Image: Pello Irazu, híbridos extraordinarios
Sin título, 2013
La nueva sala, de dimensiones menores, tiene ciertas reminiscencias del extraordinario espacio de la calle Larrabide de Pamplona, como la altitud de los techos y cierto juego en el recorrido de apariciones y descubrimiento de "lugares", que Irazu ha aprovechado lúcidamente.
Vista de la exposición
Hay en el quehacer de Pello Irazu, profundamente cimentado, una noción subyacente que desde siempre me ha fascinado: la importancia de la percepción que tenemos de las cosas. Justo ese juego, la diferencia entre la percepción de la realidad y lo real posible, lo vemos en la impresionante pieza colgante, Sin título, 2013, pensada específicamente para el hueco de la escalera de la galería, que nos confunde en una paradójica sensación: la de que podría desplomarse a la vez que parece "subir" ante nuestros ojos. También en los grandes papeles de la serie Summer Rain que cuelgan en la primera sala.
Pero quizás sea en Nowhere Land, 2012, donde mejor se muestren todas esas alteraciones de la percepción que hacen que nos cuestionemos el sentido de la realidad. Aquí, la extrañeza y conjunción de los materiales, la réplica de la imagen en el espejo y lo que el espejo deja ver de lo no visible, construyendo con ello una sólida imagen única, contribuye a la construcción de un objeto, (un híbrido diría el artista) tan anómalamente bello como poco convencional como escultura.