Gonzalo Celorio. Foto: Tusquets.

Gonzalo Celorio. Foto: Tusquets.

A la intemperie

Gonzalo Celorio, un escritor de los de antes

El autor mexicano, Premio Cervantes 2025, añade en sus libros vida, una caballerosidad y un aplomo sorprendentes en tiempos de dudas tan lujuriosas y fáciles.

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En las literaturas de lengua española hubo hace un tiempo escritores de gran envergadura intelectual, que seguían la estela de las lumbreras confirmadas del siglo XIX y primera mitad del siglo XX. Pero, como sabía bien el poeta peruano Carlos Germán Belli, que se fue a la tumba sin el merecido Premio Cervantes, “en todas las clases sociales / el deterioro ejerce su dominio”.

También en el mundo de las letras el deterioro durante estos 25 años que llevamos del nuevo siglo ejerce su oficio y avanza cultivando, desde las primeras cosechas, la estupidez, la vulgaridad y el mal gusto. Sin embargo, una secta sagrada de escritores con memoria, cuya fidelidad a ciertos estilos eternos los hace hoy diferentes, siguen ahí, en el medio del albero, luchando contra las técnicas de la mediocridad ambientales con las mismas armas que Flaubert, Galdós, Joyce o Eugenio Montale.

El mexicano Gonzalo Celorio es uno de ellos. En su travesía intelectual hay una escalera que el novelista ha ido subiendo para vencer, una a una, las alcabalas, las fronteras, los obstáculos, los filtros y las trampas que han querido impedirle en muchas ocasiones que ese viaje llegue a buen puerto. El estudio, el esfuerzo y el trabajo constantes han hecho de Celorio una de las primeras figuras de la literatura mexicana, primero, y de las literaturas de lengua española, después, por encima, muy por encima, de los cánones casi siempre embusteros que los medios de información inventan para cultivar su poder.

Y esto, especialmente en México, donde toda guerra intelectual tiene su lugar y su tiempo, es difícil de salvar, porque también allí, como aquí, en las brillantes tenidas dialécticas de los diferentes barrios intelectuales muchos pelos se dejan en la gatera incluso los más resistentes y preparados para tantos combates.

Celorio no ha necesitado para ser quien es fusilar muertos, clausurar vivos y dejar heridos en el arcén para que den testimonio de la resistencia del escritor a quienes pasen por allí. Es el séptimo escritor mexicano, creo recordar, al que se ha otorgado —con razón intelectual y literaria— el Premio Cervantes, que no siempre, digámoslo todo, ha demostrado la dignidad que en la convocatoria ha quedado, sin embargo, muy bien consolidada.

La biografía de Celorio describe y dibuja una línea recta hacia arriba y un instinto intelectual indudable para estar en el lugar exacto y en el momento preciso, sin nervios ni grandes desaciertos, con pausas necesarias y con fuerzas suficientes. Ahí está su bibliografía al día de hoy, que es, al fin y al cabo, lo que ordena y manda dentro de la ciudad literaria universal. Lo conozco personalmente desde el año 78 del siglo pasado, cuando éramos indolentes, torpes e innecesarios.

Nos vimos por primera vez en el escenario central de la Feria del Libro del Palacio de Minería, en el centro histórico de la Ciudad de México, y tomamos nuestros primeros tragos de tequila hablando de literatura en el templo literario que siempre ha representado el Bar Ópera.

Desde entonces, lo he seguido viendo, nos hemos hecho amigos de fondo, a largo plazo, hemos viajado juntos a muchas partes del universo donde se celebraba la jarana del libro y la literatura, desde el mismo México y más arriba, en Los Ángeles o San Francisco, hasta Panamá, Lima, Barcelona, Madrid, Bogotá y otras muchas capitales de las que ahora, en esta madrugada de Madrid mientras escribo, me olvido. Es igual, ya volveré a acordarme. Pero de todas las cosas, las que más he aprendido de Gonzalo Celorio está en sus libros, en sus novelas mestizas, en su visión del mundo, en la percepción exacta de las emociones que conforman sus personajes y sus historias.

A esta probada capacidad de escritor completo, Celorio añade en sus libros vida, una caballerosidad y un aplomo sorprendentes en tiempos de dudas tan lujuriosas y fáciles. Su señorío al ser y al estar en el lugar exacto y en el momento preciso sigue intacto y creciente con los años de madurez, sin ningún descenso ni decadencia a la vista. Sus dos últimos libros de memorias publicados nos cuentan la verdad de los altos valores que hay en esta personalidad intelectual.

Carlos Fuentes, uno de los suyos, rescata del maestro Alfonso Reyes una afirmación que no muchos quieren escuchar: “Si la literatura mexicana ha de pasar a la historia, pasará porque es literatura aunque sea mexicana”.

No hace falta leer entre líneas. En el caso del mexicano Celorio estoy completamente seguro de que su literatura y su nombre pasarán a la historia por su propia literatura y no porque sea mexicana. Otro día hablaremos de sus ideas lúcidas sobre España y México, esas que las élites políticas se empeñan en emborronar cada cierto tiempo por resentimiento infantil o por rabia camina.