Vino en un supermercado.

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Actualidad gastronómica

Vino tinto, embutido y otros de los productos que más hurtan los empleados de tiendas de alimentación

Las pérdidas causadas por estos robos en el sector en 2025 ascendieron a más de 2.800 millones de euros, un 52% más que el año anterior.

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El vino tinto crianza o la caña de lomo aparecen de forma recurrente en las listas de hurtos por parte de empleados en tiendas de alimentación. No son los únicos, destilados como el whisky o las pechugas de pollo también están entre las 'víctimas'.

Símbolos de calidad, de disfrute y, en muchos casos, de estatus accesible. En términos gastronómicos, hablamos de productos con un alto valor percibido y una vida útil razonablemente larga, lo que los convierte en objetivos ideales.

El vino, por ejemplo, combina varios factores clave: facilidad de almacenamiento, precio variable —desde gamas básicas hasta etiquetas premium— y una demanda constante.

Tal y como informa EFE, lo mismo ocurre con los embutidos curados, como el chorizo o el lomo, cuyo consumo está profundamente arraigado y que no requieren preparación inmediata.

Según los datos que arroja la Asociación Española de Empresas de Gran Consumo (AECOC) los hurtos en el sector ascendieron a más 2.800 millones de euros en pérdidas en 2025, con alimentación y bebidas encabezando la lista, un 52 % más que un año antes.

Un sobre de jamón.

Un sobre de jamón. iStock

En su particular lista también figuraban bombones, torreznos o mostaza antigua, productos que evocan indulgencia más que supervivencia.

Aunque no siempre se distingue entre robo externo e interno, los casos judiciales dibujan una “despensa paralela” construida desde dentro.

Historias como el caso de una empleada en Tenerife, que sustrajo decenas de botellas de whisky, vino tinto crianza y otros productos gourmet, y acabó en despido, tal y como ratificó el Tribunal Superior de Justicia de Canarias.

También acabó en despido el caso de una cajera que durante varias semanas de 2025 permitió a una conocida sacar sin pagar un chorizo de herradura, patatas fritas, filetes y alitas de pollo y lomo adobado, entre otros productos.

Entre la picaresca y la cultura del producto

España tiene una larga tradición de picaresca, y el ámbito alimentario no es una excepción. Desde cambiar etiquetas de precio hasta permitir que terceros se lleven productos sin pagar, los métodos son variados. Pero el denominador común sigue siendo el mismo: alimentos que forman parte del imaginario culinario cotidiano.

El caso de una trabajadora que rebajó drásticamente el precio de piezas de lomo ibérico ilustra bien esta conexión entre conocimiento gastronómico y oportunidad. No eligió un producto cualquiera: sabía exactamente qué tenía valor, tanto en el mercado como en la mesa.

¿Por qué estos productos suelen ser el blanco fácil de los hurtos? En el caso del embutido o el vino, son piezas que concentran precio en poco volumen y que despiertan deseo, sobre todo en consumidores que no compran regularmente estos productos.

Comprar el vino en el súper ha dejado de ser una mala idea.

Comprar el vino en el súper ha dejado de ser una mala idea.

Resulta paradójico que los mismos productos que definen la riqueza culinaria española sean también protagonistas de estas prácticas. El vino y el embutido, celebrados en ferias, rutas y denominaciones de origen, aparecen aquí como objetos de deseo en un contexto muy distinto.

Más allá de la anécdota judicial, el fenómeno invita a reflexionar sobre el valor cultural de los alimentos. Cuando un producto trasciende su función básica y se convierte en símbolo, también aumenta su atractivo fuera de los cauces legales.