José Donoso. Foto: Elisa Cabot. CC BY-SA 2.0

José Donoso. Foto: Elisa Cabot. CC BY-SA 2.0

A la intemperie

José Donoso, el impenitente dubitativo que nunca ganó el Cervantes y no formó parte del 'boom'

Gran escritor, autor de 'El obsceno pájaro de la noche', el chileno dudó siempre de sí mismo y de su valía.

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Algunos grandes escritores se han pasado toda su vida dudando de serlo. Ni siquiera los aplausos, los parabienes de los miles de lectores, los reconocimientos, los doctorados académicos sobre sus obras y todo lo demás los sacaron de su recalcitrante melancolía al dudar de sí mismos.

Claro que para ser un gran escritor hay que escribir por lo menos un gran libro, un gran libro de poemas, un ensayo magistral, una gran novela. Claro que la duda es un elemento fundamental que acompaña desde la primera hora al talento y a la inteligencia, pero muchas veces esa misma inteligencia superior o ese gran talento para escribir hacen dudar al individuo de sus propios valores.

Conocí bien a uno de esos grandes novelistas que se dejaron ganar hasta el final por la duda sobre sus propios valores o propio talento literario. Era un tipo excesivamente tímido, pero -en el fondo- escondía un gran vanidoso. Su carácter me pareció siempre apacible, aunque siempre sospeché que en el interior de su alma se desarrollaba una batalla terrible e interminable: la duda sobre sí mismo.

Se llamaba José Donoso (Santiago de Chile, 1924-1996) y así se llamará ya para la eternidad. A veces resultaba, al menos en apariencia y en algunas de sus novelas, un tanto frívolo y él lo sabía, y creo que cultivaba esa pátina de frivolidad como si fuera para él una de las Bellas Artes.

Sé que esa duda sobre su propio talento de escritor lo hizo sufrir mucho, tanto que, en los últimos años de su vida, antes del apagón definitivo, se envolvió en una manta de enfermedades reales. Él, Donoso, el gran novelista, que durante toda su vida fue además un maniático que se agarraba como un clavo ardiendo al cultivo de las enfermedades imaginarias que lo acuciaban como fantasmas vivos dentro de sí mismo.

Y, sin embargo, para todo el mundo lector y para el mundo intelectual que tácitamente o expresamente reconoce a los grandes novelistas de su lengua, Donoso era un gran novelista.

¿Su verdadero respaldo? Tres grandes novelas que escribió a lo largo de su vida: El lugar sin límites, Casa de campo y, sobre todo El obsceno pájaro de la noche, una grandísima novela que podrá leerse siempre con una actualidad vívida y clamorosa.

Con el original manuscrito (en fin, a máquina) de El obsceno pájaro de la noche ocurrió un desagradable episodio que acompañaría la memoria de Donoso hasta llegar a atormentarlo. Fue en el momento en que Carlos Barral tuvo que abandonar, por desavenencias irresolubles con los Seix, tras la muerte de Víctor Seix, el socio de su alma editora hasta ese instante del fatal accidente que lo mató.

En ese mismo momento había dos originales extraordinarios en Seix Barral a punto de ser publicados por la editorial: El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, y Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique. Barral quiso llevarse los dos títulos para publicarlos en su nueva editorial, Barral Editores, pero ni Juan Seix ni Carmen Balcells, la agente literaria de ambos autores, se lo permitieron.

Le dieron a elegir uno de los dos originales, el otro se quedaría en Seix Barral. Barral escogió Un mundo para Julius, porque vio en ese texto una novela fresca y profunda de un escritor nuevo, un peruano que parecía venir a comerse el mundo de la novela de lengua española después del “boom”.

A Donoso le dolió hasta el final de su vida lo que entendió como un gran desprecio intelectual de Barral por su gran novela. El éxito inmediato de El obsceno pájaro de la noche no le bastó, de modo que nunca se recuperó aquella vieja amistad que había sostenido con Carlos Barral, aunque ambos mantuvieron una mutua y amable formalidad hasta el final de sus días.

Otro de los grandes dolores intelectuales de Donoso fue no entrar nunca oficialmente como uno de los grandes novelistas del boom. Y el tercer gran dolor fue no ganar nunca el Premio Cervantes. ¿Añadieron cal a su duda maniática estos dos episodios?

Del asunto del boom trató de desquitarse escribiendo él mismo Historia personal del boom, un libro que más parecía pertenecer a la tradición del mundo literario anglosajón o francés que al de la lengua española, pero incluso así quedó fuera del recuento oficial e institucional del “boom”, compuesto por solo cuatro novelistas excepcionales: Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.

En cuanto al Premio Cervantes, Donoso es uno de los grandes novelistas maltratados en su tiempo por los jurados de este galardón máximo. Él siempre creyó que un año u otro lo ganaría. Existe la leyenda maligna según la cual hubo un año que creyó totalmente que lo obtendría y compró una vajilla nueva y amorosa para celebrarlo. Una maldad de la gente que tuvo éxito durante un tiempo.

Poco después de ese año, Donoso enfermó de verdad y, tiempo después, murió. Pero aquí quedaron los grandes títulos de este gran novelista que toda su vida dudó de ser lo que realmente fue: un gran escritor.