Emma Sandys: 'Dulces sueños', 1876 (detalle).

Emma Sandys: 'Dulces sueños', 1876 (detalle). University of Dundee Museums

Arte

Un viaje al lejano mundo de las mujeres prerrafaelitas a través de 130 obras

En este grupo de pintores británicos del siglo XIX, ellas ocuparon un lugar destacado.

Fundación Mapfre pone el foco en su papel como artistas.

Más información: Esther Ferrer, la 'performer' imparable: "Nunca he querido ser artista. Nací así"

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Con nuestra mirada actual resulta francamente difícil detectar lo que pudieron tener los pintores prerrafaelistas de innovadores. Si consultas cualquier manual, o la Wikipedia, que ha sustituido a todos los manuales, lo que dice en primer término es que se rebelaron contra la pintura académica por vacua y carente de sinceridad. Ejem. Teniendo en cuenta que sus cuadros están poblados de caballeros en leotardos y damas que parecen la sota de la baraja, no me parece que podamos considerarlos precisamente veraces y cargados de significado.

Prerrafaelismo. Itinerarios femeninos (1850 -1914)

Fundación Mapfre. Madrid. Comisaria: Pamela Gerrish Nunn. Hasta el 10 de enero

La así llamada Hermandad Pre-Rafaelita (PRB, por sus siglas en inglés) se fundó en Londres en 1848. El mismo año y en la misma ciudad, Marx y Engels publicaron el Manifiesto comunista. El capitalismo empezaba a implantarse a toda máquina y mientras los alemanes lo diseccionaron para tratar de derrocarlo, estos pintores fingieron que no estaba pasando ¿Cómo? pintando hacia atrás, pues afirmaban que desde Rafael todo había sido amaneramiento y desconexión de la realidad. Algo de razón tenían.

La pintura académica de mediados del siglo XIX era insoportablemente mentirosa y relamida. Por el camino de la idealización no se podía ir más lejos. Pero había otras soluciones ¿Qué tal un poco de realismo, como el francés Courbet? ¿O qué tal un poco de impresionismo? Es decir, pintar a la gente de su tiempo con el temblor de la velocidad de su tiempo.

Mientras todo eso pasaba en Francia, en Gran Bretaña la Hermandad mantuvo su influencia hasta comienzos del siglo XX. Bien es verdad, y eso lo podemos atisbar en esta exposición, que al rechazar el realismo en beneficio de la estilización, el prerrafaelismo acaba disolviéndose en el art nouveau y el simbolismo. Eso en el mejor de los casos. En el peor, en una pintura kitsch que parece hecha por la IA, si internet funcionara a vapor.

En su presentación en sociedad, mediante una exposición en la Royal Academy en 1850, la Hermandad hizo patente su ideario: una búsqueda de la autenticidad basada en la observación directa de la naturaleza y el estudio del arte del pasado para encontrar modelos que ofrecieran alternativas a las convenciones del arte del presente.

Las mujeres extendieron la estética del movimiento a ámbitos como la ilustración, las artes decorativas o la fotografía

El resultado fue volver la vista al arte medieval, a los primitivos italianos y flamencos como Piero della Francesca o Alberto Durero. Así pues, buscaron el colorido brillante y el detallismo naturalista (esto de modo obsesivo y hasta escalas microscópicas).

Los fundadores de la Hermandad fueron John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt. Con posterioridad ingresaron en ella William Rossetti, Frederic Stephens, Thomas Woolner y Arthur Hughes. En paralelo, se desarrolló una dimensión mercantil de este ideario por cuenta de Edward Burne-Jones y William Morris, que constituyeron una empresa: Arts and Crafts Co.

Por su parte, el influyente crítico John Ruskin les proporcionó respaldo teórico y a veces incluso económico. Más allá de eso, un amplio círculo de pintores y poetas trabajaron bajo premisas semejantes. Pero, como puede comprobarse, las señoras brillan por su ausencia.

Y, sin embargo, entre los prerrafaelitas las mujeres ocupan un lugar destacado. Abundan en sus cuadros las figuras femeninas de arrolladora belleza. Modelos, musas, amantes o todo al mismo tiempo, la vida sentimental de la Hermandad es por momentos tan intrincada que tienes que hacer un esquema.

Anna Blunden: 'La canción de la camisa', 1854.

Anna Blunden: 'La canción de la camisa', 1854. Yale Center for British Art

Pero solo desde hace unas décadas se ha puesto el foco en las mujeres como artistas. Lo primero que se descubrió al hacerlo fue el papel que tuvieron tanto para extender la estética del movimiento a ámbitos como la ilustración, las artes decorativas o la fotografía, como a prolongarlo en el tiempo.

Como su acceso a la enseñanza académica era muy restringido, la estética prerrafaelista, basada en la autenticidad y el esfuerzo individual, más que en la aplicación erudita de la tradición, resultaba especialmente apropiada.

La fidelidad a la realidad prerrafaelista les daba la posibilidad de centrarse en temas accesibles: jardines, paisajes cercanos, interiores domésticos o modelos del entorno familiar. Esto resultaba por otro lado ambivalente, pues reforzaba el prejuicio de la época acerca de las capacidades de la mujer, que la consideraba más capaz de copiar que de inventar.

Por último, fue asimismo fundamental su participación en la expansión de las escuelas de arte, donde como profesoras contribuyeron a renovar las artes decorativas y a consolidar una mayor presencia femenina en el ámbito artístico.

May Morris (diseño y bordado) y Mary Newill (bordado): 'Colgaduras de cama', antes de 1917.

May Morris (diseño y bordado) y Mary Newill (bordado): 'Colgaduras de cama', antes de 1917. © Cranbrook Art Museum / R. H. Hensleigh

La comisaria de la exposición, especialista en la historia femenina del prerrafaelismo, ha seleccionado en esta ocasión una serie de nombres que en su mayoría nos resultarán desconocidos: Elizabeth Siddal, Joanna Boyce, Marie Spartali Stillman, Evelyn De Morgan, Emma Sandys, Kate Greenaway, Fanny Bunn, May Morris o Julia Margaret Cameron. Las excepciones pueden ser la última, una fotógrafa victoriana de renombre. Y la primera, pues además de artista fue la esposa del pintor Dante Gabriel Rossetti y la modelo de un cuadro famoso: Ofelia, de John Everett Millais.

La exposición plantea un ambicioso recorrido a través de cerca de 130 obras de 65 prestadores, entre pintura, acuarela, grabado, fotografía, tejido, cerámica o vidriera. Está organizada a través de nueve ejes temáticos.

En el referido a la vida cotidiana destacan los cuadros "desde la ventana" de Alice Boyd o el dickensiano La canción de la camisa, de Anna Blunden.

En la sección dedicada a la observación de la naturaleza, Rosa Brett muestra su virtuosismo a la hora de dibujar gatos y pollitos.

Alice Boyd: 'Vista desde la ventana de Balcony House', 1864.

Alice Boyd: 'Vista desde la ventana de Balcony House', 1864. Colección particular / Cortesía de Christie’s

Me ha gustado especialmente la dedicada al paisaje, el género por excelencia de la pintura británica. Las ya mencionadas Blunden y Brett, junto con Barbara Bodichon y sus escenarios de la costa mediterránea, son sobresalientes.

Pero la sección más característica es la denominada Lo útil y lo bello. Ahí podemos ver extraordinarios trabajos textiles de May Morris e hiperrealistas interiores de las hermanas Hayllar y de Anna Alma-Tadena. La exposición es todo un viaje a un tiempo, un lugar y una sensibilidad muy ajenos a nuestra cotidianeidad. Ese es el viaje por excelencia del arte.