Sara Montiel junto a su amigo y biógrafo, Israel Rolón-Barada.

Sara Montiel junto a su amigo y biógrafo, Israel Rolón-Barada.

Famosos ENTREVISTA

Habla el biógrafo de Sara Montiel: "Su primer gran amor tenía motivos para querer matarla"

Con motivo del décimo aniversario de la muerte de la admirada actriz, EL ESPAÑOL entrevista a su amigo, el escritor Israel Rolón-Barada.

8 abril, 2023 00:56

Un año antes de morir, en la primavera de 2012, Sara Montiel viajó por última vez a Estados Unidos, donde realizó una serie de presentaciones que consistían en una rueda de prensa al mediodía y una actuación por la tarde. Durante cada sesión vespertina de aquel Saritour, la diva manchega se sometió a una entrevista sobre su carrera artística y, a continuación, ofreció un recital en el que, acompañada de un piano de cola, interpretó algunos de sus éxitos musicales más populares.

En la rueda de prensa del bolo que hizo en el Cervantes de Nueva York, un periodista le preguntó su opinión sobre sus colegas de Telecinco. Sin pensarlo, Sara respondió que la gente que trabaja ahí era "gentuza".

Tras varios segundos de silencio, la conferencia se reanudó y el momento quedó, al menos aparentemente, en una mera anécdota. De vuelta en Madrid, Sara accedió a ser entrevistada por algún periodista de los programas del corazón de Telecinco por los que años atrás había desfilado alegremente. Cuando el susodicho le preguntó por los rumores que circulaban sobre su respuesta a una incómoda pregunta, la actriz y cantante dijo sin despeinarse: "Yo los defendí como una leona".

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Israel Rolón-Barada, autor del último libro dedicado a Sara Montiel.

Israel Rolón-Barada, autor del último libro dedicado a Sara Montiel. Cedida

Según señala el experto en Literatura y Cultura española contemporánea Israel Rolón-Barada en su libro Sara Montiel. La mujer y la estrella más allá del mito (Almuzara), aquella no sería la única ocasión en la que Sara, encontrándose entre la espada y la pared ante una situación embarazosa, optó por "no afrontar la realidad".

Este sábado 8 de abril, cuando se cumplen justo diez años de la muerte de Sara Montiel, EL ESPAÑOL ha podido charlar con el autor del citado libro, que además de ser amigo de la manchega, colaboró con ella en los últimos momentos de su vida.

¿Qué supuso para alguien como Sara Montiel ese tour de 2012?

Fue muy significativo, porque aquello no fue solo un homenaje artístico, sino también un homenaje académico. Para ella fue algo muy bonito e interesante que apreció eternamente. Su hija Thais me expresó luego su agradecimiento mil veces porque, en sus propias palabras, se había dado "en el momento preciso". Sara no lo esperaba. No esperaba que en el verano de 2011 yo viajara desde Filadelfia hasta Isla de Tabarca para hacerle una entrevista de cara a una conferencia académica. A partir de eso, nosotros coordinamos ese tour de 2012. Ella lo aceptó y, de mil amores, vino. Dos semanas antes del viaje, Sara acudió al dentista. Saliendo de allí, se cayó accidentalmente por los escalones que llevaban a la calle y se fracturó un par de vértebras. Le preguntó a su médico de cabecera si consideraba que debía suspender el viaje, y él le dijo: "Olvídate, porque el culo te va a doler lo mismo en Madrid que en Nueva York". Ella viajó tranquilamente y cuando llegó fue cuando me contó lo que le había pasado. No me lo dijo antes para no preocuparme.

Durante su última etapa, Sara se dedicó a hacer galas y producir cortos. ¿Vivía cómodamente?

Sí, vivía cómodamente y ya no necesitaba trabajar. Tenía todo y vivía muy bien. Residía en un ático en la calle Núñez de Balboa, en el centro de Madrid. Ella continuaba trabajando por un compromiso consigo misma y con el nombre de Sara Montiel. Ella hacía todo eso por placer. A ella le encantaba vestirse, arreglarse, entrar en un plató y participar en todo.

¿Nunca se resignó a dejar de ser una mujer coqueta?

No, nunca. Hasta el final tuvo una piel preciosa y ni siquiera necesitaba maquillaje, aunque le gustaba mucho arreglarse y pintarse los ojos y la boca. Lo hacía todo ella misma. Cuando íbamos a salir a la calle, ya fuese aquí en Estados Unidos o en su casa en Madrid, donde estuve tres meses antes de su muerte, se sentaba y me enseñaba paso por paso cómo se maquillaba. Su forma de maquillarse era profesional. Siempre lo hacía como si fuese a ponerse delante de las cámaras.

Image: Sara Montiel: de la cúspide al abismo

Image: Sara Montiel: de la cúspide al abismo

¿Le afectó mucho aquella estafa sufrida a manos del administrador que le dejó su marido Pepe Tous, Francisco Fernández?

Sí, lo pasó mal. Aquello le dolió profundamente y le afectó. Imagina que tú y yo trabajamos juntos durante 20 años y un día vas al banco y compruebas que el balance de tu cuenta está a cero, o que es inferior a lo que pensabas. Fue algo traumático para Sara, porque fue la traición de alguien que trabajaba para ella y era de su total confianza.

En el libro comenta que Sara "llegaba a distorsionar la verdad y la realidad con toda naturalidad". ¿La pilló en muchas mentiras?

Sí, la pillé en varias mentiras, pero yo no le decía nada. Simplemente, me dejaba llevar. Sara era como una novelista. Lo detecté porque, antes de conocerla, trabajé el mundo de las novelistas de posguerra. Ella te contaba las cosas con la mayor naturalidad del mundo, como si fuese Carmen Laforet o Ana María Matute, y eso me parecía precioso.

¿Qué fue lo más sorprendente que le contó durante las horas de charla que compartieron? 

Esos detalles específicos prefiero que el lector los descubra al leer el libro. Sí te puedo decir que durante esas conversaciones pude apreciar a esa niña que permanecía dentro de ella. En Sara habitaba una niña que nunca murió. También su sencillez y humildad, porque era encantadora. Además, sabía de todo, era muy lista, como una enciclopedia. Le podía preguntar por cualquier personaje del mundo artístico o político, y ella me podía decir de la A a la Z sobre esa persona.

Sara Montiel: renovarse y vivir

Sara Montiel: renovarse y vivir

Es de sobra sabido que Sara tuvo unos cuantos amoríos. ¿Alguno que sus fans puedan desconocer? 

Sí. Es curioso, porque ella hablaba mucho y daba nombres de amantes pero, muchas veces, la gente no le prestaba demasiada atención. Pasaron un poco desapercibidos. Lo que he logrado es poder profundizar y poner sobre la mesa todo lo referente a esos amantes que ella tuvo.

¿Es cierto que la reina Sofía pilló a Juan Carlos I con Sara en una finca de Toledo? 

De eso no se sabe nada, no hay evidencia y tampoco lo creo. Es una de tantas leyendas sobre Sara Montiel. Por un lado, Sara le llevaba diez años al rey emérito, ambos pertenecían a épocas diferentes, aunque eso no quiere decir nada. Por otro, el Emérito y el marido de Sara, Pepe Tous, eran grandes amigos y compartían muchísimos eventos sociales y culturales.

La manchega vivió un complicado romance con un exiliado comunista en México llamado Juan Plaza, ¿no es así? 

Sí, eso es lo que yo llamaría una relación real. Juan Plaza fue su primer gran amor de juventud. Pero ella era una mujer muy fuerte y, después de haber tenido varios problemas con él que describo en el libro, supo levantarse y seguir caminando. Sus metas profesionales eran más importantes que un amor, un marido, un novio o un amante.

Pero cuenta que aquel hombre intentó matarla. 

Sí. Es algo sobre lo que he leído durante mi investigación y sobre lo que ella también me contó. Entre tú y yo, él sí tenía motivos para querer matarla. No llegó a matarla porque no pudo. Ella iba a lo suyo y este hombre, al perder el control de la situación, lleno de celos y egoísmo, la habría matado con sus propias manos.

¿Jugó él un papel importante en su salto a Hollywood?

Sí, definitivamente. Fue el punto decisivo. Estamos hablando de un exiliado comunista, de alguien que no podía entrar a los Estados Unidos. Esto fue perfecto para Sara, que así pudo huir e independizarse de él. Hollywood fue para Sara una tabla de salvación no solo en lo profesional, sino también en lo personal.

Tengo entendido que Sara era una mujer bastante accesible, y que llegó a invitar a merendar en su casa a algún que otro fan.

Era una mujer muy accesible, amable y sencilla. Es algo que viví en primera persona. Cuando llegué desde Estados Unidos, ella apenas me conocía. Aun así, me abrió las puertas de su casa desde un principio. Cuando caminábamos por la calle y cualquier persona la reconocía, ella nunca le negaba una foto, un autógrafo o un saludo. A veces íbamos con prisa, porque igual habíamos quedado con alguien a una hora específica, y le decía a Sara que debíamos seguir, pero ella se paraba y me decía: "No, yo no le voy a negar a nadie nada. Necesito ser yo misma".

Sara Montiel y Pepe Tous, en una imagen de archivo.

Sara Montiel y Pepe Tous, en una imagen de archivo. Gtres

Jesús Mariñas escribió en sus memorias que los hijos de Sara "optaron por vivir su vida sin mucho apego a la madre". ¿Le habló ella de un supuesto distanciamiento con sus retoños?

Eso que decía ese periodista no es cierto. Te doy mi palabra de que es mentira. Nunca hubo tal distanciamiento. Al contrario, había una gran relación entre Sara y sus hijos. Hablaba de ellos con el cariño y respeto más grande del mundo. Lo vi durante la última Nochebuena que Sara pasó, pues estuve cenando con ella y sus hijos en su casa. De hecho, sus hijos siguieron viviendo en su casa hasta dos o tres años después de su muerte.

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¿Le preocupaba ver a sus dos hijos encarrilados y realizados?

Sí, esa era una de sus preocupaciones. Aquella era una preocupación genuina de madre. Ella quería que lograran sus metas profesionales y personales, y vivía orgullosa de los dos.

¿Cuál fue la espinita clavada de Sara?

En términos profesionales, el hecho de que no le entregaran nunca un Goya. Ella me repitió: "Después de muerta, nada. No lo acepten". Es algo que no tiene sentido, y eso que tuvieron tiempo para dárselo...

¿Qué planes truncó la muerte de Sara?

Teníamos por ejemplo planes de trabajo. Quería volver a Estados Unidos, y ya teníamos otra gira organizada, también académica, para otoño de ese 2013. Sara iba a venir a Washington D. C., Los Ángeles, Boston y San Juan (Puerto Rico). De hecho, ese fue mi regalo de cumpleaños. La llamé el 10 de marzo y le dije que ya tenía la nueva gira organizada. También como parte de su regalo, había empezado a recopilar cartas de apoyo para que Sara fuera considerada para la medalla al mérito en las Bellas Artes. Ella se fue feliz con todos esos planes en la cabeza. Sara sabía que era una mujer que había cumplido todos sus sueños y metas.