Los escritores Samanta Schweblin, David Toscana y Benjamín Labatut.

Los escritores Samanta Schweblin, David Toscana y Benjamín Labatut.

A la intemperie

El Día del Libro de Barcelona: novelas para leer

Hay alguna autoridad literaria que anuncia la muerte de la narrativa, pero nada más lejos de la realidad. He aquí algunos títulos actuales que valen la pena.

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Mis preferencias literarias descansan en el siglo XX, lo que quiere decir que sólo leo en este siglo desastroso las novelas que, aunque han sido publicadas recientemente y son todavía novedades, se parecen o son iguales a las que se escribían en el siglo XX. De vez en cuando las ínfulas de alguna autoridad literaria, premiada y aplaudida, promulga la muerte de este género literario tan necesario para soñar y vivir otras vidas y aventuras. No hay que hacerle caso a ese agorero, que habla casi siempre desde una penosa simpatía pidiendo perdón por ser novelista.

Sigo pensando que hay novelas recientes en los escaparates de los mercados que literaria e intelectualmente valen la pena. Con esto quiero decir además que admiro a esos novelistas que todavía, fieles a ciertas estéticas ya no tan tradicionales, buscan la trama en el texto, que aún se interesan por dibujar el atrezzo de una manera verosímil, que siguen tozudos creando de la nada personajes que se transforman en símbolos totémicos que cobran vida en la palabra, dejan huella en el aire y pueden durar décadas y convertirse, y ese es el milagro, en la conversación de la gente.

Es decir, hay novelistas de vicio u oficio que consiguen que sigamos creyendo en quela novela está viva y que difícilmente morirá. Por eso, a las puertas del Día del Libro de Barcelona, me atrevo y comprometo a citar algunos autores que me resultan imprescindibles de leer en estos tiempos tan recios y convulsos.

Empezaré por Samanta Schweblin y con sus relatos titulados El buen mal. La novelista argentina no es nueva en estas lides tan complejas, y tiene probado un prestigio intelectual y honrado, pero ahora es noticia por este título publicado por Seix Barral que ha ganado un premio millonario, el AENA, sobre el que todos los falsos y cínicos sacerdotes de la pureza editorial se han lanzado como lo que son realmente, lobos insaciables y devotos de sí mismos.

Sigo por recomendar tres títulos de un novelista que a mí me parece excepcional: el peruano Gustavo Faverón. Deslumbró con Vivir abajo, dio un paso más adelante en su osadía narrativa con Minimosca y acaba de publicarse su Madame Vargas Llosa, una novela en la que el protagonismo central es un sarcasmo paradójicamente ácido, sentimental y hasta cariñoso.

Las dos primeras novelas de Faverón, citadas arriba, fueron finalistas del premio Bienal Vargas Llosa y no descubro nada afirmando que cualquiera de las dos devienen en universos narrativos descomunales que no hubieran desentonado si les hubieran concedido el galardón citado. Tengo para mí que Faverón va a darnos muchas agradables sorpresas en el futuro porque es un novelista que no tiene techo, con una capacidad narrativa deslumbrante para fundar laberintos y rompecabezas que hacen pensar al lector avisado que, en efecto, ha encontrado un tesoro.

Quiero decir que lo mismo pasa con el novelista mexicano David Toscana, un novelista culto, como Faverón, que llena su inteligente prosa de referencias literarias, geográficas e históricas hasta conseguir, incluso desde la distopía de ciertos relatos, un mundo compacto, completo y verosímil.

Su bibliografía es numerosa y ascendente, pero mis recomendaciones van hoy por El peso de vivir en la tierra, premio Bienal Vargas Llosa, y El Ejército ciego, reciente premio Alfaguara, una hermosa y fabulosa novela, palpable demostración del talento confirmado y ascendente del novelista mexicano.

Hay una escritora mexicana que no puedo dejar de nombrar: Mónica Lavín, que batió el récord de altura de la novela con Yo, la peor, una obra extraordinaria sobre la personalidad de la gran poeta Sor Juana Inés de la Cruz. Mi recomendación de hoy es El lado salvaje, publicada en 2024 por Tusquets Editores, cuya fundadora, la inteligentísima y cultísima Beatriz de Moura, acaba de fallecer tan sólo hace un par de días. En paz descanse.

El último de mis recomendados en el día de hoy es chileno, espléndido y raro escritor, que parece que escribe sobre ciencia —y lo hace— para convertirla en novela que no termina de serlo. Se llama Benjamin Labatut, y es el único de los recomendados al que no conozco personalmente. O sí, porque lo he leído maravillado por el estilo único que se ha ganado a pulso en las literaturas españolas: Un verdor terrible, Maniac y La Antártica empieza aquí son novelas insoslayables que lo catapultan como uno de los más inteligentes y mundanos novelistas de nuestra lengua, además de contar con la exquisita finura de su prosa y la constancia en los enigmas que nos va descubriendo desde la ciencia.

No creo haberme pasado con esos títulos. Cualquiera de ellos sería un regalo para los lectores de verdad, para los lectores avisados que distinguen desde las primeras páginas lo que es una novela literariamente valiosa y la que no lo es. Que Dios reparta suerte al elegir la mejor.