Santi Cañizares

Santi Cañizares .

Fútbol

Santiago Cañizares, 56 años: "Cuando un futbolista empieza a ganar dinero, su entorno pretende vivir de él"

El exfutbolista ha explicado cómo evoluciona la situación económica de un jugador durante los primeros años de una carrera marcada por el éxito.

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Carlos Serrano
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Santiago Cañizares conoce de primera mano lo que supone alcanzar la élite del fútbol y empezar a manejar cantidades de dinero que, hasta entonces, parecían inalcanzables.

El exguardameta, que recientemente relató cómo recibió la noticia de que iba a ser padre de trillizos cuando ya tenía cuatro hijos, ha reflexionado ahora sobre la relación de los futbolistas con el dinero y los problemas que pueden surgir cuando sus ingresos se multiplican en muy poco tiempo.

Cañizares, que actualmente ejerce como analista y comentarista en Movistar Plus+ y la Cadena COPE, desarrolló buena parte de su carrera en clubes como el Real Madrid, el Valencia y el Celta de Vigo antes de colgar los guantes en 2008.

Una trayectoria que le permitió construir un importante patrimonio y, sobre todo, adquirir una experiencia que ahora utiliza para advertir sobre los riesgos financieros a los que se enfrentan muchos jugadores cuando llegan a Primera División.

En una conversación con el canal de YouTube de Gustavo Martínez, el exfutbolista puso el foco en uno de los primeros cambios que experimenta un jugador cuando comienza a cobrar grandes cantidades: su posición dentro de la propia familia.

El salto económico es tan grande que, en algunos casos, el futbolista pasa a convertirse en el principal sustento de su entorno prácticamente de la noche a la mañana.

"Un médico me contó que él había empezado a hacer un patrimonio con 50-55 años, después de haber hecho la carrera, el MIR, guardias, operar durante años y tener prestigio y que nosotros lo hacíamos a los 30. Y llevaba razón", comienza explicando.

Cañizares reconoce que los futbolistas alcanzan esa situación mucho antes que la mayoría de profesionales, aunque recuerda que llegar hasta ahí también exige una preparación específica.

El problema aparece cuando ese dinero empieza a transformar las expectativas del entorno. Cañizares pone como ejemplo a un jugador que debuta en Primera con 22 años y comienza a percibir alrededor de un millón de euros brutos al año.

En muchos casos, explica, procede de una familia de clase media o con recursos limitados que no está acostumbrada a gestionar un patrimonio de esas dimensiones.

"Lo primero que sucede es que te conviertes en el cabeza de familia. En cuanto a lo económico porque tu padre lo mismo está ganando 2.000 euros al mes y tú unos 60.000. El entorno dice, '¿Y ahora me toca trabajar, por 1.500 euros en un trabajo normal?'", señala.

Para el exguardameta, ese es uno de los primeros grandes desafíos: aprender a ayudar a los seres queridos sin asumir que todo el mundo puede vivir de los ingresos del futbolista.

La presión no termina ahí. A medida que aumenta la notoriedad del jugador, también lo hace el número de personas que intentan acceder a él para ofrecerle negocios, productos o servicios financieros.

"Luego llega un momento en el que acabas el entrenamiento y hay diez personas en la puerta. Uno para informarte de algo, otro para venderte una cosa, otro para que vayas a su banco", cuenta.

Cañizares considera que la falta de educación financiera agrava todavía más la situación. "El futbolista no se ha educado financieramente, solo deportivamente. A partir de ahí, todo a base de errores", sostiene.

En su opinión, incluso quienes consiguen gestionar correctamente sus recursos terminan aprendiendo sobre la marcha y a base de equivocaciones: "Es imposible no equivocarse y elegir bien a la primera".

Él mismo descubrió muy pronto la importancia de administrar lo que ganaba. Con apenas 22 años, cuando comenzó a percibir sus primeros ingresos importantes en Primera División, tuvo que hacer frente a una situación familiar que cambió su manera de entender el dinero. La vivienda familiar iba a salir a subasta y fue él quien tuvo que intervenir para evitarlo.

"Tuve que sacar yo de la subasta y aquello fue una magnífica experiencia porque ahí empecé a darme cuenta de que había que guardar el dinero y que el fútbol era una buena herramienta", recuerda.

Aquella experiencia, lejos de quedarse únicamente en un mal momento familiar, terminó convirtiéndose en una lección que le acompañaría durante el resto de su carrera.

"Esto no es habitual. El futbolista no tiene la suerte de tener estas experiencias. Al principio te parece un trauma, pero luego te forma", apunta. El exfutbolista insiste en que uno de los principales errores consiste en asumir que el dinero seguirá entrando indefinidamente.

Una percepción especialmente peligrosa en una profesión cuya duración es mucho más corta que la de la mayoría de trabajos.

Cañizares sabe bien de lo que habla. Han pasado 17 años desde su retirada y su situación familiar también ha cambiado radicalmente. Cuando dejó el fútbol tenía tres hijos; actualmente son siete, aunque uno de ellos falleció.

Con el paso del tiempo, además, algunos se han emancipado y las necesidades económicas de una familia numerosa son muy diferentes a las que existían durante su etapa como jugador.

"Cuando dejas el fútbol tienes más tiempo libre, gastas más, los niños son más grandes y gastan más y es justo cuando entra menos dinero", advierte. El final de una carrera deportiva supone, por tanto, un doble cambio: aumentan las responsabilidades mientras desaparece la principal fuente de ingresos.

"Te crees que no vas a dejar de jugar nunca y eso no es verdad. Acaba, te deja fuera y ahí se corta todo", sentencia. Para Cañizares, continuar vinculado al fútbol después de la retirada puede ofrecer una segunda vía de ingresos, como le ha ocurrido a él, pero no elimina la necesidad de haber gestionado correctamente el patrimonio construido durante los años de competición.

Porque, más allá de cuánto dinero llegue a ganar un futbolista en su etapa de máximo rendimiento, el verdadero desafío comienza cuando deja de llegar.