Raphinha celebra uno de sus goles ante el Sevilla.

Raphinha celebra uno de sus goles ante el Sevilla. EFE

Fútbol

Raphinha (29), futbolista: "Perdí muchos amigos en el crimen y el narcotráfico, pero gracias a mis padres no dejé la escuela"

El brasileño creció en un mundo complicado y siempre destaca que su familia tuvo un papel fundamental para seguir un camino recto.

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A. M.
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Raphinha siempre supo que quería ser futbolista, pero el camino que le llevó desde Restinga, un barrio humilde de la zona sur de Porto Alegre, hasta la élite europea estuvo rodeado de crimen, narcotráfico y tentaciones constantes.

El extremo del Barcelona ha contado en varias entrevistas que muchos de los chicos con los que creció eligieron el atajo del dinero fácil y pagaron un precio altísimo, mientras él se aferraba al balón y a las lecciones de sus padres.

"Perdí muchos amigos en el mundo del crimen, en el narcotráfico… Amigos que jugaban diez veces mejor que yo y que podrían haber estado en un gran club de fútbol del mundo", lamentó en una conversación con UOL que dio la vuelta al mundo.

Lamine y Raphinha celebran el gol del brasileño contra el Oviedo.

Lamine y Raphinha celebran el gol del brasileño contra el Oviedo. EFE

Nacido en 1996, Raphinha se crió en una comunidad donde ver armas, drogas y redadas policiales formaba parte del paisaje cotidiano. Él mismo explica que "crecí en una comunidad donde el crimen y el tráfico de drogas eran comunes", y que lo más difícil no era tanto ver ese entorno como mantenerse enfocado en otra cosa.

"Nunca me salí del camino, pero presencié, caminé junto con personas que se estaban perdiendo", recuerda, en alusión a amigos que acabaron muertos o metidos en el negocio de la droga mientras él seguía entrenando en canchas de tierra.

Familia y fútbol

En ese contexto, la familia se convirtió en su salvavidas. Raphinha insiste en que sus padres nunca le prohibieron nada, pero sí le marcaron constantemente la diferencia entre el camino correcto y el equivocado.

"Fue por ellos que nunca largué la escuela. Fue por las conversaciones con ellos que ignoré las oportunidades que tuve de seguir por el camino equivocado. Por causa de ellos estoy aquí", explica el internacional brasileño, que reivindica la escuela como una línea roja que jamás cruzó pese a la presión del entorno.

Aunque asegura que en casa nunca faltó un plato de comida, también reconoce que, de los 12 a los 14 años, muchas tardes salía del entrenamiento con hambre y se paraba en la calle "a pedir a la gente que me comprara algo para comer o un refrigerio".

"Algunas personas me ayudaban, otras me llamaban vagabundo sin rodeos", recuerda, una etiqueta que le marcó tanto como las miradas de desprecio.

Las ofertas del "otro lado" siempre estuvieron presentes: conocidos que le prometían dinero rápido, coches, ropa, todo lo que un adolescente de favela puede desear. Pero él se repetía que su verdadera oportunidad pasaba por el fútbol, por aguantar el sacrificio y seguir el plan que había trazado de niño.

"Sabía lo que quería desde muy pequeño: ser jugador de fútbol. Conseguir ese objetivo saliendo de una comunidad es un sacrificio muy grande, pero mi ambición era aún mayor", resume. "Si hoy hablan de mi 'magia' en el campo, yo digo: esa es la verdadera magia", añade, orgulloso de haber llegado al "club más grande del mundo" sin traicionar ni a sus padres ni a la escuela.