José Luis Marín en una imagen cedida.

José Luis Marín en una imagen cedida.

Salud

José Luis Marín, médico psicoterapeuta: "La felicidad ahora es estar en paz, en calma. Es la ausencia de ruido"

"La depresión no está en nuestro cerebro, sino en nuestra vida"/ "Hemos convertido a los revolucionarios en pacientes deprimidos"/ "La psicología es una especialidad acomplejada" / "Una etiqueta diagnóstica como la de la depresión, la esquizofrenia o la ansiedad puede definir una vida" / "Cerca del 90% de las personas que toman antidepresivos no los necesitarían".

Más información: Noelia Samartin, 32 años, psicóloga: "Buscar la felicidad permanente impide alcanzar el ideal, que es la vida tranquila"

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Las claves

José Luis Marín, médico psicoterapeuta, defiende que la salud mental y la física no deben separarse, ya que ambas están profundamente conectadas.

Critica la psiquiatría actual por centrarse en diagnósticos sin causas médicas claras y por el uso excesivo de antidepresivos como solución rápida.

Propone que los trastornos mentales suelen ser respuestas a condiciones sociales y personales, no solo problemas individuales o biológicos.

Aboga por un enfoque sanitario que valore la historia y el contexto del paciente, priorizando la persona sobre la patología.

La dicotomía salud mental y física es un sinsentido. La medicina se ha empeñado desde el siglo pasado en separar las enfermedades según la parte del cuerpo a la que afecten y dejar los males emocionales en un plano diferente.

El contexto social de cada persona puede predisponerle a sufrir problemas físicos y mentales o protegerle de ello. A la vez, el malestar mental favorece la inflamación en el organismo y debilita el sistema inmune, entre otras consecuencias, que pueden derivar en una patología física y viceversa.

Los médicos "no ven personas, ven patologías", que tratan específicamente sin tener en cuenta el contexto que rodea al paciente, si tiene problemas económicos, laborales, sociales o de otra índole, que puedan estar tras ese problema orgánico o emocional. Todo esto es lo que defiende José Luis Marín, médico psicoterapeuta (Madrid, 76).

El facultativo publica el próximo 26 de febrero el libro La salud mental no existe. La salud, sí (Montena, 2026). Una obra en la que llama a la recuperación de un concepto de la salud integrador y un sistema sanitario con profesionales que valoren todas estas aristas a la hora de evaluar al paciente.

El filósofo Ortega y Gasset dijo en el siglo pasado: "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo". Ahora Marín recupera la cita para pedir un cambio en el sistema que ponga a la salud y la persona en el centro, en lugar de mirar solo a la patología.

Usted define la psiquiatría como una disciplina sin enfermedades. ¿Qué quiere decir exactamente con eso?

Me refiero a que es una especialidad que surge con diagnósticos, pero sin enfermedades en sentido médico. Para que en medicina podamos hablar de enfermedades, tenemos que saber la causa del problema. En psiquiatría, sin embargo, eso no pasa, ni ha pasado nunca.

Existen trastornos, alteraciones en el pensamiento, en la conducta o en el proceso de las emociones, pero anticipamos sin que sepamos realmente cuál es la causa, sin que haya una sola causa y sin que, hasta el momento, hayamos encontrado marcadores biológicos [análisis de sangre, una radiografía…] que las diagnostiquen.

¿Qué consecuencias tiene para el paciente que se siente al otro lado de la mesa con un diagnóstico en la mano?

Los diagnósticos psiquiátricos no son inocentes ni inocuos. Una etiqueta diagnóstica como la de la depresión, la esquizofrenia o la ansiedad puede definir una vida. Crear un bucle en el que él mismo y quienes le rodean le reduzcan a esa afección.

Habla de la obsesión de la psiquiatría por buscar pruebas visibles de los trastornos. ¿Considera la psiquiatría una especialidad acomplejada?

Sí. Lo digo con cariño, pero creo que siempre hemos tenido envidia de nuestros colegas cardiólogos, neurólogos o gastroenterólogos, entre otros.

Nuestros compañeros de otras especialidades sí tienen biomarcadores y pruebas funcionales para demostrar que una serie de síntomas son por una enfermedad conocida. Saben perfectamente lo que ocurre. En psiquiatría eso no ha pasado y sigue sin pasar.

Critica el uso actual de los antidepresivos en la psiquiatría. ¿Qué lugar deberían ocupar realmente estos fármacos en la consulta?

Son fármacos que tienen hueco, pero debería ser un lugar pequeño. De hecho, hay estudios que plantean que cerca del 90% de las personas que los están tomando no los necesitarían realmente.

Ahora los prescribimos con mucha felicidad porque el sistema sanitario en salud mental no tiene ni tiempo ni otros recursos. Los psicofármacos son la única herramienta a nuestro alcance, pero deberían ser solo un tratamiento de urgencia, porque la depresión no está en tu cerebro, sino en tu vida.

Está en nuestra historia pasada y en la actual. Las circunstancias por las que estamos pasando ahora son las que nos deprimen. Eso sí, si alguien está tomando antidepresivos, no puede dejarlos. Es muy importante que, si se lo plantea, lo consulte con su médico de cabecera o su psiquiatra.

¿Hasta qué punto el malestar que etiquetamos como trastornos mentales es, en realidad, una respuesta lógica a las condiciones de vida, de trabajo y de precariedad actuales?

Es exactamente así. Los trastornos mentales son realmente trastornos sociales. El problema es que, mientras etiquetamos a las personas como trastornadas, dejamos de mirar esos determinantes. Esta es la gran trampa del sistema.

Etiquetamos como enfermos a los que protestan y así la sociedad se va de rositas, una sociedad que hemos creado entre todos. El malestar colectivo se ha convertido en individual y así ya no hay nada que protestar porque, simplemente, te falta serotonina.

El filósofo Byung-Chul Han [Premio Princesa de Asturias 2025] lo refleja muy bien en su obra La sociedad del cansancio. Afirma que lo que hemos hecho ha sido convertir a los revolucionarios en deprimidos. Para el sistema es fantástico: ya no hay revoluciones, la gente ya no se queja

Si dejamos de hablar de "salud mental" y empezamos a hablar de salud a secas, ¿qué es para usted una vida feliz hoy?

Yo creo que salud y felicidad son dos cosas que pueden existir separadas. Puede haber personas que no tengan la primera, pero sí la segunda. Un diabético es alguien enfermo, pero puede ser perfectamente feliz.

Por otro lado, puede haber gente completamente sana, pero infeliz. Para mí la felicidad tiene más que ver con estar en paz, con el silencio, la calma. En definitiva, con la ausencia de ruido.

Usted critica el DSM y plantea los trastornos mentales como un intento de adaptación de los pacientes. ¿Qué cambia en la forma de tratar a una persona cuando no ve su síntoma como un enemigo a erradicar, sino como un intento desesperado de sobrevivir?

Cambia absolutamente la manera de hacer la clínica e, incluso, la perspectiva del paciente. Le permite entender que lo que le está pasando es algo que se entiende dentro de un contexto y dentro de una biografía. Es decir, que no es solamente un déficit suyo.

Al principio del libro, lamenta que ahora sabemos más de la enfermedad, pero menos de la salud. ¿Cómo es posible esta dicotomía?

En medicina nos enseñan a mirar patologías, no personas. Mucho menos a estudiar la salud y promoverla. Actualmente es una disciplina centrada en el tratamiento, en la enfermedad y en el fármaco, básicamente.

¿Qué hay que cambiar en hospitales y consultas para volver a poner la salud, y no solo la patología, en el centro de la práctica médica y psiquiátrica?

Cambiar la mirada y volver a interesarnos por la persona. Hay que volver a poner en el centro la biografía, la historia de cada paciente y no mirarle como un enfermo, sino como un humano. Eso también pasa por la pregunta fundamental. Debemos cambiar el "¿qué te pasa?" por "¿qué te ha pasado?"