Ramos, celebrando un punto ante Pouille.

Ramos, celebrando un punto ante Pouille. Benoit Tessier Reuters

Tenis Roland Garros

Ramos, un crecimiento en el estómago

El español, que se mide este domingo a Novak Djokovic en octavos de Roland Garros, sigue desde 2014 una dieta sin gluten para solucionar los problemas que tuvo en el pasado.

París (enviado especial)

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A finales de 2012, Albert Ramos juega varios partidos de la gira asiática con una bola de hierro anclada en el estómago. Sin motivo aparente, el español está indispuesto y con dolor, incluso le cambia el carácter. No llega al extremo de vomitar, pero lógicamente, las consecuencias sobre la pista son inmediatas: el catalán pierde claridad en la toma de decisiones, se mueve peor y sufre mucho porque tiene la cabeza en otra parte. Casi por casualidad, todo da un giro que termina resultando decisivo en su carrera. Ramos, que este domingo busca los cuartos de final de Roland Garros ante Novak Djokovic, lleva tiempo haciendo una dieta sin gluten después de que unas pruebas identificaran su problema y los médicos le recomendaran poner mucha atención a los alimentos.

“Me encontraba con muchas malas digestiones, no me sentía bien, tenía muchas diarreas”, confiesa el español a este periódico antes del cruce contra el número dos mundial, al que nunca ha ganado (0-3). “Gracias a mi entrenador decidí no tomar nada de gluten. Fue solo una prueba y funcionó”, prosigue Ramos, que en esa época pagó su mal momento desplomándose en el ránking. “En el Abierto de Australia de 2014, uno de mis representantes me recomendó hacerme unas pruebas porque veía que algo me pasaba. Los resultados ratificaron lo que pensábamos: no soy celíaco, pero es mejor que no tome ni gluten, ni leche, ni huevo”, continúa. “Lo sigo a rajatabla desde ese momento y mi rendimiento ha ido subiendo poco a poco”.

Ramos no miente. Desde la temporada en la que retiró el gluten de su alimentación, el español ha escalado en la clasificación, pasando de la frontera del top-100 a romper la barrera de los 20 mejores del mundo, logrando su primer título (Bastad 2016), su primera final de Masters 1000 (Montecarlo 2017) y consiguiendo algunas victorias de peso (por ejemplo, contra Andy Murray, número uno del mundo, en ese torneo que jugó hace unos meses en el Principado de Mónaco). En un deporte cada vez más profesionalizado, donde los jugadores buscan ser mejores desde los detalles (fisioterapeutas, psicólogos, dietistas…), la decisión del español no fue casualidad y tuvo un efecto importante.

Ramos, devolviendo una bola ante Pouille.

Ramos, devolviendo una bola ante Pouille. Benoit Tessier Reuters

“Llevo años así y noto una gran diferencia”, celebra Ramos. “Lo siento mucho cuando como mal algún día. A veces, sin querer comes en un sitio en el que no te avisan y luego me encuentro más pesado, de peor humor”, explica el español. “No es que sea más sano, es que a mí me va bien. Lo más sacrificado es cuando voy a cenar y llega la hora de los postres. Todos llevan harina, leche, nata o huevo. Me da un poco de envidia, pero comer eso es perjudicarme. Al principio, mucha gente al principio se reía en el circuito, pero ahora cada vez hay más gente que está comiendo así”.

Así y todo, el número 20 del mundo es un rara avis en el circuito porque por ejemplo no come pasta, el plato con el que la mayoría de los tenistas se pasean por el vestuario antes de salir a jugar. En plena competición, Ramos toma mucho arroz, pescado blanco y algo de pollo. También algunos frutos secos (como las pasas) para aprovecharse de la energía que esos alimentos proporcionan. Sus problemas, sin embargo, no acaban ahí: tampoco puede buscar ayuda en las bebidas energéticas habituales que los jugadores emplean durante los encuentros, un importante plus.

“El año pasado encontré unos productos de la marca Biofrutal que son ecológicos y me están ayudando mucho”, cuenta Ramos. “Antes no podía tomar las bebidas isotónicas o los geles porque me dolía mucho el estómago. Al final, jugaba contra rivales que podían usar esas ayudas y yo no podía hacer lo mismo”, añade. “Es más, muchas veces tomaba agua con coca cola porque lleva azúcar”, dice el español, que para igualar su resultado de 2016 en Roland Garros (cuartos de final) tendrá que vencer al vigente campeón del torneo.

El domingo, Ramos y Djokovic se encontrarán en la pista Philippe Chatrier. Hace unos meses los dos se vieron en Eqvita, el restaurante vegano que el serbio ha abierto en Montecarlo. El serbio, el hombre que tiempo atrás puso de moda las dietas sin gluten, le contó al español los secretos de su alimentación. Ramos escuchó con atención y se sentó a comer varios días en el local de Nole.

“Estuve en diciembre unos días en Montecarlo y hablamos de esto”, reconoce Ramos. “A Djokovic le gusta mucho hablar de la alimentación y de los beneficios que produce llevar una dieta de este tipo”, continúa el español “Este año cuando jugué el torneo fui a cenar varios días a su restaurante. De hecho, me invitó un par de días. Me gusta comer en vegetarianos y disfruto yendo a esos restaurantes porque son muy saludables”.

En París, hay tenistas que siguen comiendo pan, pizzas y pasta, pero cada vez ocurre menos: el estómago se ha vuelto tan importante como la raqueta.

Ramos, celebrando su pase a octavos de final de Roland Garros.

Ramos, celebrando su pase a octavos de final de Roland Garros. Benoit Tessier Reuters