Image: Santiago Auserón

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El Cultural

Santiago Auserón

"Hemos rechazado nuestra riqueza musical porque es muy compleja"

Marta Caballero
Publicada

El músico y escritor Santiago Auserón. Foto: Santi Cogolludo

El ex líder de Radio Futura y escritor presenta estos días el libro 'El ritmo perdido' (Península), en torno a la influencia de la música negra en la canción española

Cuando el blues, el rock, el soul, el son... empezaron a cruzar el Atlántico para llegar a las radios de los españoles que se desperezaban de la pesadilla de la censura, nadie o casi nadie sabía que aquellos ritmos eran ritmos de vuelta. Que todas esas músicas asumidas por el folclore americano habían pasado antes por la Península por la vía africana. Santiago Auserón fue uno de los primeros músicos en incorporarlas al estallido de modernidad, frescura y fusión (mancillada palabra hoy) que fue Radio Futura. Pero no se quedó en escuchar y asimilar, hace años que es un estudioso de estas rutas musicales que relacionan la música negra con el Siglo de Oro, como lo oyen. Trabajazo el que se ha dado el Premio Nacional de Músicas Actuales para concretar todos sus aprendizajes en un libro que empezó siendo una obra sobre la experiencia de su generación y acabó convirtiéndose en un profundo ensayo histórico y musical sobre la tradición lírica popular y la historia rítmica peninsular. Juan Perro se ha metido a sabueso y ha diseccionado en El ritmo perdido. Sobre el influjo negro en la canción española toda nuestra huella sonora. Huella que él continúa ampliando con su Zarabanda, algo así como la BSO de sus investigaciones.

Pregunta.- Esperaba encontrar un libro semibiográfico y he leído una tesis rigurosa sobre un tema poco o nada tratado en la música española. Luego supe que pasó dos años escribiéndolo...
Respuesta.- Se fue complicando porque tenía un plan y se abrieron caminos que me llevaron a investigar más y más. Yo quería hacer un bosquejo del influjo de la negritud en la canción española partiendo de mi experiencia personal. Era un proyecto de libro ligero pero me empezaron a surgir preguntas que no habían sido contestadas por musicólogos ni por filólogos ni por sociólogos. Me vino la necesidad de investigar en varios campos y contrastarlos en sintonía. Por ejemplo, el viejo problema de las jarchas que recogían tanto los poetas judíos como los musulmanes, esa vieja polémica entre arabistas e hispanistas. O cuando se desarrolla la trata negrera hacia el Atlántico, cómo empezó a haber una presencia muy notoria de la negritud, sobre todo en Andalucía donde había habido mucha presencia árabe.

P.- ¿Hasta qué punto desconocemos la complejidad de nuestras raíces musicales?
R.- Tenemos un caldo de cultivo muy interesante. Uno ve que en pleno Siglo de Oro había modas conocidas como bailes de negros que duraron casi cuatro siglos. De modo que cuando mi generación descubrió un influjo extranjero en realidad estaba asistiendo al despertar de nuestros propios demonios. A un cantante moderno no le da tiempo a articular todo esto, pero ahora sería cuestión poner sobre la mesa todas las cuestiones que toca el libro.

P.- A pesar de que es un ensayo que toca muchos temas con hondura, en él están también su vida y su experiencia musical. ¿Cómo combinó estos aspectos?
R.- El libro empieza a ser biográfico cuando toco la relación de la canción en castellano con los ritmos de la negritud. Pero cada vez que me salía una cuestión, tenía que irme a investigar. He intentado que no haya tonterías ni reflexiones caprichosas y hacer un trabajo riguroso para que los poetas, los músicos y los estudiantes que están haciendo tesinas en este tema puedan encontrar cosas interesantes. Paso el testigo, tenemos que empezar a aclarar todo esto y no parar hasta que no seamos conscientes del calado de la cultura interétnica en nuestro país.

P.- La mayoría de grupos de hoy acuden a otros folclores y no al nuestro. ¿Es una lacra?
R.- Se da ese fenómeno, sí. Sucede porque, como lo propio es complejo y está mezclado con judería, negritud, liturgia cristiana del norte... hay una especie de rechazo interior. Se prefiere un patrón extranjero y acogerse a una estética como a una religión. España es muy difícil de pensar, es de una complejidad inabarcable.

P.- En cambio, los músicos de su generación se empaparon de todo lo que caía en sus manos.
R.- Cuando éramos críos salíamos del confesionario para meternos a tocar. En aquel momento también nos dejamos llevar por la querencia del anglosajón, por la nueva ola. La música de la gente de mi generación ha sido la herencia del blues, que nos llegaba hasta el fondo de nuestro corazón porque había un vacío torbellinero. Sin embargo, muchos folclores en la Península vienen de África. Por ejemplo, los patrones rítmicos del flamenco pertenecen al folclore africano y luego se desarrollan de forma más amplia en América. Todavía estamos a tiempo de rescatar estas huellas, perceptibles incluso en los folclores más severos La Mancha y de Castilla y León.

P.- Esas influencias de la nueva ola que nombra, ¿por dónde llegaban entonces?
R.- Echando la vista atrás, creo que los lugares que más estuvieron sometidos a la influencia directa de la música americana fueron las bases militares. Mi viejo trabajaba en una y en las fiestas con los amigos americanos fue donde empecé a escuchar los discos de Nat King Cole y Ella Fitzgerald. Luego, al vivir en Huelva e ir a Sevilla regularmente, vi que en las bases de Rota y Morón ocurría lo mismo. En Madrid igual con la de Torrejón y su radio. En Baleares, en cambio, llegaron por el turismo. En Canarias, por la presencia afrolatina. Esos son los focos en los que se empieza a renovar la memoria. Hasta entonces, incluso nuestra manera de bailar era un poco folclórica, ternaria, rígida... salvo en Andalucía, pero la gente de mi generación fue recibiendo poco a poco todas esas músicas. Fue descubrir un universo nuevo, se juntó con el final del franquismo y la posibilidad de soñar con un país distinto. Luego, con la transición, cuando empezó a formarse Radio Futura en el local de ensayo, quisimos que las artes populares se liberaran de todo tipo de constricción. Esto generó unas expectativas muy grandes y se nos dio cuartelillo como para, sin tener formación musical, disponer de la atención de los medios y de la sociedad. Fue un espejismo... creíamos que iba a durar para siempre.

P.- Se refiere a que entonces existía una cultura más viva, más abierta, supongo.
R.- Sí, hoy tenemos que luchar para que la cultura no se convierta en un goteo agostado. La cultura es la necesidad constante de la gente de tener la mirada abierta a la imaginación. En lo musical hemos sufrido una recesión porque al crecer las industrias culturales de los 80 y luego con la llegada del CD, que produjo unos beneficios inmensos, se generó una de las primeras burbujas. Eso provocó que en lugar de estimular las diversas músicas que están en nuestra base se estimulara la música facilona.

P.- Siguió habiendo reductos. Usted lo ha sido, por ejemplo. Y hoy hay muchos, internet ha facilitado bestialmente el intercambio musical.
R.- Sí, hubo muchos, como mi amigo Enrique Morente, al que cada día echamos más de menos. También es cierto que ha surgido una generación de improvisadores españoles y que han sucedido cosas importantes en la música. Pero no han acabado de cuajar porque cada generación musical muere de estrellato en la barra de lo bares. No obstante, creo en la compatibilidad del formato pequeño con las músicas adolescentes. Hay que pelear.

P.- Y ahora pelea con Juan Perro y la Zarabanda, que sería la correspondencia musical del disco. Y por cierto, 20 años de Juan Perro, ¡madre mía!
R.- Le he puesto el título al hilo del libro. Mantengo una banda de 10 músicos de primer nivel combinando Juan Perro con versiones internacionales, buscando la tradición hispana y lo afroamericano. Luego tengo un formato más ligero en Casa en Aire, un dúo acústico con Joan Vinyals en el que hago versiones, cosas de Radio Futura... repaso el repertorio de Juan Perro con esa perspectiva que dan 20 años para condensar los núcleos para ver lo que viene después. Estamos estrenando cosas: algunas con influjo cubano y otras nueva Orleáns.

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