Jannis Kounellis: 'Sin título (Albatros)', 2001. Foto: Grimalt de Blanch

Jannis Kounellis: 'Sin título (Albatros)', 2001. Foto: Grimalt de Blanch

Arte

Todas las historias y dramas del Mediterráneo, en el 'arte pobre' de Jannis Kounellis

El museo Es Baluard de Palma expone la obra del artista griego, una de las grandes figuras del 'arte povera', que viajará después al CGAC de Santiago de Compostela.

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Jannis Kounellis (El Pireo, Grecia, 1936 - Roma, 2017) fue una de las figuras más sobresalientes del arte povera ("arte pobre") que, surgido a finales de los años sesenta, representó una revaloración de las propiedades simbólicas y materiales del arte y su potencia transformadora, que favorecieron la expansión de los ámbitos pictórico y escultórico a nuevas resignificaciones y formalizaciones.

Jannis Kounellis. Laberinto sin paredes

Es Baluard. Palma de Mallorca. Comisario: David Barro. Hasta el 30 de agosto

En su prolija y transgresora trayectoria nunca dejó de sentirse un pintor que actualiza sus visiones y composiciones con otros medios y despliegues espaciales. Todo ello queda de manifiesto en la magnífica muestra comisariada por David Barro en Es Baluard Museu d’Art Contemporani de Palma, denominada Jannis Kounellis. Laberinto sin paredes.

Un bello y paradójico título para celebrar el intempestivo legado de un artista que nos interpela sobre el Mediterráneo, sus dramas e historias, la cultura grecolatina, la historia del arte y los dilemas contemporáneos. Siendo David Barro y Gloria Moure quienes han perseverado en nuestro contexto una atención crítica sobre este artista, no extraña entonces que las mejores muestras vayan comisariadas por ambos.

Esta, organizada por Barro en Mallorca, reúne piezas de entre 1993 y 2015, es una coproducción con el Centro Galego de Arte Contemporánea y está organizada con la colaboración de Kewenig, Palma / Berlín y el Archivo Kounellis.

El recorrido se inicia con la enfática presencia de la instalación Sin título (Velas), 1993, integrada por nueve velas venecianas del siglo XVII dispuestas en forma de abanico. Estas velas, grafiadas con emblemas y signos de la cultura y la tradición marítima del Mediterráneo, nos reenvían asimismo a la desaparición de los predicados poéticos y míticos del viaje y del errar en la era industrial y globalizada.

Jannis Kounellis: Sin título (Velas), 1993. Foto: Grimalt de Blanch

Jannis Kounellis: Sin título (Velas), 1993. Foto: Grimalt de Blanch

En la actualidad, el Mediterráneo es el escenario de otros dramas migratorios y ecológicos, de otros litigios culturales y políticos que vendrían a sugerirse con esa instalación que, de modo irónico, activa flujos de sentido que estructuran su puesta en forma visual y reflexiva. En realidad, todo el despliegue de esta muestra activa ese humus vital, irónico y melancólico que está imbricado en el hacer visionario y poético de Kounellis.

Sin dejar de reconocerse como pintor que se vale de otras expansiones e hibridaciones materiales y formales para recorrer el laberinto existencial, pero consciente que las salidas no existen, sino que son propósitos para abrir nuevas galerías de sentido.

Cinco formidables piezas de su serie Sin título (Albatros), 2001, provocan asombros nuevos en nuestra visita. Sobre planchas de acero en formato cuadrado dispone un ensamblaje de piezas descuartizadas del barco homónimo que activan reminiscencias trágicas del Barroco o de Malévich o de pintores como Francis Bacon como cabalmente ha observado el comisario de la muestra.

Jannis Kounellis:  Sin título ((Albatros), 1993. Foto: Jannis Kounellis, VEGAP, Illes Ballears, 2025 / Kewenig

Jannis Kounellis: Sin título ((Albatros), 1993. Foto: Jannis Kounellis, VEGAP, Illes Ballears, 2025 / Kewenig

Este juego de referencias complejiza el haz de sentidos de la serie y su dimensión enigmática. Como si de una colección de pinturas y relieves sobre el muro se tratara, nos reenvía a otros trabajos anteriores. Del Sin título (Albatros), un barco naufragado, presenta un gran resto, como pecio de una historia pasada.

Mas el fragmento en la poética de este artista es la entrada a una totalidad inabordable. De algún modo en sus piezas relampaguean signos e historias del pasado que se ofrecen a nuestra recepción reflexiva. Y de ahí que trasciendan su autonomía formal en una secuencia soberana mediante la cual se religan significaciones dispares.

Actualiza de Caravaggio su poética de dar luz a lo que está en sombra. Una melancolía activa recorre ese formidable laberinto de obras que se muestran en Es Baluard. Otras piezas que deslumbran son las Sin título de 2013, que ensamblan velas mallorquinas e italianas a modo de pinturas-relieves que se asemejan a otros artistas como Alberto Burri o pueden incorporar perforaciones al modo de Lucio Fontana. Siempre acomodan un encanto estético con un juego de citas sutiles a artistas que estima.

En otra excepcional obra, Sin título, 2007, un conjunto de telas brota de la estructura de hierro negro en una composición que cifra una suerte de diagrama de la pintura de Caravaggio Descendimiento, de principios del siglo XVII, como bien ha advertido David Barro.

Vista de la instalación. Foto: Grimalt de Blanch

Vista de la instalación. Foto: Grimalt de Blanch

La instalación Sin título de 2007 en la que un lienzo lleno de conchas marinas descansa sobre una rotunda cruz de vigas de madera, enuncia la dimensión religiosa y sagrada presente en algunos trabajos. La cruz y el paño blanco que reposa sobre esta moviliza cierta reminiscencia al Fragmento de una Crucifixión que Bacon pinta en 1950.

Kounellis traza una diversidad de miradas sobre la otredad, lo desconocido, lo lejano o lo diferente. Del espacio mítico definido en la Odisea a las migraciones, del diálogo hecho y por hacer por la historia del arte hasta las querellas contemporáneas. Un viaje por un laberinto imaginario. Los dibujos expuestos sobre la figura del laberinto nos reenvían al mítico de Creta, que Dédalo construyó y en el que Minos confinó, custodiado por Minotauro.

Teseo logró salir con la ayuda de Ariadna y Egeo mandó izar las velas blancas. El mito se recrea en cada contexto y este artista grecolatino lo hace con su poética. El pasado no es un modelo a replicar sino un germen vivo que nos invita a reflexionar sobre nuestro presente. Ahí se reconoce la potencia visionaria y vitalista de Kounellis. Una vis poética y ética que merece nuestra atención estética.