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El Cultural

Lina Meruane: "Vivir es convivir con la enfermedad, aun cuando no lo sepamos"

La última novela de la escritora chilena, Sistema nervioso, cierra un ciclo dedicado a la enfermedad narrando la biografía clínica de todo un clan

8 agosto, 2019 08:59

Lina Meruane se ha consolidado como una de las escritoras latinoamericanas más influyentes. Con sus obras Sangre en el ojo, Fruta podrida y Viajes virales inició un recorrido hacia las temáticas que han determinado su escritura: el cuerpo, sus afecciones y la muerte. Su última novela, Sistema nervioso, cierra este ciclo dedicado a la enfermedad narrando la biografía clínica de todo un clan. La protagonista es una física que desea tener una enfermedad para estar en cama y así poder escribir la tesis que lleva años posponiendo y que ha dejado a su padre sin ahorros. Cuando llega la enfermedad los exámenes médicos a los que tiene que someterse le impiden cumplir su objetivo. A partir de este punto vamos dando saltos temporales para analizar a cada miembro de su entorno y las relaciones que estos tienen con sus cuerpos.

Pregunta. Ha vuelto a la novela tras varios años centrada en la escritura de ensayos, ¿qué le aporta este género que eche de menos en los ensayos?

Respuesta. El tiempo de escritura de una novela para mí es mucho más largo que el del ensayo, porque en la ficción hay que inventar casi todo mientras que en el ensayo yo entro a dialogar con otras voces y otros pensadores, eso facilita un poco las cosas. Pero el ensayo puede ser igual de obsesionante que la novela. Lo que sucede, al menos cuando yo escribo, es que en la novela me importa más la pregunta, cómo los personajes lidian con la pregunta que yo me he hecho, cómo el lenguaje apunta a la creación de una atmósfera que acompañe a los problemas planteados; en el ensayo, en cambio, intento avanzar hacia ciertas respuestas y ahí todas mis respuestas son puestas de manera menos sinuosa.

P. La enfermedad ya estaba presente en sus novelas anteriores, Fruta podrida (2007) y Sangre en el ojo (2012). ¿Considera que con su última obra cierra una trilogía centrada en el cuerpo y sus trastornos?

R. Eso espero... Porque además de esas tres novelas, hay un ensayo llamado Viajes virales sobre el impacto del sida en la literatura latinoamericana. Me había prometido dejar la enfermedad pero se ve que necesitaba cerrar el ciclo con esta novela. Ahora estoy en otra y juro que ninguno de sus personajes está enfermo, no les duele nada, ni siquiera se resfrían.

P. El dolor como síntoma de estar vivo aparece de manera recurrente en la obra, ¿opina que realmente no podemos vivir sin sufrimiento?

R. Pienso que vivir consiste en lidiar con el sufrimiento, en singular y en plural, que tarde o temprano se va a manifestar.

“Es difícil ser optimista y al mismo tiempo estamos obligados a serlo, porque el pesimismo es paralizante y no sirve para nada”

P. Cuéntenos cómo ha sido el proceso de escritura. El libro se centra en dos temas complejos para el ciudadano de a pie: la medicina y la física.

R. Dos temas complejos, es cierto, pero también muy actuales; mal que mal, tienen que ver con la supervivencia de nuestros cuerpos y de nuestra especie. Al escribir la novela intenté aterrizar estos dos campos tan enigmáticos y especializados a una escena familiar, a una conversación posible entre muchos personajes, y a la lengua de lo cotidiano. Para eso tuve que entender la complejidad de ambos, descifrarlos para mí misma antes de escribir y mientras escribía. Con la parte médica fue más fácil porque la medicina es una práctica y un lenguaje que conozco mejor (soy hija de médicos, es decir, tengo muchos años de medicina 'de sobremesa') y por eso me fui hacia el pasado, a leer sobre lo que los filósofos antiguos conjeturaban sobre el cuerpo y sus enfermedades: es pura imaginación, pura metáfora. Y cuando vi que mi protagonista se apasionaba por la astrofísica, me puse yo a leer libros sobre el cosmos, las galaxias, los planetas, y descubrí que en el estudio del espacio hay una aproximación conjetural absolutamente fascinante que yo aproveché en la trama de Sistema Nervioso.

P. En su libro, todos los personajes están enfermos o lo han estado, ¿se puede extrapolar ese malestar a la forma de vida de la sociedad contemporánea?

R. Todos, sí, era importante que tarde o temprano todos sufrieran de algo, que la enfermedad fuera la norma. Yo pienso que vivir es convivir con la enfermedad, aun cuando no lo sepamos. La salud es un estado deseado, igual que la pureza, pero ese ideal es difícil de conseguir y tal vez no sea tan ideal... La inmunidad total se vuelve contra nosotros, nos debilita y, en último término, es imposible pero poca gente sabe que nuestro sistema digestivo depende de las miles de bacterias que viven dentro de nosotros y nos auxilian. Y en el plano social, se niega el tremendo aporte de la migración, se piensa la migración como 'enfermedad' o 'infección' o 'contaminación', metáforas no sólo malignas y equivocadas, también peligrosas. Dicho esto, y en otro plano, el laboral, pienso que estamos viviendo en la sociedad del agobio y de la multiplicación de la exigencia, lo que el filósofo coreano Byung-Chul Han llama la "sociedad del cansancio" en su breve ensayo (es corto, como para no agotarnos). Hemos aceptado voluntariamente trabajar más que antes o bien no tenemos otra salida que aceptar varios trabajos mal pagados, o hacerlo todo nosotros a costa de nosotros mismos. Ahí hay un malestar que hemos normalizado.

P. La protagonista es inmigrante en un país que no se menciona, aunque se deduce que es Estados Unidos, otro punto en común con las protagonistas de sus anteriores libros y con usted. ¿Por qué considera tan importante sacar a sus personajes de su tierra natal?

R. No considero que estos lugares sean tan importantes o que sea importante sacar a mis personajes de su lugar de origen, es más bien que me ha tocado vivir y pensar la experiencia del desarraigo y son esos los mundos que conozco mejor, por eso he querido escribir sobre ellos.             

P. En la novela habla de cómo los científicos atómicos empezaron a calcular la cercanía del fin tras las grandes guerras. 2 minutos y 30 segundos es lo más cerca que hemos estado. ¿Cree que el mundo se acerca a su desenlace y que no hay vuelta atrás?

R. La última vez que miré el informe del simbólico reloj del Apocalipsis estábamos a dos minutos del fin del mundo, desde los inicios de la Guerra Fría no nos acercábamos tanto. Es difícil ser optimista y al mismo tiempo estamos obligados a serlo, porque el pesimismo es paralizante y no sirve para nada. Pero tampoco es optimismo la palabra: es activismo. Es eso de levantarse cada día dispuestos a tomarle el pulso a lo que está pasando alrededor nuestro, oponernos a ello, escribir en contra, hablar en contra, manifestarnos y hacer algo, aunque sea algo pequeño, para resistir a la violencia política, económica, social y medioambiental.

"Estamos en plena crisis de futuridad y por eso leemos tanta novela y vemos tanta serie apocalíptica"

P. La protagonista comenta que "nunca ha experimentado el orden esperanzado de la temporalidad" y el libro tampoco sigue una estructura lineal. ¿Estamos viviendo en un tiempo que no contempla la linealidad? 

R. Ese "orden esperanzado de la temporalidad" es la idea de la perpetuación, la idea de que hay algo y alguien que nos precede y que algo vendrá después, pero estamos en un momento en que esto empieza a ponerse en duda. Estamos en plena crisis de futuridad, y yo creo que por eso leemos tanta novela y vemos series apocalípticas. No estoy segura de cómo se lee mi novela pero yo la pensé como una novela de estos tiempos nerviosos, en que todos los sistemas, el corpóreo, el familiar, el social y el cosmológico están viviendo un remezón. Cada vez que la protagonista se asoma a eventos destructivos y se angustia, vive un pequeño cortocircuito lingüístico, se le vienen un montón de palabras a la cabeza, una sucesión de palabras, como un poema dadaísta.

P. La protagonista se encuentra en la treintena, en una relación sin demasiado futuro, escribiendo una tesis que no progresa y realizando un trabajo mal pagado que tampoco la estimula. ¿Es ese porvenir incierto la situación de muchas mujeres en la actualidad?

R. De muchas mujeres y de muchos hombres, no nos olvidemos de ellos por más que las mujeres siempre lo tengamos peor. Es mucha gente, demasiada gente que vive en la incertidumbre. Pienso que eso explica el crecimiento y la radicalización del fundamentalismo y de los partidos y gobiernos neofascistas: cuando la estructura de protección se viene abajo son los fundamentalismos y los nacionalismos de lado y lado los que cunden porque ofrecen otra estructura de protección, nefasta pero efectiva: la del nosotros contra ellos.

P. ¿Puede hablarnos de sus futuros proyectos?

R. Estoy de vuelta en el ensayo, escribiendo algo sobre la identidad y algo sobre la multiplicación de la especie, y estoy en una novela, pero son muchos temas y yo escribo y sobre todo pienso con lentitud, entonces ya veremos cómo avanzan esos textos y si logro terminarlos. Escribir es como asomarse a un agujero negro.