Vista cenital del nuevo atrio del museo de Bellas Artes de Bilbao.

Vista cenital del nuevo atrio del museo de Bellas Artes de Bilbao. Nigel Young

Arte

La asombrosa reinvención del Bellas Artes de Bilbao bajo la varita mágica de Norman Foster

Estrena edificio y una nueva imagen en más de 5.000 metros cuadrados que celebran el arte y el coleccionismo.

Más información: Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano, arquitectos: "El nuevo Museo Sorolla retrata la memoria del lugar"

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Los museos para desbordar su inercia necesitan de transformaciones que acontecen al compás de las mutaciones del arte, la cultura y la sociedad en su contexto social e histórico.

Lo sabe el Museo de Bellas Artes de Bilbao –que estrena una nueva denominación: Bilbao Museoa–, cuya singular trayectoria está jalonada de convergencias de museos como el de Bellas Artes (1908), el de Arte Moderno (1924) y el de Reproducciones artísticas (1927); así como de donaciones y legados privados que enriquecieron sus fondos.

Ahora, un nuevo hito da paso a una reinvención decisiva. Todo ello de la mano del nuevo edificio Agravitas, proyectado por Norman Foster en colaboración con Luis María Uriarte, que sobrevuela el conjunto de los edificios construidos a lo largo de su historia con relevantes intervenciones en 1945, 1970 y 2000.

Ya en su arquitectura reflejaba tipologías y tensiones modernas que ahora se acentúan con la audaz propuesta de esos arquitectos. Ahora mejora en sus interacciones con los espacios urbanos y plazas que lo rodean, y desde las nuevas terrazas de Agravitas los públicos que visitan el museo tienen una nueva experiencia estética de la ciudad.

El resultado es asombroso y el museo multiplica sus capacidades y acciones para un mejor despliegue de sus misiones. Más de cinco mil metros cuadrados han ganado para sus funciones museísticas, de los cuales 2.300 se destinan a espacios expositivos.

Vista del exterior.

Vista del exterior. Nigel Young

Llama la atención una sala diáfana de más de mil metros cuadrados con acceso a terrazas donde también se muestran esculturas. Incorpora un espacio nuevo dedicado a la arquitectura y el diseño.

El Atrio Arriaga, con una luz de 55 metros, conecta los diversos edificios y deviene en una plaza cubierta que integra la fuente homenaje a Arriaga, creada por Francisco Durrio, y que permaneció en un espacio lateral exterior.

Ese monumento, en su nueva presentación, pierde una lámina de agua que tenía en su base y con ello parte de su encanto original. Lo que gana es en su proyección hacia arriba pues el gesto de la estatua dirige nuestra mirada a un gran óculo que atraviesa las plantas del nuevo edificio.

En los espacios de acceso al museo piezas de Cristina Iglesias y Eduardo Chillida se complementan con las del atrio, donde sobresale la monumental escultura de Chillida, Lugar de Encuentro IV, 1973, entre un conjunto de esculturas de Richard Serra, Anselm Kiefer, Susana Solano, Pablo Palazuelo, Txomin Badiola, Pello Irazu. Echo en falta aquí la presencia de una gran escultura de Oteiza.

Vista de una de las salas de la Colección.

Vista de una de las salas de la Colección. Bilbao Museoa

La colección se reordena y, bajo el título Bildu(e)mak, muestra, en el edificio antiguo, un millar de obras que corresponden a épocas, movimientos y poéticas diferentes: desde la antigüedad hasta la modernidad y la contemporaneidad.

Dado que destaca por ser un museo de colecciones, como recordó su director Miguel Zugaza, lo cual lo singulariza en el contexto museístico vasco y español, en la puesta en escena de su colección se revela la impronta de las donaciones y legados, entre las que cabe destacar las de Ordóñez-Falcón, Begoña María Azkue, Oscar Alzaga, Bergé y Cia, y depósitos tan relevantes como los de la colección Arango.

Destaca por ser un museo de colecciones, lo cual lo singulariza en el contexto museístico vasco y español

En las salas de los edificios creados en 1945 y 1970 discurren 43 ordenamientos temporales y temáticos como los dedicados a los orígenes del arte clásico, la herencia italiana, el renacimiento de norte europeo, el arte realizado en Amberes en el s. XVI, el Greco, el contexto sevillano de Murillo y Zurbarán, el género de retrato, con obras destacadas de Sorolla y Zuloaga, una importante sala dedica al pintor eibarrés, y otros desarrollos del arte moderno y contemporáneo.

En algunas salas se incorporan obras de mujeres artistas contemporáneas que activan nuevas conexiones con la colección.

Vista de la exposición.

Vista de la exposición. Bilbao Museoa

En el nuevo edificio, con una gran sala programada con el patrocinio de BBK, se muestran las derivas más contemporáneas con artistas como Sergio Prego, Itziar Okariz, Jon Mikel Euba, Gema Insausti, Ana Laura Aláez, June Crespo e Ibon Aranberri, que suscitan el aroma emergente de Arteleku en la década de los noventa.

Otro espacio inédito es el dedicado a Jorge Oteiza: el museo cuenta con una valiosa colección de piezas, pero el montaje de las mismas en su Observatorio resulta poco afortunado.

Sala BBK.

Sala BBK. Nigel Young

Destaca la muestra La búsqueda del comienzo. Homenaje a Plácido Arango, que será renovada con nuevos depósitos cada cuatro años.

Una selección de la extraordinaria colección de Arango (1931-2020) se acompaña de obras de otros museos como el Museo del Prado, el Metropolitan Museum de Nueva York, el San Diego Museum of Art y el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Instituciones con las que colaboró y que apoyó mediante su labor benefactora. Bilbao Museoa también ha recibido donaciones de la familia Arango, como Picador gitano, 1903, de Zuloaga, o Bilbao, 1983, de Serra.

La encomiable pasión por el coleccionismo de Arango queda celebrada en este homenaje, que incluye una pieza de Gego, donada por Patricia Phelps de Cisneros. Otras temporales acompañan la programación del nuevo museo: Visiones de Ultramar. Artistas viajeros de la Colección Patricia Phelps de Cisneros (con el ‘epílogo’ de Asier Mendizabal: El orbe según la colección J.L.), o La línea infinita, dedicada a Balerdi.