Rafa Nadal, 39 años

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Corazón

Rafa Nadal, 39 años: "Me levanto cada día a las 7 de la mañana porque soy padre y luego entreno de 8:30 a 10"

El extenista de Manacor explica cómo es su rutina diaria tras retirarse en 2024, después de ganar 22 títulos de Grand Slam.

Más información: Àngels Barceló: "Me levanto cada día a las 4 de la mañana, tomo un café y me acuesto a las 9 de la noche".

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Rafa Nadal (39 años) ya no vive pendiente del próximo Grand Slam, pero su día sigue marcado por el despertador, el gimnasio y una idea fija, no dejar que la pereza gane el partido.

Su nueva rutina como extenista combina disciplina, familia y pequeños caprichos que humanizan al mito y lo acercan al lector que ya solo le ve por la tele o en entrevistas.

Hoy, más que el ranking ATP, manda el reloj biológico de su hijo. Nadal ya no se levanta para ir a entrenar en Melbourne o París, sino porque en casa hay un niño pequeño que marca el ritmo.

Él mismo lo cuenta con naturalidad: "Me levanto a las 7 porque soy padre", asumiendo que ahora el horario lo pone la familia y no el circuito.

Esa primera hora del día es clave para organizarlo todo: entreno, trabajo y compromisos antes de que el reloj marque el mediodía.

La gran diferencia con su etapa como profesional está en cómo administra su energía. Si antes podía encadenar horas de pista, físico y viajes, ahora ha aprendido que el truco está en adelantarse a las excusas.

"Entreno de 8:30 a 10 de la mañana, porque si lo dejo para última hora siempre hay excusas para no cumplir, así que prefiero empezar el día sabiendo que voy a hacer eso", admite.

Por eso concentra todo su trabajo físico a primera hora, cuando la agenda todavía no se ha llenado de llamadas, reuniones y eventos.

En el gimnasio, Nadal mantiene la constancia, pero sin la obsesión del circuito. Ha bajado la intensidad, no la disciplina. Suele hacer tres días de gimnasio a la semana, combinando fuerza, cardio y ejercicios de protección de rodillas, hombres y core, un legdo directo de su etapa como profesional.

El objetivo ya no es levantar otro trofeo en Roland Garros, sino llegar bien físicamente a los próximos años, poder jugar con su hijo y seguir activo sin dolor.

La alimentación es otro de los pilares de su día a día, aunque bastante más flexible de lo que muchos imaginan en un campeón de su nivel.

La rutina de Nadal

Él mismo admite que "nunca he sido muy estricto con la comida; siempre ha habido épocas mejores y épocas peores".

Con los años ha afinado la dieta, escucha más a los medios y nutricionistas, pero no vive con calculadora de calorías.

De hecho, se permite un capricho dulce prácticamente a diario y lo confiesa sin pudor: le pierde el chocolate con leche.

Paradójicamente, Nadal define su vida actual con una frase que sorprende. Su rutina consiste, precisamente, en no tener una rutina rígida. Ya no hay torneos cada dos semanas ni un calendario cerrado, pero sí una estructura mínima que él mismo se impone para no perder el norte.

Familia, entretenimiento, proyectos empresariales y su academia en Mallorca llenan unas jornadas donde la clave está en no dejar hueco al vacío.

Entre gimnasio a las 8:30, el despertador a las 7 y ese trozo de chocolate al final del día, Nadal demuestra que también se puede ganar el partido más difícil, el de organizar una vida nueva después del éxito.