Pollo asado

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Los mejores chefs coinciden: un pollo al horno más jugoso no se consigue frotando mantequilla, la clave es el agua con sal

El pollo asado no perdona los descuidos. Si no se toman precauciones, la carne queda seca o la piel blanda, pero hay un truco para evitarlo.

Más información: Jordi Roca, chef con tres estrellas: "Para que el pollo asado quede jugoso por dentro, 'siéntalo' sobre una cerveza"

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¿Por qué una receta tan sencilla como el pollo asado nos da tanto miedo las primeras veces?

El temor a no conseguir unas pechugas jugosas, los muslos en su punto y una adictiva piel crujiente que asociamos al pollo asado perfecto es infundado cuando se tiene claro cuál es el truco.

La cocina tradicional, la de las abuelas, nos ha dejado algunos como untar el pollo con mantequilla o introducirla bajo la piel, o el famoso truco del limón partido en la cavidad. Ambos resultan útiles porque aportan sabor y ayudan a dorar la superficie.

Pero no resuelven todo y hay un truco más fácil si cabe que es el que usan los mejores chefs para que el pollo al horno quede jugosísimo.

Los cocineros profesionales coinciden en señalar al mismo ingrediente como la clave del éxito: la sal. No se trata simplemente de salpimentar antes de hornear, sino de utilizar la sal de formas muy concretas para transformar la textura y el sabor del pollo desde dentro.

Jordi Cruz: sal sin miedo

El chef catalán Jordi Cruz, con cinco estrellas Michelin y jurado de MasterChef, defiende que la sal es el ingrediente al que más atención hay que prestar cuando se asa un pollo.

Si hay prisa, recomienda cubrir generosamente el pollo con sal fina antes de hornearlo, asegurándose de salar también el interior de la cavidad.

Si se puede planificar, la opción que prefiere es usar sal gruesa y dejar el pollo en reposo entre 10 y 12 horas, un marinado lento que potencia el sabor de manera uniforme y evita que la carne se seque en el horno.

Cruz insiste también en un paso que muchos pasan por alto: atemperar el pollo. Antes de meterlo al horno, el ave debe reposar a temperatura ambiente durante tres o cuatro horas.

De este modo se evita el choque térmico entre el frío de la nevera y el calor del horno, lo que provocaría una cocción desigual y una pérdida prematura de líquidos.

Alfredo Vozmediano: la salmuera, el método definitivo

El chef Alfredo Vozmediano, uno de los cocineros más seguidos en YouTube e Instagram, llevó la cuestión un paso más allá con un experimento práctico. En un vídeo publicado en su canal, asó tres pollos con métodos distintos.

Con el que obtuvo un mejor resultado fue el que sumergió durante 24 horas en una salmuera antes de asarlo. Basta una solución de dos litros de agua con 100 gramos de sal y algunos ingredientes aromáticos para conseguir un pollo mucho más jugoso.

Esta es, de hecho, la misma técnica que utilizan las marcas de supermercado para comercializar pechugas de pollo "ultratiernas", solo que en casa se puede hacer con ingredientes básicos y sin ningún aditivo.

La receta del pollo asado más fácil

Para preparar un pollo asado fácil y riquísimo necesitamos: 1 pollo entero de entre 1,5 y 2 kg, 2 litros de agua, 100 g de sal, hierbas aromáticas al gusto como romero, tomillo o laurel, 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra y pimienta negra molida al gusto.

Comenzamos disolviendo la sal en una cuarta parte del agua que calentaremos ligeramente para facilitar que se integre. Añadimos después el resto del agua fría y los ingredientes aromáticos.

Introducimos el pollo limpio en la salmuera, asegurándonos de que quede completamente cubierto. Tapamos el recipiente y lo refrigeramos durante 24 horas o, como mínimo, toda la noche.

Pasado ese tiempo, retiramos el pollo de la salmuera y lo secamos a conciencia con papel de cocina, tanto por fuera como por dentro. Lo untamos ligeramente con aceite de oliva y añadimos pimienta negra molida al gusto.

Precalentamos el horno a 180 °C con calor arriba y abajo, con ventilador si el horno lo tiene. Colocamos el pollo sobre una rejilla con una bandeja debajo para recoger los jugos.

Horneamos durante unos 90 minutos si el pollo pesa cerca de 2 kg, o entre 75 y 80 minutos si pesa 1,5 kg. A partir de los 60 minutos, controlamos el punto con un termómetro de sonda insertado en la parte más gruesa de la pechuga, sin tocar hueso. Estará listo cuando marque 75 °C.

Dejamos reposar el pollo fuera del horno durante 5-10 minutos antes de trincharlo, para que los jugos se redistribuyan.

Preguntas frecuentes

  • ¿El pollo queda salado después de estar tantas horas en salmuera? No. Cuando se respetan las proporciones (unos 50 g de sal por litro de agua), el pollo absorbe justo la cantidad de sal que necesita. No es necesario añadir más sal después de la salmuera.
  • ¿Se puede hacer la salmuera con menos tiempo? Sí. El mínimo recomendable son seis horas, tiempo suficiente para que la sal penetre en buena parte de la carne. Cuantas más horas, mejor resultado, pero incluso con medio día se notará la diferencia respecto a un pollo sin salmuerizar.
  • ¿La salmuera funciona también con piezas sueltas de pollo? Sí, la técnica es válida para muslos, pechugas o cuartos. En piezas más pequeñas el tiempo de salmuera se reduce, con dos o tres horas suele ser suficiente.
  • ¿Qué diferencia hay entre salar en seco y usar salmuera líquida? El salado en seco, como propone Jordi Cruz, potencia el sabor y ayuda a conseguir una piel muy crujiente porque deshidrata la superficie. La salmuera líquida, como la de Vozmediano, añade además humedad a la carne, lo que se traduce en una jugosidad superior.
  • ¿Es necesario usar termómetro de cocina? No es imprescindible, pero sí muy recomendable. Un termómetro de sonda elimina las dudas sobre si el pollo está hecho o crudo por dentro. El truco clásico de pinchar entre el muslo y la pechuga y comprobar que los jugos salen claros sigue siendo una alternativa válida si no se dispone de termómetro.