Gonzalo Verdú, futbolista del FC Cartagena

Gonzalo Verdú, futbolista del FC Cartagena

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Verdú (37), futbolista, sobre su negocio inmobiliario con el que gana hasta un 30%: "La carrera del fútbol es muy corta"

Cómo un defensa cartagenero diversifica patrimonio entre reformas rápidas y alquiler por habitaciones para asegurar ingresos estables tras la retirada deportiva.

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El fútbol profesional ofrece salarios elevados, pero también una carrera corta y fiscalmente exigente que debe asegurar su futuro económico.

Con esa realidad en mente, Gonzalo Verdú, defensa central nacido en Cartagena (Murcia) y con una larga trayectoria en el fútbol español, decidió hace años mirar más allá del césped.

Mientras competía en Segunda B, Segunda y Primera División -con tres temporadas consecutivas en la élite con el Elche CF antes de regresar al FC Cartagena- empezó a construir, con discreción, un patrimonio inmobiliario destinado a sostener su vida cuando el balón deje de rodar.

A sus 37 años, Verdú encarna el perfil del "futbolista medio": ingresos altos durante un periodo limitado y una presión fiscal que puede superar el 50% según la comunidad autónoma.

"La carrera es corta y muy intensa", ha explicado en distintas intervenciones públicas.

Esa conciencia temprana le llevó a buscar inversiones comprensibles, alejadas de promesas rápidas, y a apostar por el ladrillo como eje de su estrategia.

Gonzalo Verdú, en imagen de archivo.

Gonzalo Verdú, en imagen de archivo. SONIA ARCOS / ECF

Un modelo trabajado

Su enfoque inmobiliario se apoya en tres patas. La primera es el flipping o compra-reforma-venta, con el objetivo de generar plusvalías a corto plazo.

La segunda, la inversión como prestamista inmobiliario, aportando capital a terceros a cambio de intereses sin gestión diaria.

Y la tercera, más reciente, la creación de una base de rentas estables mediante alquiler. Todo ello responde a una filosofía clara: separar el patrimonio que aporta seguridad del capital destinado a crecer.

En el flipping, Verdú sigue un método aprendido en formaciones especializadas y comunidades de inversores.

La lógica es sencilla sobre el papel: localizar viviendas con problemas -mal estado, necesidad de reforma integral, locales con posibilidad de cambio de uso- comprarlas por debajo de mercado, aportar valor con una reforma ajustada al comprador final y venderlas en un plazo corto.

El objetivo habitual de estas operaciones es una rentabilidad del 20% al 30% sobre la inversión total, siempre antes de impuestos y gastos.

Aunque Verdú evita dar cifras concretas de sus operaciones de flipping, sí ha explicado cómo se estructura una inversión tipo.

La clave está en no sobreinvertir en la reforma, concentrándose en cocina, baño, suelos e iluminación, y en conocer bien el mercado local para no errar en el precio de salida.

En muchos casos, participa en proyectos compartidos con otros inversores: unos aportan capital y otros asumen la gestión, una fórmula pensada para compatibilizar la inversión con la exigencia del fútbol profesional.

Su inversión en Murcia

Donde sí ha revelado números claros es en su vertiente más conservadora. En Murcia, Verdú cerró una operación de alquiler por habitaciones que hoy le proporciona alrededor de un 8% neto anual.

Se trata de una vivienda adaptada para este modelo, cada vez más extendido en España, que permite maximizar ingresos frente al alquiler tradicional.

Con precios medios que rondan los 400 euros por habitación, este tipo de activo se ha convertido en una pieza clave de su bloque de rentas pasivas.

Ese 8% neto no es casual. Incluye ya gastos de mantenimiento, gestión y fiscalidad, y responde a un objetivo concreto: cubrir los gastos básicos familiares sin depender del salario deportivo.

"La idea es tener tranquilidad y tiempo", ha señalado, aludiendo a los sacrificios personales y familiares que implica el fútbol de élite.

La experiencia también le ha dejado lecciones. Antes de centrarse en el inmobiliario, Verdú reconoce haber perdido dinero en inversiones especulativas como las criptomonedas, atraído por promesas irreales.

Ese tropiezo reforzó su preferencia por activos tangibles y por la formación antes de ejecutar. Ahora, su modelo combina prudencia y ambición. El flipping le permite hacer crecer el capital; el alquiler, estabilizarlo.

No busca enriquecerse de golpe, sino llegar al final de su carrera con una base sólida que le garantice independencia financiera durante décadas.

En un mundo donde el estereotipo del futbolista derrochador sigue muy presente, la estrategia de Gonzalo Verdú dibuja un camino distinto: el del deportista que planifica, invierte y piensa en el largo plazo.