Durante años, comer bien en el Barri Gòtic de Barcelona ha sido un acto de fe. Entre trampas para turistas, cartas clónicas y fuegos artificiales sin alma, encontrar una mesa honesta, de producto, de cocina, sin trampas, parecía poco menos que un milagro.
Por eso la llegada de Finorri no es solo una apertura más, es a la vez una luz encendida en uno de los barrios más bellos y castigados por el turismo de Barcelona.
Finorri puede resultar un concepto difícil de traducir pero fácil de entender cuando uno se sienta a la mesa: elegancia sin rigidez, hedonismo sin excesos, disfrute consciente. Y todo ello, con un ticket medio de 45 €.
Es esa alegría contagiosa de quien sabe que comer bien es una forma de estar en el mundo. Y ese espíritu impregna el nuevo restaurante situado en los bajos del histórico Hotel Condal, a pocos pasos de la Boqueria, en ese entramado de calles donde la ciudad antigua aún late, aunque a veces cueste escucharlo.
Detrás de la propuesta gastronómica hay un equipo que combina talento y sensibilidad: los chefs Josep Nicolau, Albert Soteras y Marc Vitega en cocina, y Lluís Roig en sala, afinando la experiencia desde el primer saludo hasta la última copa.
Lluís Roig, a cargo de la sala junto a los chefs Josep Nicolau, Albert Soteras y Marc Vitega.
El espacio acompaña: una cocina vista rodeada por una esplendorosa barra perimetral que invita a comer sin prisas, a observar, a conversar.
La cocina de Finorri
La cocina de Finorri mira al territorio con respeto y curiosidad. No se trata de reproducir la tradición como una postal, sino de preguntarse qué significa hoy. El resultado es una carta que dialoga con la memoria colectiva desde una mirada actual, precisa y profundamente sabrosa.
Los entrantes juegan en ese terreno tan delicado que es el confort bien entendido. Hay ensaladilla, hay croquetas, tampoco falta la bomba de patata a la Barceloneta, de tamaño generoso, al igual que la salsa que la baña.
Bomba de la Barceloneta y ajoblanco con tomate confitado y mojama.
También platos que afinan el discurso, como una brandada de bacalao gratinada con tomate verde, olivada y naranja, o el ajoblanco con tomate confitado y mojama que te ancla al Mediterráneo.
Cuenta con un divertido apartado de brochetas, pequeñas joyas conceptuales: la de pollo de corral con gambas rinde homenaje al clásico guiso de pollo con cigalas; la de magret de pato, acompañada de pan brioche, apuesta por lo goloso sin perder elegancia.
La carta continúa con pescado de lonja, carnes premium a la brasa y guisos que reconcilian con el recetario: calamares rellenos de berenjena, setas y botifarra del perol; merluza de palangre con garum casero y patatas panaderas, un plato que habla de profundidad y paciencia.
Pero antes de pasar al postre, y sin olvidarnos de sus cócteles, entre ellos un rico Negroni también a destacar son sus boquerones fritos y una tortilla de patata que llevan por bandera.
Boquerones fritos y una tortilla que se disfruta de principio a fin.
Especial atención merecen los fuera de carta, auténtico termómetro de la temporada y del compromiso con proveedores selectos. Como los primeros boletus del año con panceta ibérica Maldonado y huevo curado, ejemplo de cómo el producto, cuando es bueno, solo necesita ser escuchado.
Pero Finorri es también una historia de arraigo. La de los hermanos Santiago y Carolina Rama, segunda generación al frente del Hotel Condal, fundado en 1893 y gestionado por la familia desde los años 80.
En un momento en que la Ciutat Vella lucha contra la gentrificación turística y la pérdida de identidad, su apuesta tiene algo de gesto valiente. “Este barrio sigue ahí, latente. Es el corazón antiguo de nuestra ciudad”, dice Santiago Rama. Finorri quiere ser eso: una casa, una luciérnaga de luz y esperanza, un lugar al que valga la pena desplazarse para olvidar el trasiego.
La barra que abraza la cocina vista de Finorri.
El proyecto dialoga además con el hotel, inmerso en una profunda remodelación que lo convertirá en un boutique de cuatro estrellas.
Finorri es la antesala perfecta: un restaurante elegante y acogedor, pensado tanto para almuerzos tranquilos como para cenas celebradas, donde incluso los pequeños detalles encuentran excusa para brindar. Los cócteles de autor ayudan a coser el día con la noche, sin estridencias, con coherencia.
Y si la cocina es sólida, la bodega no se queda atrás. En colaboración con el sumiller Rubén Pol (Partners in Wine), la carta de vinos apuesta por el carácter: pequeños productores, proyectos familiares, regiones por descubrir. Una selección honesta, bien pensada y, algo no menor, adaptada a distintos bolsillos, donde la relación calidad-precio es parte del discurso.
