Carolina Marín siendo atendida en la pista tras su lesión en los JJOO de París.

Carolina Marín siendo atendida en la pista tras su lesión en los JJOO de París. Reuters

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Carolina Marín, una carrera de leyenda marcada por las lesiones: tres roturas de cruzado que precipitaron su retirada

La onubense se retira dejando un legado en el bádminton profesional. Protagonista de una historia llena de superación, la raqueta llora con su adiós.  

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Diez días restan para que comience un Europeo de bádminton que, definitivamente, estará huérfano después de haber perdido a la mejor raqueta española de todos los tiemposCarolina Marín dejará de golpear con elegancia y firmeza un volante que espera paciente por descubrir quién será su secesora. 

Su trayectoria, marcada por decisiones valientes, éxitos inéditos y una resiliencia excepcional dentro y fuera de la pista, culminó este jueves 26 de marzo de 2026 con un anuncio que ha conmocionado al deporte: su retirada definitiva del bádminton profesional.

Las tres roturas de ligamento cruzado que ha sufrido en enero de 2019, mayo del 2021 y agosto de 2024 han precipitado una decisión para la que nadie estaba preparado. Y es que a la onubense aún le quedaba mucho por decir en un circuito dominado por las asiáticas.

Carolina Marín se retira del bádminton

Desde Huelva al resto del mundo, rompió barreras que parecían imposibles de derribar en una disciplina prácticamente inédita hasta su irrupción como el bádminton.

Una europea procedente de un país sin tradición en el bádminton se convirtió en la gran amenaza del circuito y llegó a pegar a la televisión a una nación entera para ver partidos de bádminton.

Una retirada precipitada

La carrera de Carolina Marín estuvo atravesada por lesiones graves que pusieron a prueba su fortaleza física y mental. En 2019 sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. En 2021 volvió a lesionarse, esta vez en la rodilla izquierda, lo que le impidió competir en los Juegos Olímpicos de Tokio.

El golpe fue duro a nivel físico, pero también emocional… no solo tenía que sanar su cuerpo, sino también su mente. La presión, las expectativas y el miedo a no volver a su nivel fueron factores que pesaron mucho sobre ella y barreras que tuvo que superar a base de esfuerzo, sacrificio y mucho trabajo.

Por eso, los Juegos de París eran tan importantes para ella. Era la favorita para volver a colgarse el oro olímpico, tras el éxito de Río. Sin embargo, cuando acariciaba la final olímpica, volvió a romperse su rodilla izquierda, a tan solo 11 puntos de asegurarse una nueva medalla olímpica.

El corazón de todos los aficionados se paró cuando vieron como la onubense se tiraba al suelo en un mar de lágrimas por el dolor. Sin duda, fue una de las imágenes más sobrecogedoras de los Juegos. Era la cara amarga del deporte. Una gravísima lesión que marcaría el principio del fin de su carrera deportiva.

Todos los deportistas de élite están expuestos a poder sufrir esta lesión, pero en el caso de los futbolistas, jugadores de baloncesto, tenis y bádminton, el riesgo es todavía mayor "porque tienen un desplazamiento y rotación de la rodilla y encima se le suma un impacto, es decir, que sean deportes de contacto", explicó a EL ESPAÑOL el doctor Ferran Abat, especialista en traumatología deportiva.

"Las mujeres tienen el triple de riesgo de romperse el cruzado que un hombre y cada vez hay más mujeres que compiten en un alto nivel, por lo que las lesiones aumentarán. La primera causa es anatómica, las mujeres tienen en el cuádriceps un ángulo Q mayor y el cruzado es más pequeño. Además, tienen una mayor laxitud ligamentosa y también influyen los factores hormonales".

Es por ello que las lesiones de Carolina Marín no han sido algo excepcional. "Hacen frenazos muy agresivos y necesitas que la bamba no te resbale en el parquet o en el tatami del bádminton. Un jugador tiene el pie agarrado en el suelo y va haciendo rotaciones. Su caso es desgraciado porque son ya tres veces, pero es una lesión difícil evitarla", reconoció el especialista.

Ese 2024 fatídico a nivel deportivo, le trajo una gran satisfacción: el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, uno de los mayores reconocimientos de su carrera.

Lo consiguió convirtiéndose en la octava mujer premiada tras las tenistas Martina Navratilova (1994), Arantxa Sánchez Vicario (1998) y Steffi Graf (1999), las atletas Hassiba Boulmerka (1995) y Yelena Isinbáyeva (2009), la esquiadora Lindsey Vonn (2019) y la nadadora paralímpica Teresa Perales (2021).

Una carrera soñada

Su ascenso fue meteórico. Con 21 años se proclamó campeona de Europa por primera vez, un título que conquistaría en siete ocasiones a lo largo de su carrera. Entre 2014 y 2018 conquistó tres Campeonatos del Mundo, rompiendo el dominio histórico de las potencias asiáticas.

Su primer gran título llegó en abril de 2014, cuando se proclamó campeona de Europa en Kazán, en Rusia. Apenas unos meses después, en agosto de ese mismo año, Carolina subió la apuesta y se colgó el oro en el Mundial de Copenhague.

La leyenda no había hecho más que comenzar. Carolina llegó a encadenar tres Europeos consecutivos entre 2014 y 2016, y terminó su carrera con un total de siete entorchados, el último de ellos en 2024. Un dominio continental impresionante.

Carolina Marín, en los Juegos Olímpicos de París 2024

Carolina Marín, en los Juegos Olímpicos de París 2024 Reuters

Campeona del mundo por segunda vez en 2015, la onubense alcanzó la gloria absoluta en los Juegos Olímpicos de Río 2016. En Brasil se colgó el oro y logró un campeonato olímpico para la historia. Se convirtió en la primera deportista no asiática en ganar el oro olímpico en bádminton.

El jurado del Premio Princesa de Asturias destacó en 2024 su "extraordinario palmarés… y su condición de referente internacional", para concederle uno de los premios más importantes a su trayectoria profesional.

En 2019 se rompió por primera vez el ligamento cruzado anterior de su rodilla derecha. Tras una dura recuperación, en 2021, apenas dos años más tarde, fue su otra rodilla, la izquierda, la afectada. Esa lesión le privó de poder jugar los Juegos Olímpicos de Tokio cuando se disponía a defender su corona.

Carolina Marín a su llegada a España tras su lesión en los Juegos Olímpicos de París Sara Fernández

Parecía que ya había superado sus dolencias cuando en los Juegos de París 2024 todo se torció. Carolina iba encaminada y totalmente convencida hacia el oro, pero otra vez las malditas lesiones se cruzaron en su camino.

En las semifinales ante la china Bing Jiao y con la victoria encaminada, Marín de nuevo sintió que su rodilla derecha se resquebrajaba. Se tiró al suelo desolada, llorando sin consuelo posible. Entonces no sabía que aquel iba a ser su último partido como profesional.

Carolina Marín es la resiliencia en persona. Es la deportista con la que España lloró una mañana de agosto cuando se rompió, otra vez, la rodilla a las puertas de la final olímpica de París.

Perdió una medalla, se ganó a todo un país. Miembro de pleno de derecho del club de pioneros del deporte español. Su legado es infinito.