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Cuando los días más fríos del invierno llaman a la puerta, lo mejor es recibirlos con un buen plato de cuchara, de esos que calientan el cuerpo y el alma.
Y más aún si es con la receta de uno de los mejores chefs que tenemos en España y que ha demostrado siempre ser un gran amante de los platos tradicionales.
En uno de los episodios del programa Hacer de comer, el chef Dani García nos deja una serie de trucos para llevar una humilde sopa de ajo al siguiente nivel sin complicarse nada la vida. "Esta sopa no puede ser más fácil, más barata y más rica", así la describe él mismo.
Las sopas de ajo de Dani García
El primer truco empieza por el caldo. Aunque usar uno envasado es totalmente válido, el chef recomienda enriquecerlo cociendo en él un hueso de jamón previamente desalado: "Eso nos va a hacer que ese caldo, que puede ser de brick tranquilamente, se convierta en un caldito de jamón".
El objetivo es conseguir el máximo sabor sin necesidad de hacerlo todo desde cero.
Respecto al pan, Dani García insiste en tostarlo antes de incorporarlo a la sopa. Así, aparte de darle un sabor más intenso a la sopa, evita que se deshaga del todo en el líquido: "El tostadito del pan nos va a dar un sabor totalmente diferente... nos va a quedar ese punto sedoso, pero que no se va a deshacer tanto".
Otro consejo que nunca está de más recordar es el de tener cuidado con el pimentón. Se debe añadir cuando el ajo esté empezando a dorarse y sobre el aceite, pero con el fuego controlado.
"El pimentón se quema muy rápido y hay que tener mucho cuidado", insiste indicando que cocinarlo brevemente en la grasa -aceite de oliva en este caso- es clave para que libere su aroma sin amargar.
Para darle su toque de chef a esta sopa de ajo, Dani García añade huevos, que propone cocinarlos con el fuego bajo y sin hervir, buscando una yema líquida y una clara cuajada: "Yo soy de los que quiere la yemita líquida". Además, recomienda cascar los huevos aparte para evitar sorpresas.
El toque final lo pone con una loncha de jamón ibérico sobre la sopa colocada justo al servir y un poco de hierbabuena, que aporta frescor y aroma. Según él, estos detalles "hacen a la sopa relativamente diferente, pero con los mismos ingredientes".
Ingredientes
- Pan (preferentemente del día anterior), 6-8 rebanadas
- Aceite de oliva, cantidad necesaria
- Caldo de ave casero o de tetrabrick, 1,5 litros
- Ajo, 4 dientes
- Sal, al gusto
- Huevos, 4 ud
- Pimentón dulce, 1 cucharada
- Jamón ibérico, 4 lonchas
- Hueso de jamón, 1 ud
Paso 1
Comenzamos calentando el caldo de ave en una olla grande. Incorporamos el hueso de jamón y dejamos cocer a fuego lento entre una hora y media y dos horas, para que el caldo adquiera más cuerpo y sabor. Este paso no será necesario si disponemos de un caldo casero con mucha sustancia.
Paso 2
Mientras se cuece el caldo, tostamos las rodajas de pan en una sartén sin aceite, hasta que estén doradas y crujientes por ambos lados. A continuación, pelamos uno de los dientes de ajo y lo frotamos sobre las rodajas calientes para que se impregnen con el aroma.
Paso 3
En una cazuela aparte, calentamos un chorro generoso de aceite de oliva. Laminamos los tres dientes de ajo restantes y los incorporamos al aceite caliente.
Paso 4
Cuando el ajo comience a chisporrotear suavemente en el aceite, añadimos el pimentón dulce y removemos brevemente para evitar que se queme.
Paso 5
Acto seguido, incorporamos el pan tostado y aromatizado con ajo, y vertemos el caldo caliente, ya colado y sin el hueso, poco a poco sobre la mezcla.
Paso 6
Cocemos todo junto durante 20 minutos a fuego medio para que el pan se empape bien del caldo y se integren los sabores. Si es necesario, rectificamos de sal.
Paso 7
Bajamos el fuego al mínimo, cascamos los huevos uno a uno en un cuenco y los vamos dejando caer suavemente sobre la sopa. Dejamos que se cocinen ligeramente, sin remover, hasta que la clara esté cuajada, pero con la yema aún líquida.
Paso 8
Servimos la sopa caliente en cuencos individuales. Coronamos cada ración con una loncha de jamón ibérico. Opcionalmente, podemos añadir unas hojas de hierbabuena fresca para aportar un toque aromático y refrescante.
El origen de las sopas de ajo
Atribuir la invención de una receta popular a un pueblo o un país en concreto es, en muchas ocasiones, una cuestión de fe. No es raro que, ante unos mismos ingredientes, a muchas personas en distintos lugares se les ocurra preparar recetas que son, en esencia, la misma.
¿Dónde se inventó la sopa de ajo? La archiconocida sopa castellana ¿es, acaso, un plato que solo se prepara en la meseta? ¿Existen recetas típicas de otros sitios y conocidas con otros nombres que son, a todos los efectos, sopas de ajo?
En el País Vasco se prepara una sopa que se llama zurrukutuna y es una deliciosa versión de sopa de ajo que se enriquece con un poco de bacalao.
En Portugal es típica una sopa que se llama açorda, que es una sopa de ajo espesa que se hace con caldo de marisco con unos cuantos camarones o langostinos.
El sur de España también tiene, más allá del gazpacho y el salmorejo, su versión de sopa caliente para aprovechar el pan duro y es la sopa de maimones, que se prepara en la Andalucía oriental, principalmente, en Granada.
Un plato sencillo, que se prepara en pocos minutos, hecho con ajos, cebolla, especias, caldo y huevos que puede enriquecerse con unos taquitos de jamón. Este curioso nombre parece ser que procede de la palabra árabe maymum, que significa 'feliz'.
En Málaga y en Cádiz también se prepara una sopa campera que se conoce como sopa jervía (sopa hervida) que es una sopa espesa hecha con un sofrito de hortalizas (tomate, cebolla, pimientos, espárragos verdes...), patatas y caldo que se espesa con rebanadas de pan que se añaden a éste durante la cocción. Puede enriquecerse con torreznos o migas de bacalao o atún.
