Una persona realizando un test de alcoholemia.

Una persona realizando un test de alcoholemia.

Salud

Confirmado el 'síndrome de autocervecería': estas personas fermentan alcohol en su cuerpo y dan positivo sin haber bebido

El mayor estudio hasta la fecha sobre esta afección ha identificado dos bacterias y varias vías metabólicas tras este proceso.

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Dar positivo en un control de alcoholemia es la pesadilla de cualquier conductor. Aunque esté prohibido conducir tras beber alcohol, algunas personas se arriesgan a coger el coche después de tomarse una copa o una cerveza y si tienen la mala suerte de cruzarse con un control de policía, probablemente acabe en multa.

Con esta premisa, parece lógico que quienes no toman ni una gota de alcohol antes de conducir están completamente fuera de peligro, pero tampoco es algo totalmente cierto, al menos, no para todo el mundo.

Sí, es posible dar positivo en un control de alcoholemia sin tomar ni una caña y se debe al proceso de fermentación que sufren algunas personas en su intestino. Se trata del síndrome de autodestilación o de la autocervecería (SAB por sus siglas en inglés) y hace que los carbohidratos se conviertan en etanol en el intestino.

El resultado en estas personas es que experimentan los mismos síntomas que provoca una borrachera, pero sin probar ni una bebida espirituosa.

Una reciente investigación publicada en Nature Microbiology ha conseguido identificar dos bacterias y algunas vías metabólicas tras este proceso. Los microbios señalados son Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, que metabolizan los azúcares presentes en el intestino de los pacientes y lo transforman en alcohol.

"Pueden elevar los niveles de alcohol en sangre lo suficiente como para causar una intoxicación legal", ha contado a la prensa Bernd Schnabl, autor del artículo y profesor de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego.

Además de las dos bacterias, el equipo también observó que algunos pacientes con SAB también presentaron niveles mucho más altos de enzimas (un tipo de proteína) involucradas en las vías de fermentación en comparación con el grupo de control.

Los autores señalan que, en lugar de centrarse en especies bacterianas específicas, los tratamientos dirigidos a las enzimas microbianas involucradas en la producción de etanol podrían ser una estrategia más eficaz.

Este es uno de los puntos fuertes de la investigación, según Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología y director del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra (UNAV). "Es un paso más para ver que esto no es una curiosidad sin más".

Como fabricar vino en el intestino

No es un proceso tan raro, explica el experto. De hecho, ocurre en todas las personas al acabar de comer, se fermentan los azúcares y se produce alcohol, pero ocurre a niveles mínimos e imperceptibles.

En las personas con esta afección se produce con mucha más intensidad y se pueden alcanzar niveles lo suficientemente altos como para causar una intoxicación etílica o una borrachera.

Rafael Cantón, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), explica que es un proceso completamente natural. El mismo que se emplea para elaborar el vino o la cerveza, pero tiene lugar en el intestino de los pacientes.

Las dos bacterias identificadas en el estudio son muy comunes, por eso el microbiólogo hace hincapié en no crear una alarma innecesaria. Los casos de síndrome de autodestilación son muy escasos y tener la presencia de estos microorganismos en el intestino no significa que se vaya a sufrir.

Hacen falta una serie de condiciones, como contar con los microorganismos capaces de realizar este proceso y que estos se encuentren en una gran concentración en la microbiota. También puede influir la dieta de los pacientes, ya que si ingieren una alta cantidad de carbohidratos, para ellos puede ser como tomar alcohol, agrega.

Por otro lado, Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae son familias de bacterias compuestas por un gran número de cepas, por lo que no todos estos microorganismos pueden causar estas borracheras sin alcohol.

Una de estas cepas con la vía de fermentación alcohólica sobreestimulada tendría que llegar primero al organismo de un paciente para que se desarrolle la afección, desarrolla el portavoz de la SEIMC.

Por otro lado, los dos expertos coinciden en que estos dos microorganismos no son los únicos con este efecto. Los investigadores los han encontrado a ellos, pero puede haber muchas más bacterias y levaduras tras el proceso, dice López-Goñi.

Los propios autores del estudio reconocen que es difícil identificar los microbios exactos responsables del SAB en cada paciente.

Opciones terapéuticas casi inexistentes

Las consecuencias médicas del sufrir SAB de manera prolongada pueden incluir daño hepático, deterioro cognitivo, problemas digestivos y síntomas de abstinencia, entre otros, señalan los autores del trabajo.

Por desgracia, es una enfermedad tan poco común que no hay un consenso claro sobre cómo abordarla y muchos tratamientos están todavía en fase de experimentación. Una de las técnicas que se está poniendo a prueba es la transferencia de microbiota fecal.

Con este método se hace una suerte de trasplante de heces de un paciente con una microbiota sana a otro que tiene este síndrome. Los propios autores de la investigación publicada en Nature Microbiology incluyeron esta técnica en su trabajo.

Una paciente a la que le hicieron dos de estas transferencias vio como sus síntomas remitieron gracias a ello, después de probar otros tratamientos que no habían funcionado. Este es uno de los logros más interesantes del artículo, a ojos del catedrático de la UNAV.

Otra opción es la utilización de enzimas que inhiban esas vías de fermentación alcohólicas, expone Cantón. Esta todavía tiene algunos problemas que resolver, como su administración. Si se administran por vía oral, pueden degradarse en el intestino.

También se puede barajar el uso de probióticos e, incluso, de antibióticos, para acabar directamente con las bacterias causantes del problema, añade el portavoz de la SEIMC.

Para Cantón, el punto fuerte del trabajo es la muestra del estudio. La investigación ha contado con 22 pacientes, 21 convivientes de estas personas y un grupo de 22 voluntarios sanos que conforman el control para poder comparar.

Aunque 22 pacientes puede parecer una cantidad demasiado pequeña, aquí es todo un logro que hayan logrado encontrarlos para la investigación, ya que es una enfermedad con muy pocos casos conocidos. "En este caso es una buena muestra", dice Cantón.

Los autores del estudio creen que la prevalencia tan baja se debe a un infradiagnóstico producido por la falta de concienciación, las dificultades diagnósticas y el estigma.