Los canelones de carne con bechamel son un clásico de esos que gustan a pequeños y a mayores. Son perfectos para el táper y para hacer en grandes cantidades, pues congelan fenomenal y se pueden recalentar sin que el plato pierda mucha calidad.

Ingredientes

  • Placas de pasta para canelones, 12
  • Carne picada de ternera, 400 g
  • Cebolla, 1
  • Tomate triturado, 150 g
  • Aceite de oliva virgen extra, 3 cucharadas
  • Bechamel tradicional, cantidad suficiente
  • Queso rallado para gratinar, 150 g
  • Sal
  • Pimienta molida
  • Azúcar, 1 cucharadita (solo si el tomate es muy ácido)

01: Preparar el sofrito

Pelamos la cebolla y la cortamos en juliana.

Ponemos a calentar el aceite en una sartén y pochamos la cebolla. Cuando esté transparente añadimos la carne junto con la sal y la pimienta.

Rehogamos bien hasta que esté hecha. Añadimos entonces el tomate triturado y una pizca de azúcar si es necesario. Dejamos cocer todo a fuego medio removiendo de vez en cuando. El tomate debe impregnar bien carne tras haber perdido casi toda su agua. Retiramos del fuego y reservamos (si queremos que el relleno tenga una textura similar a los precocinados trituramos todo bien con la batidora).

02: Preparar la pasta y la bechamel

Mientras se está haciendo el sofrito aprovechamos para ir cocinando la pasta siguiendo las intrucciones del paquete, y para preparar la bechamel con tu receta favorita o con nuestra receta de bechamel tradicional para lasaña y canelones.

03: Montar los canelones y hornear

Ponemos una porción de relleno sobre cada una de las placas de pasta y las cerramos dándoles forma de canelón. 

Los vamos colocando en una fuente apta para el horno, cubrimos con la bechamel y esparcimos el queso rallado por encima.

Horneamos con el horno precalentado a 200ºC con calor arriba y abajo durante 15-20 minutos hasta que nuestros canelones de carne con bechamel estén gratinados por completo.

04: Servir

Los canelones se sirven inmediatamente y se comen calientes. Los que sobran se pueden congelar, aunque si los hacemos en grandes cantidades, es mejor hornear solo los que se vayan a comer y el resto congelarlos en raciones a falta del horneado final.

Así, cuando los vayamos a consumir solo tenemos que acordarnos de sacarlos del congelador a la nevera la noche anterior y pasarlos por el horno cuando sea hora de comer. De este modo estarán calientes y como recién hechos, pues en realidad así no hay necesidad de recalentarlos.