Carlos Checa, durante su etapa como piloto.

Carlos Checa, durante su etapa como piloto. Carlos Checa

MotoGP

Carlos Checa, 53 años: "Mi padre tuvo un accidente de moto cuando iba al hospital a verme recién nacido"

El expiloto español tiene una dilatada relación con las motos desde muy pequeño.

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Carlos Checa es uno de los nombres más ilustres y queridos del motociclismo español. Campeón del mundo de Superbikes en 2011 y figura incombustible del paddock del Campeonato del Mundo de Motociclismo durante más de una década, el piloto catalán lleva, literalmente, la gasolina en la sangre.

Sin embargo, su idilio con el mundo del motor no comenzó en un circuito de asfalto perfecto ni en una prestigiosa academia juvenil, sino que estuvo marcado por el destino y la velocidad desde el mismo instante en que llegó al mundo.

La historia de los inicios de 'El Toro' es, en esencia, una historia de familia, donde sus padres jugaron un papel central, aunque de manera un tanto accidentada.

El propio expiloto relata en su página web oficial cómo su nacimiento estuvo rodeado de un dramatismo estrechamente vinculado a las dos ruedas, un suceso que marcaría el compás de su vida: "Mi madre me dio a luz en Manresa, al lado de mi localidad natal de Sant Fruitós de Bages y, mientras mi padre acudía apresurado a verme al centro médico, tuvo un grave accidente en moto que le causó una fractura abierta en la pierna."

Lejos de convertirse en un trauma o un presagio negativo, aquel acontecimiento selló su vínculo inquebrantable con las motocicletas. La anécdota continuó de una forma que parece sacada de un guion cinematográfico, revelando además un curioso guiño del destino impreso en su propio árbol genealógico.

Checa lo recuerda con cariño y cierta ironía: "Él pedía que lo llevasen al mismo centro en el que yo iba a nacer, pero allí no había servicio de traumatología por lo que, a los tres días, mi madre tuvo que llevarme a verlo a él al hospital en el que estaba ingresado. Así empezó todo; mi vida en la que la competición ya estaba representada de familia por el apellido de mi abuelo materno y mi progenitora: Carrera".

Crecer en el seno de la familia Checa Carrera significó estar rodeado de una actividad física incesante. Su carácter dinámico y competitivo no tardó en manifestarse durante su niñez. El deporte era su vía de escape, pero había un elemento mecánico que terminó decantando la balanza.

"Desde niño me apasionó la velocidad. Pero no solo la velocidad. Era muy inquieto y me gustaban todos los deportes. Jugaba a futbol, hacia atletismo y no me bajaba de la bicicleta en ningún momento hasta que mi padre me empezó a pasear con una moto de trial por los caminos próximos a nuestro domicilio". Fueron precisamente esos primeros paseos paternos por los montes cercanos los que encendieron la chispa definitiva.

Lo que empezó como un simple juego, no tardó en convertirse en una necesidad irrefrenable de pilotar por sí mismo. Antes de dar el gran salto a las competiciones oficiales y enfundarse el mono de cuero, sus primeros entrenamientos tuvieron lugar con los vehículos cotidianos que tenía a su alcance, demostrando un talento innato: "Con 11 años y siempre que tenia la ocasión, empecé a hacer diabluras con el Vespino de mi abuelo y con una Derbi Variant de mi profesor de dibujo Pep Creus".

Así, a base de travesuras infantiles, la herencia de un apellido completamente premonitorio y un amor familiar que superó los accidentes del primer día, se cimentaron las bases de un piloto de leyenda. La trayectoria vital de Carlos Checa demuestra que los grandes campeones se construyen a base de esfuerzo, pero en ocasiones, también nacen predestinados para la gloria.