David-Trueba

David-Trueba

El Cultural

David Trueba: "El elixir de la eterna juventud es mantener el deseo de aprender"

El cineasta regresa a la literatura con 'El río baja sucio' (Siruela), una historia enmarcada en el inagotable género de novela de aprendizaje en la que explora la pérdida de la inocencia

20 diciembre, 2019 18:27

“Somos el producto tecnificado de nuestra adolescencia” rebatía con humor en cierta ocasión David Trueba (Madrid, 1969) cuando le alababan la madurez de su obra. Un trabajo que demuestra su creencia de que es en la adolescencia, esa frontera entre infancia y madurez, donde termina de forjarse nuestro carácter. Por ello, cuando se le apareció el bosquejo de una novela sobre este proceso de crecimiento, el cineasta decidió “salir al margen del tan desagradable mundo adulto”.

El resultado es El río baja sucio (Siruela), una novela de iniciación que narra la historia de Tom y Martín, dos amigos que ven alejarse el mundo de su niñez mientras son arrastrados a una trama que involucra secretos del pasado, la sombra de un asesinato y brochazos de corrupción política y destrucción de la naturaleza. En definitiva, el tan temido mundo de los adultos.

Pregunta. La novela aborda las experiencias de adolescencia, ¿cuál es su trascendencia?

Respuesta. Es la etapa fundacional del carácter, del asentamiento de los ideales y, también, de algunas decisiones que, curiosamente, pese a no estar preparados para tomar, serán definitivas en nuestra vida.

P. Tom y Martín descubren poco a poco el pasado de los suyos, ¿qué peso tiene este pasado a la hora de construirnos?

R. La novela juega con esta idea de cuando los chicos de 14 años descubren, para su sorpresa, que sus padres y todos los adultos también han tenido 14 años y que muchas de las cosas que ahora les suceden y de las relaciones que mantienen empezaron a armarse a esa edad. Cuando uno es niño no concibe a sus padres como niños, es en la adolescencia cuando lo descubres y esa revelación te hace sentir una enorme responsabilidad sobre el tiempo, que ves por primera vez como algo imparable que pasa sin cesar.

P. ¿Es de esa toma de conciencia de dónde nace la fuerte amistad de los protagonistas?

R. Las amistades de esos años tienen una gran intensidad emocional porque son fundacionales. No es que más adelante no vayas a ser capaz de tener una amistad así, sino que, quizás, al hacernos más maduros y escépticos ante la vida también ganamos un sentido de la temporalidad, de que las cosas empiezan y se acaban, mientras que en la adolescencia crees que todo es para siempre.

Aun así, el escritor reconoce que a pesar de esto Tom es consciente en la novela de que “los amigos suelen estar vinculados a la geografía. Es decir, uno tiene amigos del colegio, amigos del pueblo, amigos de la universidad, porque las relaciones se han desarrollado en esa geografía concreta, y cuando la abandonas es más difícil mantener esos vínculos. Siempre tienes el miedo a que cambiar de paisaje signifique cambiar de paisaje humano a tu alrededor”, como le ocurre al protagonista.

P. Crecer produce en muchos casos frustración, ¿todos tenemos algo de síndrome de Peter Pan?

R. Sí, pero por lo general las cualidades que la gente quiere mantener son las físicas. Cuando se habla de la eterna juventud, la gente piensa en una cara tersa, un cuerpo sin flacidez y sobre todo en la lejanía de la muerte. Pero si nos lo planteáramos en serio, el elixir de la eterna juventud debería consistir en mantener el entusiasmo, las ganas de descubrir cosas, la curiosidad y el deseo de aprender.

P. Otro tema de la novela es la defensa de la naturaleza, ¿qué supone el haberla desterrado de nuestra vida cotidiana?

R. Sólo la naturaleza responde de manera sincera a las preguntas más difíciles, que suelen tener que ver con el sentido de la vida y con la duración de nuestra existencia. Cuando te relacionas con ella te explica en qué consisten los ciclos vitales y, por tanto, te consuela y te enseña cómo debes vivir tu vida. Pero ocurre que ante una vida donde se nos impide esa relación con ancestral, lo normal es lo que está surgiendo ahora, esa especie de infección de angustia, depresión y de falta del sentido de la vida, algo que no ocurre cuando uno tiene una relación sana con el entorno natural que nos rodea.

"Me preocupa que la lectura desaparezca, porque genera un espíritu de reflexión y pausa indispensable para la formación del carácter"

P. Usted es principalmente cineasta, pero ¿cuál cree que es el papel de la literatura en la formación de la juventud?

R. Me preocupa mucho la idea de que la ficción desaparezca en su forma de lectura, porque esta tiene un grado de intimidad entre quien escribe y quien lee que no está presente en otras actividades más sociales o dinámicas. Y ese espíritu de reflexión y pausa que tiene la lectura es indispensable para la formación del carácter.

P. La novela, sin entrar en política, guarda una advertencia sutil contra el populismo. ¿Cómo se inmuniza uno frente a esos cantos de sirena, quizá más atractivos en la juventud?

R. Por lo que parece, a cualquier edad son atractivos, no es sólo un sarampión juvenil. Ahí entra en juego la educación crítica, la lectura, la observación, la búsqueda individual de la verdad… Todo esto es lo que hace que las personas sean más inteligentes y tolerantes. Los discursos esencialistas y las resoluciones fáciles sólo convencen a los idiotas, por lo que es muy importante no seguir fabricando idiotas desde la propia sociedad, para no tener después que enfrentarnos a ellos. Porque los idiotas son muy tenaces y pueden ser incluso mayoría. Hay que intentar reducir su número, y eso sólo se logra con una salud mediática y educativa sólidas y con unos estamentos de convivencia social.

P. Ha afirmado que no se identifica con la definición habitual de cultura. ¿Qué es para usted?

R. Cuando la gente oye la palabra cultura piensa en museos y en un ministerio, pero yo entiendo la cultura como el paracaídas que cada persona lleva dentro y usa cuando vienen momentos difíciles. La cultura es aquello que se conforma en una sensibilidad, en una manera de estar en el mundo a partir del disfrute artístico y estético, que hace que tengas algo más para sostenerte en tu vida que el dinero, la fortaleza física o un buen estatus. La cultura interna es lo único que sirve cuando todo eso falla.