Imagen de laboratorio del Hospital de Liencres, en Cantabria, donde se trabaja con la terapia con células CAR-T.

Imagen de laboratorio del Hospital de Liencres, en Cantabria, donde se trabaja con la terapia con células CAR-T. Román G. Aguilera EFE

Salud

Células CAR-A para tratar el alzhéimer: un estudio promete "un cambio de paradigma" en el tratamiento de la enfermedad

Los científicos han demostrado que con esta terapia pueden reducirse las placas de beta-amiloide, un factor importante en la neurodegeneración.

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Las claves

Un estudio ha adaptado la terapia CAR-T para tratar el alzhéimer mediante astrocitos modificados (CAR-A), logrando reducir significativamente las placas de amiloide en modelos animales.

Con una sola inyección de CAR-A se previene la formación de nuevas placas y se reduce a la mitad las ya existentes, aunque no se observaron mejoras en el comportamiento de los animales.

El hallazgo abre nuevas vías para tratar otras enfermedades neurodegenerativas y tumores cerebrales, aunque aún existen dudas sobre la seguridad y aplicación en humanos.

La terapia podría ser más eficaz si se aplica en fases tempranas del alzhéimer, pero aún falta determinar los riesgos y los candidatos ideales para el tratamiento.

Las células CAR-T han mostrado su utilidad frente a determinados tipos de cáncer. Ahora, un grupo de investigadores ha adaptado esta revolucionaria terapia al tratamiento contra el alzhéimer, la enfermedad neurodegenerativa más común en España.

Si en el primer caso se modifican en el laboratorio los linfocitos T para que ataquen a las células tumorales, en el segundo se hace lo propio con los astrocitos, una célula que se encarga de dar soporte a las neuronas, para disminuir las placas de amiloide que se acumulan en el cerebro.

Al introducir los los CAR-astrocitos (CAR-A) en los modelos animales, los autores del estudio, que se ha publicado este jueves en la prestigiosa revista Science, han observado una reducción significativa del amiloide.

El hallazgo demuestra por primera vez que es posible programar células del propio sistema nervioso para que busquen un objetivo específico y lo destruyan de forma dirigida. Hasta ahora se consideraba muy difícil por la barrera hematoencéfalica, que es la muralla protectora del cerebro.

Una sola inyección

Desde el primer caso documentado de esta enfermedad, se sabe que los pacientes desarrollan placas de amiloide. Pero aún sigue siendo objeto de debate si es la que desencadena una cascada de procesos patológicos progresivos que terminan destruyendo las neuronas.

No obstante, los tratamientos que se han aprobado recientemente en pacientes con alzhéimer están diseñados para atacar la proteína amiloide. Su inconveniente, además de los efectos secundarios, es que obligan al paciente a acudir cada cierto tiempo al hospital para recibirlo.

En el caso de esta terapia, los investigadores han comprobado que bastaría con una única inyección no solo se previene la formación de nuevas placas de amiloide, sino que se logra reducir a la mitad las que ya estaban atacando a las neuronas.

Pese a la reducción significativa, es cierto también que no se han observado cambios en el comportamiento de los animales, lo que refleja que por el momento no es posible revertir el proceso neurodegenerativo una vez que ya está en marcha.

Pablo Villoslada, jefe del Servicio de Neurología del Hospital del Mar, defiende que no era este el objetivo del estudio, en el que no ha participado, sino demostrar la eficacia de esta terapia a nivel biológico.

Al director científico adjunto del Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Neurodegenerativas (Ciberned), Miguel Medina, le recuerda a lo ocurrido con los anticuerpos aprobados en los últimos dos años, que tienen un efecto modesto en los síntomas cognitivos.

Aun así, valora que se trata de una investigación muy innovadora. Ambos coinciden en que con este estudio pionero "se abre una ventana de esperanza", aunque aclaran también que aún estamos lejos de poder ver su aplicación en humanos.

Y es que el principal obstáculo que plantea esta terapia es el acceso al propio sistema nervioso. En las células CAR-T no suele haber problemas de rechazo porque se producen a partir del propio sujeto, pero en este caso si hubiera que recurrir a ellas "no sería tan sencillo".

Con la alternativa que plantean los autores no sería necesario hacer una inyección directamente en el cerebro pero se desconoce si podría afectar a otra función cerebral.

Además, a día de hoy no hay ningún trabajo que haya analizado qué riesgos implica introducir astrocitos modificados genéticamente en el cerebro.

Otra de las "cuestiones abiertas" es quiénes pueden ser los candidatos ideales. Sobre todo porque en este estudio se ha utilizado un modelo animal que es "muy artificial", ya que presenta cinco mutaciones (las personas con alzhéimer no suelen alcanzar esta cifra).

En todos los tratamientos que se están intentando desarrollar para el alzhéimer, comenta Villoslada, sabemos muy bien que cuanto antes se apliquen mejores resultados vamos a poder tener.

En los ratones que fueron tratados antes de desarrollar la enfermedad, la inyección evitó por completo la formación de placas de amiloide a los tres meses de recibirla, por lo que es posible que sea más eficaz en las fases tempranas de la enfermedad.

Más allá del alzhéimer

El investigador en el Institut de Biomedicina de València del CSIC Jordi Pérez-Tur asegura, en declaraciones a SMC España, que el estudio es una caracterización tan preliminar como prometedora de un cambio de paradigma en el tratamiento de la enfermedad.

"Nos abrirá nuevas vías para plantearnos hacer tratamientos para otras enfermedades degenerativas", añade Villoslada. De mantenerse los resultados en humanos, en el futuro se podrían diseñar astrocitos específicos para pacientes con párkinson o con ELA.

Los autores también confían en que los astrocitos sean capaces de reconocer marcadores específicos, pudiendo conseguir que estas células eliminasen a las tumorales, lo que ofrecería una nueva y prometedora vía contra el cáncer cerebral.