Brad Pitt y Angelina Jolie, divorciados.

Brad Pitt y Angelina Jolie, divorciados.

Salud Genética

El divorcio es genético: el estudio con hijos de parejas rotas que lo prueba

El trabajo contradice la literatura científica previa sobre este asunto, que culpaba a los factores ambientales de esta tendencia. 

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Más allá de los rumores que acompañaron a la relación casi desde el principio, hubo una segunda razón por la que el divorcio de Angelina Jolie y Brad Pitt pudo no sorprender a nadie. Y es la creencia generalizada de que, en lo que a relaciones amorosas se refiere, muchas personas sin saberlo tienden a comportarse del mismo modo que vieron obrar a sus padres en casa. Aunque los padres del actor llevan juntos toda la vida, no es el caso de la actriz, que vivió el divorcio de los suyos con tan sólo nueve años de edad. 

Esto último cuadra con estudios anteriores, que aseguran que los hijos de divorciados son más propensos a divorciarse de sus propias parejas cuando llegan a la edad adulta. Aunque la razón obvia es mamar lo que se ha visto en casa, un nuevo estudio rechaza ahora que el ambiente sea el único culpable de esta correlación y fija la vista en los genes.

De tal palo tal astilla

Este trabajo, que será publicado próximamente en Psychological Science, ha sido llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Virginia Commonwealth en colaboración con científicos de la Universidad de Lund, en Suecia.

Los autores analizaron una serie de datos extraídos de los registros suecos de adopción. La razón por la que optaron por fijarse en hijos adoptivos es sencilla: si un hijo se parece a sus padres adoptivos, los caracteres en cuestión se transmitirán por factores claramente ambientales, mientras que si muestran parecido con sus padres biológicos debe ser por causas genéticas.

En un primer momento, cuando sólo se compararon padres e hijos, se mostró una influencia ambiental clara, pero la cosa cambió cuando los datos se extrajeron dentro de una misma generación, entre hermanos, tanto adoptivos como biológicos

En este caso, los niños se parecían a sus hermanos biológicos en su propensión a divorciarse en el futuro, pero no a los adoptivos. Por lo tanto, sí que parece haber una influencia de los genes en este aspecto.

Estos resultados entran en conflicto con los de estudios anteriores, que concluyen que crecer en un hogar de padres divorciados afecta psicológicamente a los vástagos hasta el punto de hacerles fracasar en sus futuras relaciones. Sin duda es un duro golpe, con consecuencias psicológicas claras; pero, de estar estos investigadores en lo cierto, la genética también tiene buena culpa en este tema. Sea como fuere, cada situación es única y que la relación de unos padres fracase no tiene por qué terminar con una bonita historia de pareja. Digan lo que digan los genes.