Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz

Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz

Arte

María Luisa Fernández, la extinción de la vida como escultura y la geometría del exceso

Su segunda exposición en la galería Maisterravalbuena profundiza en el caos del antropoceno y en la merma de recursos a un ritmo vertiginoso.

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La segunda exposición de María Luisa Fernández (Villarejo de Órbigo, León, 1955) en la galería madrileña Maisterravalbuena toma el testigo de 8.068.807.215. Sangre en oro, la muestra que presentó en el MUSAC de León en el verano de 2024, donde ya desarrollaba un corpus multidisciplinar de denuncia ecológica.

María Luisa Fernández. 8.337.283.136. Naturaleza nerviosa.

Maisterravalbuena. Madrid. Hasta el 14 de febrero. De 1.500 a 30.000 €

La frenética actividad humana, que repercute en la sobreexplotación de los recursos y en la superpoblación del planeta, son obsesiones recurrentes en el trabajo reciente de Fernández, que enuncia diferentes problemáticas mediante el dibujo y la escultura.

Maisterravalbuena retoma una de sus series más importantes: Artistas ideales, que comenzó en los años 90, cuando la artista traducía gráficos estadísticos –diagramas circulares de participación, productividad o relevancia– en esculturas geométricas de madera pintadas con colores industriales.

Fernández se sitúa en un grupo de artistas que trabajaron en Bilbao durante la década de 1980, conocido como la Nueva Escultura Vasca. Entre 1979 y 1985 fue miembro del colectivo CVA (Comité de Vigilancia Artística) junto a Juan Luis Moraza. Tras su disolución, continuó su trabajo escultórico en solitario, realizando varias series sobresalientes como Máculas (1984-85) o Leyendas (1985-86), que declinaban una escultura entre lo constructivista y lo minimal, con una importante reflexión formal de influencia primitivista.

Treinta años después, utiliza una misma gramática para visibilizar temáticas políticas relevantes. Fernández cuantifica y clasifica el mundo desde su práctica artística. El título, 8.337.283.136. Naturaleza nerviosa, hace referencia al número de seres humanos que, en el momento de la inauguración, habitan el planeta. Desde su última exposición hace año y medio, ha aumentado vertiginosamente en 268.475.921 personas.

Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz

Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz

Fernández ilustra una cuenta atrás que nos sacude como una vorágine. Un mundo sobreexplotado que habita una situación política internacional de apropiación violenta de recursos energéticos como el petróleo y las tierras raras con una repercusión en la vida animal. Esta idea de caducidad está representada por materiales efímeros, como la gomaespuma, que amarillea y envejece hasta descomponerse y desaparecer, y por la evocación de especies en peligro de extinción, como sus famosas “leonas”.

En esta exposición conviven series recientes –Naturaleza nerviosa, Corona dorada, Diseño de la tragedia o las dos Poéticas de la extinción (Leona 1 y Leona 2)– con obras antiguas como Avaricia (1989-2015) o Incontinencia, reserva (1989). Fernández nos advierte del colapso que se avecina, fruto del exceso.

Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz

Vista de la exposición. Foto: Roberto Ruiz

Así, su instalación El diseño de la tragedia responde formalmente a la sucesión de Fibonacci y a la proporción áurea, que asocia a modelos de expansión demográfica. Aquí la armonía matemática, tan apolínea, se revela como una fuerza fuera de control: el orden se convierte en desbordamiento. Fernández pasa de lo ecológico a lo ontológico, dibujando geometrías del exceso en bellos y armónicos colores pastel.