Fernando Alonso

Fernando Alonso Alessandro Martellotta/Hasan Bra GTRES

F1

Fernando Alonso, 45 años: "Si la carrera es a las 2 o 3 de la tarde, almorzamos sobre las 10:30"

El asturiano, como todos los pilotos, viaja con sus propios cocineros, que se adaptan a los horarios del gran premio.

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Carlos Serrano
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Fernando Alonso cumplió 45 años el pasado mes de julio, pero su rendimiento sobre el asfalto continúa desafiando cualquier relación entre edad y velocidad.

Aunque con el paso de los años los reflejos pueden perder rapidez, el asturiano parece empeñado en demostrar que la experiencia, la preparación y la disciplina también pueden marcar la diferencia.

Su longevidad deportiva no responde a ningún secreto extraordinario, sino a una rutina cuidadosamente planificada que empieza mucho antes de que llegue el momento de ponerse el casco.

El propio Alonso explicó a GQ en 2022 cómo organiza una semana habitual de competición, desde sus sesiones de entrenamiento hasta la alimentación que sigue durante un Gran Premio.

El lunes está reservado principalmente para el trabajo físico. El asturiano dedica entre dos y tres horas al ejercicio cardiovascular y completa la sesión con trabajo de gimnasio, poniendo especial atención en las zonas del cuerpo que más exigencia soportan al volante.

"Una semana típica comienza el lunes con la preparación física. Serían de dos a tres horas de cardio y un poco de gimnasio, especialmente para el cuello y otras partes del cuerpo", explicó entonces.

Fernando Alonso, en el box de Aston Martin en el GP de Hungría.

Fernando Alonso, en el box de Aston Martin en el GP de Hungría. Aston Martin F1

Entre todos esos grupos musculares, el cuello ocupa un lugar fundamental. Un piloto de Fórmula 1 está sometido a enormes fuerzas durante las frenadas y el paso por las curvas, de modo que necesita una musculatura capaz de mantener la cabeza estable y permitirle conservar la precisión incluso cuando la carrera avanza y el cansancio aumenta.

El martes llega el turno del simulador. Alonso se desplaza a las instalaciones de su equipo para trabajar con los ingenieros y comenzar a preparar el siguiente circuito. Es una jornada dedicada a estudiar diferentes posibilidades antes de pisar el trazado real.

"Tal vez cambiemos algunas cosas en la configuración y hagamos algunos experimentos para estar listos para los entrenamientos del viernes", explicó.

El simulador permite ensayar reglajes, analizar el comportamiento del monoplaza y buscar soluciones a diferentes escenarios sin necesidad de esperar a que comiencen los entrenamientos oficiales.

Una parte del trabajo que resulta menos visible para el público, pero que forma parte esencial de la preparación de cualquier fin de semana de Fórmula 1.

El miércoles comienza el desplazamiento hacia el país que acoge la siguiente carrera. Una vez instalado, Alonso reduce considerablemente la intensidad del entrenamiento.

La sesión de gimnasio es más ligera y tiene como objetivo activar el organismo, favorecer la recuperación y llegar descansado a la noche. Ya no se busca acumular carga física, sino mantener el cuerpo preparado para lo que viene.

A partir del jueves, el ritmo cambia. Las reuniones con los ingenieros se multiplican y aparecen también los compromisos con patrocinadores, medios de comunicación y diferentes acciones promocionales. "Hay muchas cosas sucediendo que no están en la pista", reconoció Alonso, reflejando una realidad que suele quedar en segundo plano cuando comienza un Gran Premio.

El viernes se centra en los entrenamientos libres; el sábado llega la última sesión de preparación y la clasificación; y el domingo, el momento decisivo: la carrera. Para el espectador, el Gran Premio se concentra principalmente en unas horas de actividad en el circuito.

Para el piloto, sin embargo, supone varios días de viajes, preparación física, trabajo técnico y compromisos que dejan muy poco margen para la improvisación.

La alimentación tampoco queda al azar. Durante los fines de semana de competición, Alonso y sus compañeros cuentan con cocineros propios que conocen sus horarios y necesidades. De esta manera, las comidas están perfectamente integradas en la planificación del equipo.

"Durante el fin de semana, viajamos con nuestros propios cocineros. En la cocina siempre trabajan las mismas personas y saben exactamente cuál es nuestra rutina alimentaria de jueves a domingo. Saben a qué horas tenemos que comer", señaló.

Los horarios pueden resultar poco habituales para alguien ajeno al mundo de la competición. El domingo, por ejemplo, la comida principal se adelanta considerablemente cuando la carrera está programada para primera hora de la tarde. "El domingo, la carrera puede ser a las 2 o 3 de la tarde y almorzamos alrededor de las 10:30 de la mañana", explicó Alonso.

El objetivo es sencillo: disponer del tiempo suficiente para realizar la digestión antes de subirse al monoplaza. Tampoco se trata de una comida especialmente abundante. "Una comida ligera, normalmente unas horas antes de la carrera. Suele consistir en un plato de pasta, seguido de fruta y agua sin gas", detalló el piloto.

La elección responde a una cuestión práctica. Son alimentos sencillos, conocidos y fáciles de digerir, pensados para proporcionar energía sin generar molestias durante la carrera.

En un entorno donde cualquier pequeño detalle puede influir en el rendimiento, la alimentación forma parte de la preparación al mismo nivel que el entrenamiento físico o el trabajo con los ingenieros.

"Es un ambiente mucho más controlado y no tenemos mucha libertad", reconoció Alonso. Durante un Gran Premio, por tanto, los caprichos quedan relegados a un segundo plano. Cada comida, cada sesión de entrenamiento y cada hora de descanso responde a una planificación cuyo objetivo final es que el piloto llegue a la parrilla en las mejores condiciones físicas y mentales posibles.