demasiado monótono y previsible (le hubiera venido bien un lifting en el metraje) y los guiones dejan de estar tan afinados como al inicio.

Pongamos un par de ejemplos. En el segundo episodio, Debbie mantiene una reunión que no acaba bien con el capo de la mafia albanesa para tratar de saldar la deuda contraída por su todavía esposo. Judith, que la vigila, acude al rescate. Los albaneses se llevan a Debbie en un coche. Judith debe perseguirlos, pero va a pie. Como hemos visto en tantas y tantas películas de acción, rápidamente encontrará una moto, con las llaves puestas, a su disposición.

Esa licencia, que de acuerdo con las claves del género podría no ser tenida en cuenta por los espectadores, queda rápidamente justificada, pues veremos cómo un rider que acababa de hacer una entrega sale por la puerta situada justo al lado de la motocicleta: hay un intento, aunque sea tímido, por dotar de consistencia a determinadas decisiones (otra cosa es que un repartidor conduzca un cacharro de esa cilindrada).

Esos detalles dejan de tener importancia a medida que la serie avanza. Por ejemplo, en el episodio cuarto, rodado en una España de parque temático, Judith y Debbie toman un café mientras tratan de averiguar qué pasa con el marido desaparecido de esta última. Debbie llega a la conclusión de que necesitan dinero y, tachán, delante de ellas aparece una tienda de empeños en la que ella cambiará su anillo de matrimonio por euros contantes y sonantes.

Cuando uno se topa con estas soluciones de guion perezosas, ya sabe que la coherencia ha dado paso al vértigo y que todo se sacrificará en aras de Patricia Manterola (o sea: que el ritmo no pare).

Así pues, lo más interesante de Cómplices hasta el final lo encontramos en su planteamiento. Después del éxito (la más vista en Prime Video a nivel mundial en la semana de su estreno), a ver quien se atreve ahora a retirar a Hannah Waddingham y a Octavia Spencer. La serie continuará, seguro.

Cómplices hasta el final

Creador: Tessa Coates

Intérpretes: Hannah Waddingham, Octavia Spencer, Bill Nighy

Productora: Amazon MGM Studios, Double Dream, Orit Entertainment, Paramount Television, Skydance Television, Stillking Films

País: Estados Unidos

Año: 2026

Plataforma: Prime Video

Fecha de estreno: 15 de julio