Image: Saatchi vende a lo grande

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Arte

Saatchi vende a lo grande

Vanessa García-osuna
Publicada
Actualizada

Gost, de Kader Attia, es una de las piezas que vende Saatchi

El mecenas del arte británico saca hoy a la venta obras de su colección sin precio de salida

Bajo el lema de Pensar a lo grande (Thinking Big) se celebra hoy en Londres una original subasta auspiciada por Christie's y el coleccionista Charles Saatchi. Lo inusual de esta venta, estratégicamente emplazada durante la feria Frieze, es que las 50 esculturas e instalaciones que se ofrecen de artistas como Tracey Emin, los hermanos Jake y Dinos Chapman, Sterling Ruby, Berlinde De Bruyckere y David Altmejd, no tienen precios de reserva ni estimaciones previas. Y ofrece a las instituciones públicas que pujen la posibilidad de fraccionar en tres meses el pago.

Philippa Adams, directora de la Saatchi Gallery, declaró en tono épico: "Esta subasta brinda una oportunidad sin precedentes a museos, instituciones y coleccionistas al ofrecer estas obras sin estimaciones previas ni precios de reserva. Será la primera vez en la historia que creaciones de este nivel sean tan accesibles".

Como en todo lo que hace Saatchi, esta venta se ha planteado para maximizar el impacto mediático (la ha calificado de "histórica") y minimizar posibles riesgos de imagen. Aunque se está desprendiendo de obras adquiridas en los últimos veinte años, lo justifica por un motivo filantrópico: garantizar la entrada gratuita a sus exposiciones y financiar programas educativos. Así, esta subasta no puede tomarse como un test sobre la consistencia de sus artistas en el mercado. Por ejemplo, no ofrece más de una obra de cada artista para evitar desequilibrios en su mercado.


Communication, de Cang Xin

¿Podrían producirse pujas para aupar artificialmente los precios de uno de los artistas? Bueno, se trata de una práctica común en el mercado del arte, aunque no es exclusiva de éste. A uno de los artistas de Saatchi, Damien Hirst, le han perseguido siempre los rumores de que sus marchantes suelen pujar en las subastas para elevar el precio de las obras. Todavía hoy se elucubra sobre cuánto dinero se pagó realmente por su creación más cara hasta la fecha -la calavera de platino y diamantes Por el amor de Dios- que ascendió a 50 millones de libras y fue adquirida por un consorcio de inversores liderados por el propio Hirst. Sin embargo, hay que ser cuidadoso al extrapolar los datos que ofrecen algunos remates pues, como ha señalado Amy Cappellazzo, directora del departamento de Arte Moderno y de Postguerra de Christie's: "El problema de hacer un ranking de artistas tomando como referencia únicamente sus remates en subasta es que podemos estar hablando solo de una o dos obras que podrían venderse por ese precio".

¿Pero por qué tienen ese poder de influencia en el mercado las cifras? Una de las razones es que, en la actualidad, algunos coleccionistas consideran que los datos objetivos, como los precios, son más fáciles de procesar y comprender que nociones subjetivas como la importancia simbólica y crítica de una obra (y esto puede aplicarse especialmente al tipo de arte que colecciona Saatchi, emergente y que aún debe superar el filtro del tiempo y el juicio de la historia del arte).

Saatchi emergió como coleccionista en los años 80, y entre 1986 y 1991 su estrategia promocional para hacer de su nombre una "marca" se basó en ir divulgando cada una de sus decisiones artísticas. Así podíamos saber al detalle qué artistas estaba comprando en ese momento, cuántas obras tenía de cada uno ellos sin olvidar sus agresivas peticiones de descuentos.

El mecenas anglo-iraquí ha creado escuela a la hora de promocionar sus apuestas personales. Su galería, a punto de cumplir tres décadas, ha albergado 10 de las 15 exposiciones más visitadas de Londres en los últimos cuatro años, y en ella dieron sus primeros pasos Jeff Koons, Bruce Nauman, Andreas Gursky, Sigmar Polke y Damien Hirst. Esta subasta, al margen de vincular inteligentemente su marca a la de Christie's, confirma que Saatchi compra y vende con la regularidad de un comerciante, pero no parece excesivamente preocupado por cuidar la carrera de sus artistas.