Augusto Batalla, antes de un partido del Rayo Vallecano.

Augusto Batalla, antes de un partido del Rayo Vallecano. Europa Press

Fútbol

Augusto Batalla, 30 años: "Mi padre era carnicero. Sé lo que es el trabajo, la calle y tener lo justo y necesario"

El portero del Rayo Vallecano tiene unos humildes orígenes en Argentina, en un barrio de la provincia de Buenos Aires.

Más información: Sergio Camello: "Cuando entras en el barrio, en su gente, es ahí cuando te atraviesa la flecha y te enamoras del Rayo Vallecano"

J. P.
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Augusto Batalla habla del presente como portero del Rayo Vallecano, pero cada vez que explica quién es vuelve a un mismo punto de partida: Hurlingham, un barrio de la provincia de Buenos Aires, y una casa en la que el fútbol convivía con la cultura del trabajo duro.

"Mi padre fue carnicero toda la vida. Sé lo que es el trabajo, lo que es la calle, lo que es tener lo justo y necesario", resume el guardameta, que a sus 30 años vive en Vallecas algo muy parecido a aquello que marcó su infancia.

Criado en un entorno humilde, Batalla creció con la referencia cotidiana de un padre que se levantaba temprano para sacar adelante la carnicería y de una familia para la que nada sobraba.

De chico aprendió que las oportunidades no se regalan y que el esfuerzo no era un discurso, sino un hábito. Esa educación, con la calle como escenario y el barrio como comunidad, le dio un pie a tierra que hoy reivindica como parte esencial de su manera de entender el fútbol y la vida.

Ese origen se reconoce fácilmente en su discurso actual. Cuando habla del Rayo, no lo hace solo en términos deportivos, sino desde la identificación con un entorno social que le resulta familiar. Vallecas le recuerda a los barrios de su infancia, a ese ecosistema en el que el club es una extensión de la gente que lo rodea.

Por eso, cuando afirma que "Vallecas te hace que constantemente pongas los pies en la tierra" y que es "un lugar idóneo para seguir teniendo claro lo que es la vida real", no está haciendo una figura retórica: está leyendo su presente a la luz de lo que vivió de niño.

Su paso por San Lorenzo refuerza esa conexión. El portero conoce bien lo que significa un club arraigado en un barrio, con una grada exigente y cercana, y no duda en trazar paralelismos.

Augusto Batalla, durante un partido del Rayo Vallecano.

Augusto Batalla, durante un partido del Rayo Vallecano. Europa Press

"Yo he estado en San Lorenzo y hay muchísimas cosas similares aquí. Con la afición ha existido esa conexión desde el primer momento", explica. En Vallecas, como en los barrios donde creció, siente que el fútbol y la vida cotidiana van de la mano y que los jugadores son parte de una comunidad, no figuras aisladas.

Hoy, Batalla es el guardián de la portería del Rayo y ha afrontado su segunda temporada en el club con el desafío de llegar a una final de Conference League frente al Crystal Palace.

Lo hace respaldado por una afición que viaja en masa y por un vestuario al que define como un grupo curtido en experiencias. Pero también lo hace con la serenidad de quien no olvida de dónde viene.

"Nos sentimos pertenecientes a todo esto y esto nos da un corazón o una manera de vivir las cosas distinta a otros clubes", asegura.

En su caso, esa "manera de vivir" viene directamente de Hurlingham, de la carnicería de su padre y de una infancia en la que aprender el valor de lo justo y necesario fue la primera gran lección antes de ponerse los guantes.