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Se acabó la fabada celestial de las monjas excomulgadas de Belorado. El denominado "primer restaurante de clausura", ubicado en Arriondas (Asturias), ha cerrado sus puertas definitivamente.

Así lo ha anunciado su jefe de prensa, Francisco Canals, en un comunicado oficial, en el que atribuye el cierre a la marcha de sor Myriam, la que podríamos llamar 'jefa de cocina' del establecimiento.

La religiosa se ha acogido a lo que en derecho canónico se conoce como "ausencia comunitaria", una suerte de excedencia, consecuencia del "profundo desgaste físico, psíquico y emocional" que ha sufrido durante los últimos meses.

El portavoz atribuye la decisión a la enorme "presión mediática, legal y judicial" a la que se ha visto sometida desde que ella y sus compañeras, sor Sión y sor Alma, rompieran con el Vaticano.

No obstante, la orden asegura que esta decisión "no implica en ningún caso un abandono de la vida religiosa, ni una exclaustración, ni una ruptura" con la comunidad.

Aun así, informan de que las tres hermanas tendrán que buscar una nueva fuente de ingresos: "Ella buscará trabajo en alguna cocina y es labor de todos buscarle un trabajo y darle una oportunidad para que tenga una vida laboralmente integrada".

No ha pasado ni un año desde que las clarisas iniciaron su proyecto gastronómico. Lo contábamos en Cocinillas en febrero de 2025: alquilaron el hotel Ribera del Chicu para desarrollar su negocio.

El modelo consistía en que las exmonjas permanecían en cocina, sin atender la sala, mientras personal contratado o voluntario servía las mesas, con un comedor pequeño de unas 10 mesas y dos turnos diarios, respetando así la idea de 'clausura' aplicada a un negocio abierto al público.

La oferta mezclaba cocina tradicional asturiana con recetas conventuales, especialmente repostería y chocolate, aprovechando su experiencia previa elaborando dulces que ya vendían en tiendas gourmet e internet antes del conflicto con la Iglesia.

Desde el inicio el restaurante recibió muchas reservas, llamadas y visitas de medios, convirtiéndose en un símbolo de la búsqueda de autosuficiencia económica de la comunidad tras verse privada de otros ingresos.

El menú, compuesto por un primero, un segundo, postre y bebida, costaba unos 15 euros entre semana y 18 euros los fines de semana, con bastante buena valoración por parte de los clientes.

Ahora su futuro pasa por dos frentes: por un lado, encontrar dónde vivir y cómo sostenerse cuando salgan del convento (tienen una orden judicial de deshaucio fijada para el 10 de febrero de este año) y; por otro, decidir si mantienen el grupo cismático como tal o si cada una busca su camino (otras comunidades, vida laica o trabajos civiles), algo que aún no han aclarado públicamente.