Irma Álvarez-Laviada en su estudio. Foto: Rafael Briceño Zambrano

Irma Álvarez-Laviada en su estudio. Foto: Rafael Briceño Zambrano

Arte

Irma Álvarez-Laviada: “Por hacer arte abstracto me he sentido excluida de las exposiciones feministas”

Presenta su retrospectiva de media carrera en el Museo Thyssen. Su trabajo minimalista de abstracción geométrica brillará acompañado de piezas de Moholy-Nagy o Degas. La entrevistamos para ver qué se siente compartiendo sala con los grandes.

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Nos encontramos con Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978) en su centro de operaciones: Nave Oporto en Carabanchel, uno de los talleres de artistas más reputados de la capital que comparte con artistas de la talla de Miki Leal, Virginia Frieyro, Sonia Navarro o FOD.

Su espacio de trabajo está prácticamente vacío: toda la obra ya ha sido transportada hasta el museo Thyssen-Bornemisza, lo que aumenta nuestra curiosidad por sus nuevas piezas.

Su sensibilidad depurada y su, en el fondo, intuitivo y cálido acercamiento a la abstracción geométrica se despliegan en materiales industriales como espumas, poliuretanos, lijas y restos de embalaje dándole vida a materiales que en nuestro día a día pasan completamente desapercibidos.

Pregunta.¿Cómo está?

Respuesta. Nerviosa.

Irma Álvarez-Laviada en su estudio. Foto: Rafael Briceño Zambrano

Irma Álvarez-Laviada en su estudio. Foto: Rafael Briceño Zambrano

P. ¿Por qué?

R. Es la primera vez que presento obra de diferentes etapas en un museo como este; nunca lo había hecho antes.

P. ¿Es una retrospectiva?

R. Sí. Rocío de la Villa, la comisaria, ha elegido obra de los últimos diez años.

P. Cuéntenos, ¿qué podremos ver?

R. Se titula Dentro y fuera del marco y presenta piezas que no son pinturas en el sentido tradicional del término. El título hace referencia a que, desde hace tiempo, trabajo con todo lo que rodea la obra de arte: con sus elementos estructurales que hablan de la pintura sin ser pintura; materiales, en apariencia, secundarios.

P. Me parece maravilloso que su obra vaya a dialogar con piezas de la propia colección del museo. ¿Cómo se han seleccionado estas obras? ¿Son referencias directas a su trabajo?

R. Este aspecto ha sido curioso. Me han dejado hacer la elección a mí, una vez que ya estaban seleccionadas mis piezas. Fui varias veces al museo a investigar su colección y elegir aquellos nombres u obras que podían dialogar formalmente con mi trabajo. Hay obras en la sala de exposiciones y otras van a suponer pequeños acentos desperdigados por la colección: tres en concreto.

“Estoy intentando que mi trabajo sea más sostenible, ya que uso materiales muy tóxicos e industriales”

P. Por ejemplo, va a crear una obra partiendo de una pieza de Kurt Schwitters: Merzbild Kijkduin (1923).

R. Me hacía mucha ilusión crear obra nueva para este proyecto. Cuando estaba haciendo estos paseos por la colección, de repente vi un cuadro de Schwitters que no conocía y me planteé una producción nueva. Es una pieza que está entre la pintura y la escultura: habla de una composición geométrica hecha a partir del residuo y tiene un punto un poco lúdico, como si fuera un juguete, que me atrajo muchísimo.

P. ¿Qué otras obras de la colección le acompañarán?

R. Hay un Joseph Albers maravilloso, un Theo van Doesburg, Nikolái Suetin, un Moholy-Nagy, también hay una Anunciación de Bellini que va a dialogar con un pedestal que hice y que ganó el Premio Alhambra. Y un Degas de la colección Carmen Thyssen, El estanque en el bosque, 1867-1868, que dialoga con una pieza de lijas verdes. Ese cuadro puede que sea de mis favoritos: es una visión de un paisaje muy anticipada, un monocromo abstracto. Ha ido rascando y añadiendo pintura; a nivel de proceso tiene mucha enjundia.

P. ¿Qué materiales veremos?

R. Hay cartón, madera y espumas de insonorización. Son materiales –sobre todo estas últimas– que tienen un carácter constructivo y forman parte de la práctica arquitectónica; están pensados para entrecaparse, para asumir capas. Lo que yo pretendo es sacarlos a la luz.

P. ¿Cómo es trabajar con ellos?

R. Como están pensados para permanecer ocultos, no hay ningún cuidado con ellos: vienen dañados de fábrica, y eso me genera cierta ansiedad. Además, fuerzo los materiales, los enmarco y les doy un uso para el que no fueron diseñados; voy contra su naturaleza.

P. Si “todo arte es político”, ¿cuál es la dimensión política de su trabajo?

R. El tema de la industrialización y del uso de materiales sintéticos y su consiguiente contaminación es un jardín. Estoy intentando ser mucho más sostenible ya que produzco con materiales muy tóxicos. Ahora estoy produciendo con soportes reciclados, me he forzado a cambiar. De hecho, me han concedido la nueva ayuda de producción del Ministerio de Cultura para hacer este tránsito, ya que los materiales reciclados son mucho más caros.

Irma Álvarez-Laviada durante la entrevista. Foto: Rodrigo Mínguez

Irma Álvarez-Laviada durante la entrevista. Foto: Rodrigo Mínguez

P. ¿Cree que esto perjudicaba la recepción de su obra?

R. No sé; a nivel personal era algo que no me dejaba tranquila.

P. ¿Cómo define su trabajo?

R. Es una pregunta muy difícil. Yo vengo de la pintura, y siento mi proceso muy cercano a lo pictórico. Parece que tengo la obra muy pensada y planeada, pero nunca hago bocetos. Mi trabajo surge de la inmediatez, de lo que ocurre en el taller: de los tiempos y los materiales, de colocarlos en el estudio y ver cómo dialogan.

P. A usted, ¿qué le inspira?

R. Los polígonos industriales, sinceramente. También los transportistas de obras de arte, la forma que tienen de embalar y proteger las obras; los carpinteros de los museos… Los procesos industriales me seducen muchísimo, acercarme a una fábrica sin ninguna predisposición. Es un proceso un poco antojadizo: me doy cuenta de que selecciono objetos porque me gusta el color o su textura, es lo que yo llamo “el tiempo del material”. Los materiales cambian en el taller: empiezan a convivir entre ellos y con otros elementos del espacio de trabajo. Y ese tiempo del taller nos lleva al tiempo de la obra.

P. ¿La influencia de otros artistas es una herramienta o una trampa?

R. No lo veo así. La mirada a otros artistas es siempre una inspiración o un estímulo. A mí se me ha acusado de tener un trabajo muy cambiante. El mercado me ha demandado estirar un poquito las series. Yo enseguida me aburro y necesito probar otras cosas, aunque, evidentemente, toda mi obra resuena con la anterior.

Irma Álvarez-Laviada durante la entrevista. Foto: Rodrigo Mínguez

Irma Álvarez-Laviada durante la entrevista. Foto: Rodrigo Mínguez

P. ¿Se siente libre para crear o el mercado es demasiado fuerte?

R. Me he encontrado con este problema, pero he pasado de él. Para mí este fue uno de los motivos de dejar la pintura en su momento.

P. ¿Por qué dejó de crear?

R. La abstracción geométrica funcionaba muy bien a nivel de mercado y parecía que no podía hacer otra cosa: eso me asfixió completamente, porque ya no encontraba la sorpresa. Fue un golpe fuerte. Estuve dos años sin poder trabajar, en un estado de angustia, aunque esta crisis, afortunadamente, dio pie a otra nueva línea de trabajo, porque hubo mucho proceso de observación. Yo seguía viniendo al estudio, haciendo cosas aparentemente improductivas, como leer o ver una película, pero que luego te nutren muchísimo.

P. Ya que estamos hablando de mercado: ¿qué piensa de la huelga de galerías por la reducción del IVA cultural?

R. Yo creo que ha sido insuficiente. Debería haber propuestas más radicales, ya que es un problema estructural; deberíamos juntarnos todos. Al final, los gestos tan sutiles –como la acción del año pasado en ARCO– pasan desapercibidos.

“La huelga de galerías por el IVA ha sido insuficiente, los gestos sutiles pasan desapercibidos”

P. Estamos realizando esta entrevista en su estudio, en concreto en la famosa Nave Oporto de Carabanchel. ¿Qué le aporta a su trabajo esta experiencia creativa colectiva?

R. Llevo aquí desde 2003. Me encanta el taller; es donde pasa todo. Para mí, esto es importantísimo. Prefiero trabajar en compañía, como estamos aquí, donde no hay puertas cerradas. Mi trabajo y su profundidad son consecuencia de la gente que me rodea, por las conversaciones que tenemos. Yo doy muy pocos pasos sin consultarlo con mis compañeros de Nave Oporto. No concibo el proceso creativo de otra manera y, cuando mis compañeros no están, lo paso mal.

P. ¿Por eso mismo decide estudiar Bellas Artes?

R. Vengo de familia de artistas. Mi padre era pintor; tengo un tío abuelo escultor: Enrique y Manuel Álvarez-Laviada. Mi padre era autodidacta y no pudo desarrollar su carrera, ya que muere con 38 años. Ahí hubo un relevo muy importante: su generación de artistas me agarran de la mano y me llevan a los talleres a trastear. Yo siempre lo he tenido claro.

P. Usted es profesora en la facultad.

R. Estaba dando clases como profesora asociada, aunque no me apetece la carrera académica. Para mí dar clase, aunque sea precario, era una obligación: he llegado hasta aquí sostenida por lo público y, enseñando, he podido devolver lo que recibí. Aunque creo que es mucho más interesante lo que ocurre en las facultades de Berlín, Austria o Londres: son procesos más tutorizados.

P. ¿No ha pensado en irse de España?

R. Sí lo he pensado, pero es algo que, familiarmente, no se puede dar. Yo llevo en Madrid desde el año 2001 y, fíjate, nunca he hecho una individual hasta la de Juan Silió el año pasado.

P. ¿Nunca ha pensado en dejar la práctica artística?

R. No, no, no. Como digo yo: esto es la historia de una obsesión. Si no eres un poco obsesivo, no eres capaz. Es una tara para bien y para mal.

P. ¿Qué exposición ha visto recientemente que alimentara esa obsesión?

R. Tengo que decir que veo muy poco arte porque me aburre muchísimo. Me aportan más otros ámbitos de la cultura, como la lectura o el cine; igual no profundizo lo suficiente, pero la de Jannis Kounellis en Es Baluard me ha encantado; también la de Cristina Mejías en Matadero y la de Luis Claramunt en Ehrhardt Flórez. Maravillas extremas.

P. Su comisaria es una de las teóricas de género más reputadas del país. ¿Cómo convive la abstracción geométrica con el discurso de género?

R. Yo no parto de un discurso de género, aunque sí que hay un trabajo sobre los opuestos: la presencia y la ausencia, lo positivo y lo negativo o lo lleno y lo vacío. Y algo muy interesante que ha hecho Rocío es trabajar esa incorporación: la de la abstracción geométrica al discurso de género. Es verdad que mi trabajo nunca ha estado presente en exposiciones colectivas feministas porque mi arte se lee como algo muy frío, muy duro e incluso masculino.

P. ¿Se ha visto excluida de los circuitos artísticos por ser mujer y hacer arte abstracto?

R. Sí. Creo que sobre este asunto hay una visión un poco reduccionista. Está claro que el arte textil o determinadas temáticas están mucho más vinculadas a lo femenino, y esa visión deja fuera algunas propuestas que también encajan. No me he sentido excluida del mundo del arte en general, sino de las propuestas feministas.