Montaje de Boris Becker y la mansión que tuvo en Mallorca.

Montaje de Boris Becker y la mansión que tuvo en Mallorca.

Tenis

La mansión de Boris Becker en Mallorca: 26 hectáreas, pista de tenis y una finca de 10 millones que acabó okupada por hippies

El legendario tenista alemán acabó vendiendo la propiedad después de muchos años con problemas legales.

Más información: La casa de Simeone en una zona exclusiva de Madrid: lujo minimalista y un jardín de 300 m2 con parrilla argentina

G.E.
Publicada

La mansión de Boris Becker en Mallorca es uno de los ejemplos más llamativos de cómo un símbolo de éxito puede convertirse en un quebradero de cabeza… y acabar cambiando de manos.

El legendario campeón de Wimbledon compró a finales de los años 90 una enorme finca en el municipio de Artà, en el noreste de la isla, que llegó a ser conocida como Son Coll. Una propiedad con unas 26 hectáreas de terreno y alrededor de 1.500-1.600 metros cuadrados construidos repartidos entre la casa principal y varios edificios anexos.

Durante años fue su refugio mediterráneo, pero tras deudas, multas y okupas, la historia terminó con su venta a nuevos propietarios.

La finca estaba planteada como un auténtico complejo privado. Además de la vivienda principal, de varias plantas y grandes terrazas, Becker mandó acondicionar casas de invitados y zonas de servicio para alojar a familia y amigos.

La mansión contaba con una gran piscina exterior rodeada de solárium, jardines extensos, praderas y diferentes espacios para ocio y descanso.

Boris Becker, en la Laver Cup de 2024-

Boris Becker, en la Laver Cup de 2024- Europa Press

Uno de los elementos más llamativos era, inevitablemente, la pista de tenis, que completaba un equipamiento deportivo en el que tampoco faltaban gimnasio y áreas de relax con sauna y zonas de bienestar.

La dimensión de la propiedad y su ubicación, en una zona tranquila y muy cotizada de Mallorca, llevaron a que la finca se llegara a tasar en torno a los 10 millones de euros, con momentos en los que se habló incluso de cifras superiores en pleno boom inmobiliario.

Sin embargo, los problemas económicos y legales del extenista fueron deteriorando la situación. Se acumularon multas urbanísticas por obras no regularizadas, litigios con la administración y deudas asociadas a la finca, hasta el punto de que se llegaron a barajar escenarios de subasta para hacer frente a parte de sus acreedores.

En medio de esa espiral de dificultades, la finca se hizo todavía más famosa cuando fue ocupada por un grupo de hippies y viajeros alternativos. A partir de 2018-2019, una pequeña comuna se instaló durante meses en la mansión, utilizando la casa principal y parte de los terrenos.

Montaron huertos, convivieron con animales y llevaron una vida casi comunitaria entre grafitis, muebles reciclados y fiestas improvisadas. Las imágenes de los okupas bañándose en la piscina o posando en las terrazas de la villa dieron la vuelta a Europa y simbolizaron la caída en desgracia de la antigua estrella del tenis.

Tras varios procedimientos, las autoridades y los representantes de Becker lograron finalmente el desalojo de los ocupantes y la recuperación plena de la finca.

A partir de ese momento se aceleró el proceso para desprenderse de la propiedad. Después de años de intentos y rebajas sobre las primeras pretensiones, la mansión fue vendida hace unos años a nuevos dueños, por una cantidad muy inferior a las cifras que se manejaban en la época dorada, pero suficiente para cerrar un capítulo incómodo en la biografía del alemán.

Hoy, aquellas 26 hectáreas en Mallorca ya no pertenecen a Boris Becker ni están okupadas: son de nuevo una residencia privada y discreta, convertida en recordatorio de los altibajos económicos que también pueden vivir las grandes leyendas del deporte.