Varios jugadores de la selección española, durante un entrenamiento.

Varios jugadores de la selección española, durante un entrenamiento. EFE

Fútbol

La nueva era de la España de las dos estrellas con el reflejo de la época dorada, la ambición de la Nations y la caza de otro triplete

La Selección debuta esta noche en la Nations League ante Inglaterra en Wembley en su primer partido después de ganar el Mundial.

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La selección española arranca este sábado una nueva era frente a Inglaterra. No hay margen para el homenaje ni tiempo para recrearse en la foto de portada: la campeona salta hoy al césped luciendo por primera vez las dos estrellas sobre la camiseta.

Frente a un rival de la máxima exigencia como el conjunto británico, la puesta de largo del bicampeón del mundo en la Nations League no admite relajación.

La celebración del título queda archivada en los libros de historia; hoy empieza la competición real y el primer examen directo para medir si la tensión competitiva de este grupo permanece intacta.

Ante una Inglaterra dispuesta a desafiar al rey del fútbol, España no estrena escudo para exhibirlo, sino para certificar que su ambición de dominar una época sigue completamente viva.

Espejo dorado

La mirada al pasado resulta inevitable. El desafío que afronta este grupo evoca de forma directa a la mítica generación que entre 2008 y 2012 transformó el panorama internacional.

La cuestión ya no es si esta España sabe ganar torneos de máxima exigencia -la conquista de la Eurocopa y el posterior cetro mundialista lo han dejado fuera de toda duda-, sino si posee la voracidad necesaria para convertir los trofeos en una dinastía prolongada.

Aquella España inolvidable de Luis Aragonés y Vicente del Bosque cimentó su dominio sobre una transmisión impecable de mando y un estilo inconfundible. Hoy, la plantilla actual refleja esa misma estructura de jerarquías y talento.

Rodri ejerce sobre el verde el papel de brújula y ancla táctica que en su día asumieron Xavi Hernández o Xabi Alonso, siendo el termómetro absoluto del juego. A su lado, la finura entre líneas de Fabián y Pedri y la agresividad en el último tercio de Dani Olmo conectan con la luz que encendía Andrés Iniesta cuando los partidos se atascaban.

Por fuera, la electricidad desinhibida de Lamine Yamal y Nico Williams aporta ese descaro salvaje, libre de ataduras y prejuicios, que en la primera época dorada inyectaban figuras como Pedro o Villa.

Detrás, la solvencia de Unai Simón bajo palos evoca la tranquilidad de Casillas en las grandes noches, mientras que la intensidad volcánica y el carisma de Cucurella en el costado transmiten el contagioso colmillo defensivo que antaño abanderaba Sergio Ramos.

No se trata de imitar a los mitos, sino de heredar su gen competitivo para que la victoria deje de ser un hito aislado y pase a ser una costumbre.

Cuenta pendiente

El escenario y el contrincante de este sábado no conceden espacio para el acomodamiento. Inglaterra salta al campo con la motivación añadida de quien busca ejercer de aguafiestas en la noche de gala del campeón.

Medirse al bloque británico en el inicio de este nuevo ciclo supone la vara de medir perfecta para comprobar el nivel real del equipo desde el primer minuto.

Además, el choque sirve como disparo de salida para una nueva edición de la Nations League, una competición con un significado muy claro para este vestuario.

En 2023, la conquista de este torneo frente a Croacia representó la chispa inicial, el primer gran título que liberó mentalmente a un grupo joven dirigido por Luis de la Fuente. Sin embargo, la amargura de la final perdida en 2025 ante Portugal dejó una espina clavada en el vestuario.

Para la Selección, la Nations League no es un torneo menor ni un campo de pruebas sin trascendencia; es el combustible necesario para mantener el ritmo competitivo entre grandes citas y el terreno idóneo para cobrarse la revancha de lo sucedido un año atrás.

Ganar hoy a Inglaterra implica mandar un mensaje claro a Europa: la campeona del mundo no ha venido a pasear sus galones, sino a defenderlos con determinación.

El sueño del triplete

Estar en lo más alto cambia por completo el escenario táctico y psicológico. España ya no es la alternativa, sino el rival a batir para todas las selecciones. Los rivales analizan ahora al detalle los mecanismos del equipo para tapar sus salidas de balón, presionar más arriba y aprovechar cualquier desconexión fruto de la relajación.

Gestionar el éxito y evitar el acomodamiento tras ganar los torneos más importantes es el principal trabajo del cuerpo técnico en este nuevo ciclo.

Para mantener la motivación al máximo, la plantilla se fija un objetivo claro: firmar un nuevo triplete consecutivo. El plan pasa por ganar la Nations League, revalidar la Eurocopa y llegar al siguiente Mundial con opciones reales de mantener la corona.

Hoy frente a Inglaterra arranca de forma oficial ese recorrido. Ante un rival de primer nivel, la segunda estrella en el pecho no es un trofeo para exhibir, sino la exigencia de ganar desde el primer minuto.