La casa de Marcos Llorente

La casa de Marcos Llorente EE

Fútbol

La casa de Marcos Llorente (31), futbolista, en una exclusiva zona de Madrid: un proyecto hecho a medida lleno de luz natural

El jugador del Atlético de Madrid tiene una mansión en La Finca que funciona tanto como refugio familiar como centro de trabajo físico y de recuperación,

Más información: Marcos Llorente, sobre la longevidad: "Rendimiento no es igual a salud. El fútbol dejará de compensarme pronto"

J. P.
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El centrocampista del Atlético de Madrid, Marcos Llorente, ha convertido su hogar en uno de los ejemplos más llamativos de cómo un futbolista de élite puede adaptar su vivienda a un estilo de vida volcado en el rendimiento, la salud y el bienestar.

Su mansión, situada en la exclusiva urbanización de La Finca, en Pozuelo de Alarcón, combina lujo, tecnología y diseño consciente, con la luz natural como gran protagonista de cada estancia.

La Finca es desde hace años uno de los enclaves favoritos de deportistas y celebridades por su privacidad, la vigilancia permanente y sus grandes parcelas, y Llorente se ha sumado a esa lista junto a otros nombres ilustres del fútbol internacional.

Allí vive con su mujer, la influencer y entrenadora Paddy Noarbe, y su hija, en una casa que funciona tanto como refugio familiar como centro de trabajo físico y de recuperación.

Lejos de limitarse a comprar una vivienda ya construida, el jugador apostó por un proyecto llave en mano con el estudio Takk Group, que le acompañó desde la elección de la parcela hasta el último detalle del interiorismo.

El resultado es una residencia diseñada a medida, en la que cada mueble, material y distribución responde a las rutinas y manías saludables del futbolista. Takk presume del proyecto 'Casa 62', concebido para un deportista de élite y ejecutado con materiales naturales y sostenibles, libres de emisiones químicas, priorizando la salud del espacio.

Arquitectónicamente, la vivienda se organiza en tres plantas unidas por una escalera acristalada, con un lenguaje muy limpio en el que dominan los tonos blancos, crudos y beiges.

Marcos Llorente, en una concentración de la Selección

Marcos Llorente, en una concentración de la Selección RFEF

Grandes paños de cristal recorren la fachada y las zonas comunes, permitiendo que la luz solar inunde el salón, la cocina y los pasillos durante buena parte del día, hasta el punto de que el propio Llorente apenas necesita encender las luces mientras hay sol.

Esa transparencia visual conecta el interior con el exterior, donde se extiende un jardín cuidado al milímetro, presidido por una piscina alargada y con vistas a un lago cercano.

El salón es uno de los espacios más representativos: un ambiente amplio, minimalista, con mobiliario de líneas sencillas, textiles claros y algún toque de color que rompe la neutralidad, orientado hacia la zona de agua y el paisaje.

Desde ahí se accede a la cocina, en la que el mármol es el gran protagonista, tanto en encimeras como en una gran isla donde se integran la vitrocerámica y el fregadero, combinados con muebles de madera oscura.

Es allí donde el jugador prepara sus ya famosos cafés "especiales" con mantequilla, una de sus particulares rutinas nutricionales.

El capítulo del bienestar físico tiene su propio espacio dentro de la casa. Llorente dispone de un gimnasio completamente equipado, con maquinaria de alto rendimiento y luz natural, pensado para entrenar en casa al mismo nivel que en la ciudad deportiva.

A ello se suma una zona de spa con piscina interior, sauna y pileta de agua fría, diseñada para acelerar la recuperación tras los partidos y entrenamientos, y que también se convierte en zona lúdica cuando hay niños invitados.

El descanso nocturno también está planificado al detalle. En el dormitorio principal se ha instalado un sistema de descanso HOGO, basado en materiales naturales como lana merina o madera sin tratar y en minimizar la carga electromagnética del entorno, con cableado apantallado y zonas libres de electricidad en los dormitorios.

El objetivo es que el sueño sea una parte más del trabajo invisible del futbolista, optimizando la regeneración tras el esfuerzo.

La luz es otro eje de su peculiar manera de entender la vida. Durante el día, Llorente aprovecha al máximo la iluminación natural que entra por los ventanales y evita recurrir a focos artificiales.

Cuando cae el sol, la casa se transforma: el jugador solo utiliza bombillas de color rojo e incluso gafas con lentes rojas o amarillas para filtrar la luz azul de pantallas y lámparas, convencido de que esa estrategia protege su vista y mejora su descanso.

Más que una simple mansión en una urbanización de lujo, la casa de Marcos Llorente funciona como un reflejo de su personalidad: obsesión por el detalle, devoción por la salud y una apuesta radical por convertir su lugar de residencia en una herramienta más para alargar su carrera al máximo nivel.