Fernando Torres, en el homenaje a Griezmann en el Metropolitano.

Fernando Torres, en el homenaje a Griezmann en el Metropolitano. Europa Press

Fútbol

Fernando Torres, 42 años: "Mi padre se tenía que escapar del trabajo para llevarme a entrenar"

El que fuera mítico delantero del Atlético de Madrid tuvo unos inicios de lo más modesto en el fútbol.

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Fernando Torres es aclamado mundialmente. Levantó la Copa del Mundo con la selección española y conquistó títulos internacionales luciendo las camisetas de equipos como el Atlético de Madrid, el Chelsea en Stamford Bridge y el Liverpool en Anfield, además de competir en Italia y Japón.

Su vida se transformó radicalmente gracias a los lucrativos contratos y la fama global. Sin embargo, a pesar de este éxito abrumador, la superestrella nunca permitió que los focos eclipsaran sus humildes orígenes en la localidad madrileña que le vio crecer. Como él mismo reflexiona al comparar ambas realidades: "Yo he vivido toda mi vida en un piso de Fuenlabrada de 80 metros y ahora tengo una vida totalmente diferente. Pero la esencia es la misma".

Esa esencia se forjó en el barrio de Parque Granada, en Fuenlabrada. Nacido en 1984, el exdelantero pasó allí una infancia inolvidable rodeado de sus padres, sus dos hermanos y su inseparable grupo de amigos. "Mi padre se tenía que escapar del trabajo para llevarme a entrenar", dijo.

Las tardes de su niñez no transcurrían en academias de lujo, sino en parques públicos y en la calle, disputando interminables partidos improvisados. De hecho, el exjugador ha confesado que a menudo saltaban las vallas de los colegios de la zona solo para hallar un trozo de pista donde poder correr tras la pelota.

Aquellas amistades del colegio resistieron el paso del tiempo y la enorme distancia que imponía su carrera internacional. Esa profunda conexión con su hogar es el motivo por el cual sostiene: "Fuenlabrada me ha inculcado unos valores que me gustaría enseñar a mis hijos".

Su idilio con el esférico empezó de forma muy prematura en esas mismas calles. Con solo dos años ya le daba patadas al balón de su hermano Israel, y a los cinco se inició de forma organizada en el fútbol sala. Militar en diversos conjuntos locales fue el paso previo indispensable antes de que su innegable talento llamara la atención de las categorías inferiores del Atlético de Madrid.

El resto es historia deportiva. A pesar de gozar hoy de un estatus económico radicalmente opuesto al de su niñez, el goleador siempre defendió la necesidad de mantener los pies en la tierra. Para él, su brújula vital jamás se desvió: "Tengo muy claro lo que es importante. Sé de dónde vengo".