Ponerse rojo tras el vino no siempre es signo de haber bebido mucho.

Ponerse rojo tras el vino no siempre es signo de haber bebido mucho. Archivo.

Investigación Genética

Ponerte rojo después de un vino y otras mutaciones que no son malas

No son superpoderes: algunas son útiles, otras son hermosas y algunas no sirven para nada, pero todas suponen un hito en nuestra evolución. 

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Para las personas que no están familiarizadas con la genética, el término mutación tiende a estar relacionado con algo malo, algún tipo de trastorno que puede derivar en dolencias como el cáncer. Sin embargo, muchas de ellas resultan inocuas, cuando no beneficiosas, y llevan largo tiempo entre nosotros.

Y es que en realidad una mutación no es más que un cambio en los ladrillitos que componen el ADN. El cambio puede ser para mal, pero también puede generar modificaciones que terminan por seleccionarse evolutivamente al conllevar beneficios para el organismo en cuestión. Otras ni perjudican ni benefician, pero son tan comunes que a veces el hecho de que se trate de una mutación pasa totalmente desapercibido.

Tener los ojos azules

Aproximadamente el 8% de la población mundial tiene los ojos azules. Pero esto no ha sido siempre así. De hecho, los primeros homínidos tenían los ojos marrones y fue una mutación del gen responsable del pigmento en el iris la que dio lugar al primer humano de ojos azules.

Además es una mutación relativamente reciente, pues si bien los primeros restos de Homo sapiens conocidos tienen aproximadamente 195.000 años, se cree que la primera mutación de este tipo se generó hace 6.000 o 10.000 años. Y lo más curioso es que los restos más antiguos de un homínido de ojos azules no fueron hallados en ningún país nórdico, donde las personas de ojos azules a día de hoy parecen mucho más frecuentes, sino aquí en España, en León.

Ser tolerante a la lactosa

Aunque lo raro pueda parecer el hecho de ser intolerante a la lactosa, en realidad la mayoría de seres humanos podemos tolerar este azúcar de la leche por una mutación en el gen MCM6 que favoreció que los humanos adultos pudieran producir lactasa. Ocurrió hace 10.000 años, cuando nuestros antepasados comenzaron a domesticar el ganado.

La lactasa es una enzima que ayuda a digerir la lactosa y que se encuentra en las crías de todos los mamíferos, pero deja de producirse después del destete. Sin embargo, gracias a esta mutación, la mayoría de personas pueden digerir correctamente la leche durante toda su vida, algo afortunado para la especie dados sus beneficios nutricionales. Los "mutantes" son los "normales" hoy en día, ya que una causa probable de intolerancia es la supresión de esta mutación.

Tener el cabello rojo

Si dejamos a un lado los tintes artificiales, el pelo de color rojo es el menos frecuente entre los seres humanos, con sólo un 5% de pelirrojos en todo el mundo. De nuevo este color también es el resultado de una mutación en el gen MC1R, cuyas diferentes variantes se asocian también a las pecas y la sensibilidad al Sol.

Como consecuencia de los cambios en este gen, la feomelanina, anaranjada o roja, predomina sobre la eumelanina, responsable del color marrón. Es más frecuente en zonas de Escocia y Gales, donde hubo mucho aislamiento en un pasado reciente, favoreciendo que la mutación se extendiera. Y al igual que con los ojos azules, hay una razón cultural que explica la pervivencia de este rasgo: el atractivo y la fascinación que provoca, como hoy en día, en el resto de individuos.

Que te suba el rubor asiático

Como su propio nombre indica, esta condición es muy típica en Asia, donde aproximadamente el 36% de la población muestra un enrojecimiento característico de las mejillas después de beber alcohol. No se trata del rubor característico de los borrachos, sin embargo, sino del resultado de una mutación en la ALDH2, la enzima que se encarga de metabolizar el alcohol.

Al estar mutada, éste no puede digerirse completamente. Algunos compuestos tóxicos intermedios se acumulan en el hígado causando una respuesta inmunológica que, entre otros síntomas, hace que las mejillas enrojezcan.

Que no te salgan las muelas del juicio

Del mismo modo que los primeros homínidos no podían tolerar la lactosa o tenían los ojos oscuros, su dentadura también era muy distinta a la de los humanos actuales. Esto se debe a que su dieta era muy distinta, compuesta únicamente por alimentos crudos cuya dureza les obligaba a tener suficientes muelas para poder triturarla.

Sin embargo, la llegada del fuego hizo que comenzaran a tomarse los alimentos cocinados, con una textura más blanda, que hizo innecesario el último molar. Por eso, en el momento que se produjo una mutación que estrechaba la mandíbula y eliminaba el hueco para las conocidas como muelas del juicio, ésta se seleccionó evolutivamente, llegando hasta nuestros días.

Como consecuencia, hoy muchas personas ni siquiera llegan a tener estas muelas, y en caso de que sí les crezcan deben acudir a que se las retiren por no tener suficiente espacio para ellas. Por lo tanto, las mutaciones no siempre son malas y los mutantes no sólo son cosa de los X-Men. Todos somos mutantes en algún sentido y en muchas ocasiones éstas nos hacen la vida mucho más sencilla.