Garbiñe Muguruza manda callar durante el partido contra Mladenovic.

Garbiñe Muguruza manda callar durante el partido contra Mladenovic. CAROLINE BLUMBERG EFE

Tenis

Roland Garros vuelve a pitar a un campeón español: Muguruza, abucheada, acaba llorando

"El público francés ha sido pátetico", dice Sam Sumyk, el entrenador de la número cuatro, que vivió un infierno en la pista Suzanne Lenglen ante Kristina Mladenovic.

París (enviado especial)

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“El público francés ha sido patético”. Sam Sumyk, el entrenador de Garbiñe Muguruza, escribió en su cuenta de Twitter ese contundente mensaje horas después de que la española quedase eliminada en los octavos de final de Roland Garros ante Kristina Mladenovic. Al técnico de la española, nacido en Lorient, le importó bastante poco cargar contra los suyos para defender lo que consideró una injusticia enorme: en la pista Suzanne Lenglen, donde ambas jugadoras buscaron el domingo por la tarde el pase a cuartos, la grada se pasó de frenada con Garbiñe, que se fue a vestuarios negando con la cabeza y dejando con el rotulador en la mano a los que esperaban un autógrafo suyo.

“Deberían haber sido un poco más respetuosos”, reflexionó luego Muguruza sentada frente a los periodistas, minutos antes de romper a llorar y abandonar la sala de prensa para tomar aire. “No estoy aquí para crearme enemigos. Me encanta jugar en París y lo que ha pasado hoy no es una buena sensación”, continuó la número cinco mundial, que con la derrota saldrá fuera de las 10 mejores. “Me ha recordado a la Copa Federación. Es un torneo especial, que ya he ganado. Ha sido un poco chocante el ambiente. He intentado hacer oídos sordos y concentrarte en lo mío”.

Muguruza París

Desde el primer momento, Muguruza perdió la pelea con la grada, que además de animar a muerte a Mladenovic (“¡Kiki! ¡Kiki”, gritaban como locos) celebró sus errores con vítores, convirtiendo en una fiesta cada fallo de Garbiñe. La española, que se metió en una burbuja para aislarse y alimentarse con sus gestos de rabia, terminó irremediablemente engullida por ese ambiente infernal, jugando mal el set decisivo después de conseguir igualar el partido en un arrebato que le duró poco.

Incapaz de sobreponerse al escenario, Muguruza agachó la cabeza y dejó que la gente consiguiera lo que buscaba: descentrarla, desquiciarla y hacer que perdiese el control para facilitar el pase a cuartos de Mladenovic, la jugadora en la que tienen puestas todas las esperanzas para volver a ver a una francesa levantando el trofeo 17 años después de que ocurriese por última vez (Mary Pierce, en el año 2000).

Muguruza llora

Muguruza, claro, no ha sido la única que se ha encontrado con un grada difícil en París. Hace bastantes años (2009), tras ganar sus cuatro primeras Copas de los Mosqueteros, Rafael Nadal se marchó de la pista Philippe Chatrier eliminado por Robin Soderling en octavos de final. Durante todo el partido, el público animó al sueco a brazo partido, posicionándose claramente en contra del balear, al que habían visto gobernar el torneo con puño de hierro durante cuatro temporadas seguidas.

“El público parisino es bastante estúpido”, dijo entonces Toni Nadal, tío y entrenador del campeón de 14 grandes. “A los franceses les molesta el triunfo de un español”, añadió el técnico. “Cuando está entrenando es uno de los jugadores que concita más expectación, pero cuando juega lo que quieren es que pierda. Basar la felicidad en la derrota de otro me parece una mala filosofía”, siguió el preparador mallorquín. “Desde Noah no consiguen ganar su torneo. Supongo que les fastidia ver que en España salen constantemente muy buenos jugadores. Rafael es probablemente el jugador más seguido, pero después quieren que pierda. Es un poco contradictorio, pero es su problema”.

Esa historia, sin embargo, es cosa del pasado, un hecho aislado entre otras muchas muestras de cariño: bastó ver el primer día su salida a la misma pista en la que Muguruza fue abucheada para entender por qué Francia no odia a Nadal. Pese a jugar ante un local (Benoit Paire), el gentío ovacionó al español, se puso de su parte y le acompañó hasta la victoria. Hoy, Nadal podría pasar por un francés más y nadie podría discutirlo. Nueve títulos en Roland Garros son más válidos que cualquier pasaporte.

Nadal, saludando al público tras ganar a Bautista.

Nadal, saludando al público tras ganar a Bautista. Benoit Tessier Reuters