Mesón Ventorrillo, ubicado en Ventorrillo, dentro del pequeño municipio cántabro de Pesquera, es uno de esos sitios donde aún se come como antes: cocina casera abundante, precios contenidos y un ambiente de bar de pueblo que parece detenido en el tiempo.
Su fama reciente se debe a que muchos viajeros lo han señalado como una parada imprescindible para disfrutar de la cocina tradicional de Cantabria en un entorno rural auténtico, lejos de los circuitos turísticos masificados.
Pesquera se encuentra en el interior de Cantabria, en la comarca del Besaya, muy cerca de la A-67, que conecta la región con la meseta castellana.
Es un municipio minúsculo, con una población en torno a los 72 habitantes según los últimos datos del INE, marcado por el envejecimiento demográfico y la pérdida de población típica de muchos pueblos del interior cántabro.
No obstante, la localidad conserva el encanto de la Cantabria rural: casas de piedra, prados verdes, silencio y la sensación de que todo el mundo se conoce.
Mesón Ventorrillo, en el número 23 de la calle Ventorrillo, es un pequeño restaurante familiar, de esos en los que el calor de la estufa de leña, la barra con embutidos colgando y las vitrinas llenas de quesos marcan el ritmo del comedor.
Un plato de cuchara de Mesón Ventorrillo.
Allí manda la cocina casera de cuchara y de producto, elaborada como se hacía antes, con raciones generosas y sin sofisticaciones ni cocina de diseño.
La carta es breve, centrada en guisos tradicionales, carnes, embutidos y postres caseros, y se complementa con una selección de quesos de la zona que se muestran en la vitrina, como señalábamos.
Tienen también raciones de rabas, anchoas, croquetas, salpicón de marisco, zamburiñas, pulpo, cecina, sardinillas, boquerones y morcilla.
Los clientes destacan precisamente eso: que es un sitio para "comer bien", con sabores reconocibles, cocciones a fuego lento y platos que recuerdan a la cocina de siempre, en un ambiente acogedor y muy familiar.
Mejores platos y especialidades
Uno de los platos estrella es el cocido lebaniego, que muchos visitantes recomiendan especialmente en invierno, servido al lado de la estufa y en raciones más que generosas. De hecho, ofrecen un menú de cocido y postre por sólo 20 euros.
También son muy apreciados otros guisos tradicionales de legumbres y cuchara, así como las tablas de embutidos y quesos que cuelgan y reposan a la vista en el propio comedor.
En el apartado dulce, el mesón ofrece postres caseros clásicos como natillas y arroz con leche, además de algunos quesos servidos como cierre de la comida, que refuerzan la sensación de estar comiendo en una casa de pueblo más que en un restaurante al uso.
