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Vincenzo Moldavio, natural de Apulia (Italia), es un hombre jubilado de 73 años que ha dedicado casi toda su vida a la hostelería. Tras décadas ligado al trabajo, hace unos meses quiso compartir su historia en Fanpage.it, un periódico digital italiano.

Moldavio comenzó a trabajar muy joven, a los 14 años, en una pizzería en Apulia donde hacía jornadas larguísimas, desde las 10 de la mañana hasta la medianoche.

Por aquel trabajo apenas cobraba un salario simbólico, alrededor de 13 euros al mes al cambio, pero ese dinero resultaba esencial para ayudar económicamente a su familia.

"Más tarde descubrí que no había cotizado nada a la Seguridad Social", cuenta. Su empleo en el pequeño restaurante se desarrollaba totalmente al margen de las obligaciones formales.

Con 16 años dejó la primera pizzería y pasó a otro establecimiento hostelero donde trabajó seis meses de 7:00 a 15:00 y de 18:00 a medianoche, encadenando dobles jornadas que apenas le dejaban tiempo para descansar.

A pesar de esas largas horas, solo llegó a cotizar 30 días, ya que estaba como aprendiz y su salario se limitaba a unos pocos céntimos. Esta falta de cotizaciones en los años 60 marcó su vida laboral y alimentó aún más la precariedad.

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Camino a la jubilación

Como hemos visto, la carrera laboral de Vincenzo ha estado marcada por la explotación y las lagunas de cotización, lo que retrasó su acceso a una pensión digna.

En 2015 sufrió un infarto y, entonces, pudo al fin jubilarse, pero podría haberlo hecho mucho antes si le hubiesen pagado correctamente las cotizaciones en 1967, 1968 y 1969.



Y Vincenzo no es el único. Según cuenta, por culpa de quienes no le dieron de alta y abonaron cantidades mínimas, muchos trabajadores de su generación se vieron obligados a prolongar años su vida laboral para poder alcanzar el derecho a la jubilación.

Aunque ahora ya está jubilado, aún se mantiene en contacto con el mundo laboral a través de compañeros de profesión y de las historias que siguen llegándole desde el sector hostelero. "Cuando miro a mi alrededor me doy cuenta de que nada ha cambiado", lamenta.

Vincenzo sostiene que lo que él vivió en los años 60 continúa ocurriendo hoy, especialmente en empleos temporales y estacionales vinculados al turismo y la hostelería.

Pone como ejemplo casos de jóvenes que descubren que su contrato es de media jornada cuando en realidad trabajan a tiempo completo, o que terminan cobrando un salario muy inferior al prometido pese a hacer jornadas exhaustivas.



También menciona empleadas de hotel que trabajan 12 horas diarias con contratos de 4 horas, y situaciones en las que, incluso en otros sectores turísticos, se sobrepasan límites de seguridad, como barcos que transportan más pasajeros de los permitidos. "Y todo para lucrarse", denuncia.

La lucha por la dignidad laboral

Tras décadas de explotación, Vincenzo afirma que el problema no es la falta de personal, sino la falta de condiciones laborales dignas que animen a la gente a trabajar.

Cuando él mismo tuvo empleados, se impuso como norma pagarles hasta el último céntimo, pues conocía en primera persona lo que es sentirse explotado.



Para terminar, critica que las autoridades conocen perfectamente estas prácticas pero no actúan, y considera que el sistema obliga a los trabajadores a defenderse incluso de quienes deberían proteger sus derechos.