El AMR26 de Aston Martin.

El AMR26 de Aston Martin. ASTON MARTIN F1

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El Aston Martin AMR26 de Fernando Alonso enciende las alarmas: la FIA se prepara para denuncias del resto de equipos

La innovadora suspensión trasera del nuevo monoplaza amenaza con desatar una oleada de protestas en el paddock.

Más información: El Aston Martin AMR26 de Fernando Alonso revoluciona la parrilla de la F1: el diseño de Newey en busca del Mundial

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El nuevo Aston Martin AMR26 todavía no ha completado un solo kilómetro serio en condiciones de test, pero ya se ha situado en el centro de las dudas técnicas que marcan el inicio de la nueva temporada de Fórmula 1.

El 'Gran Circo' llega ahora a los test de Baréin con el frente abierto del motor Mercedes y una parrilla llena de soluciones extremas. Mientras tanto, la FIA se prepara para una auténtica avalancha de consultas y posibles denuncias sobre la legalidad de los monoplazas, con el coche de Fernando Alonso en el centro de muchas miradas.

La pretemporada arrancó de forma discreta y a puerta cerrada en Barcelona, en una semana de 'shakedown' que ya agitó el paddock. Mercedes fue la gran referencia en esas jornadas con su nuevo propulsor, sospechoso para varios rivales de explotar un resquicio en la normativa de la relación de compresión del motor de combustión.

Red Bull, Ferrari, Audi y Honda han presionado a la FIA para que actúe antes del GP de Australia, mientras en paralelo empiezan a aflorar dudas sobre conceptos aerodinámicos tan agresivos como los vistos en el AMR26.

El monoplaza, el primero diseñado bajo la batuta de Adrian Newey en Aston Martin, se incorporó tarde al test de Barcelona y apenas rodó, pero lo poco que dejó ver fue suficiente para encender las alarmas en el pit lane.

Su sofisticada suspensión trasera, colocada en una zona donde hasta 2025 trabajaba el ahora prohibido 'beam wing', ha disparado las suspicacias: para algunos equipos, el diseño parece rozar el límite entre un brazo de suspensión legal y un elemento aerodinámico camuflado.

La posición de la FIA

La FIA ya dio un visto bueno inicial al coche para el 'shakedown', pero en la federación nadie es ingenuo: en cuanto los equipos lleguen a Baréin con sus especificaciones de test, el departamento técnico espera ser "bombardeado" con peticiones de aclaración sobre interpretaciones del reglamento.

"No queremos un campeonato de interpretación de reglas", advirtió el responsable técnico Nicolas Tombazis, subrayando que el objetivo es resolver estos asuntos antes del estreno oficial en Melbourne y evitar que la batalla se traslade a los despachos.

En Aston Martin restan dramatismo, al menos hacia fuera. Fernando Alonso admite que el equipo empieza "un poco por detrás" tras el retraso acumulado y el escaso rodaje en Barcelona, y reconoce que no tiene todavía una idea clara del verdadero potencial del AMR26.

El asturiano insiste en la necesidad de jugar "a largo plazo" esta temporada, consciente de que el coche que se vio en Montmeló será muy diferente al que debute en Australia.

Pese a las dudas internas, el efecto Newey hace el resto. El prestigio del ingeniero británico amplifica cada solución extrema y alimenta la sensación de que el AMR26 esconde un arma aerodinámica que puede marcar diferencias, siempre que supere la lupa de la FIA.

Rivales y analistas ya apuntan a la posibilidad de protestas formales si la suspensión trasera del Aston Martin ofrece una ganancia sustancial que otros no puedan copiar a tiempo.

En este contexto, la FIA se enfrenta a un delicado equilibrio: mantener el espíritu de la nueva normativa -un campeonato decidido por la ingeniería y el pilotaje, no por quién encuentre el vacío legal más ingenioso- y, al mismo tiempo, no ahogar la innovación que da sentido técnico a la Fórmula 1.

Con el motor Mercedes en el punto de mira y el AMR26 de Alonso convertido en símbolo de la creatividad al límite del reglamento, todo apunta a que los próximos días en Baréin serán tan intensos en la pista como en los despachos de la FIA.