A partir de los 50 pasear al perro es más importante que el simple hecho de tener una mascota, según la psicología.

A partir de los 50 pasear al perro es más importante que el simple hecho de tener una mascota, según la psicología. oatawa.

Ciencia

La psicología dice que a partir de los 50 pasear al perro es más importante para la salud mental que limitarse a tener mascota

El paseo diario puede ser la clave del “efecto mascota”: moverse con el perro ayuda al bienestar después de los 50.

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Pasear al perro después de los 50 años aporta más beneficios a la salud mental que solo tener la mascota.

El estudio observó que caminar con el perro se asocia con menor aumento de ansiedad y depresión en adultos mayores.

Quienes tienen perro pero no lo pasean presentan mayor deterioro en indicadores de bienestar mental y función cognitiva.

El beneficio radica en la actividad física y el componente social que implica salir a pasear con el animal.

Tener un perro puede aportar compañía, cariño y una rutina diaria, pero la ciencia está descubriendo que una parte importante de sus posibles beneficios durante el envejecimiento quizá no proceda simplemente de compartir casa con el animal. Salir a caminar con él puede marcar una diferencia considerable.

Una investigación basada en el Baltimore Longitudinal Study of Aging siguió a 596 adultos de 50 años o más, con una edad media cercana a los 68 años. De ellos, 178 tenían mascota y los investigadores estudiaron durante una media de 7,5 años cómo evolucionaban su ansiedad, depresión, felicidad y bienestar psicológico.

Los resultados fueron mucho menos sencillos que decir que “tener mascota mejora la salud mental”.

Los propietarios mostraron una evolución más favorable de la ansiedad y la felicidad que quienes no tenían animales, pero no se observaron diferencias en la evolución de la depresión. El bienestar psicológico general, de hecho, empeoró más rápidamente entre los propietarios en uno de los indicadores utilizados.

Incluso estar especialmente unido emocionalmente a la mascota no garantizó mejores resultados. Un mayor apego estuvo relacionado en el estudio con un mayor deterioro de una de las medidas de bienestar mental. Los autores subrayan por ello que el vínculo emocional por sí solo no parece explicar los posibles beneficios de convivir con animales.

La fotografía cambió cuando observaron específicamente a quienes tenían perro.

La mayoría, aproximadamente un 79,5%, lo sacaba a pasear. Entre estos propietarios, caminar con el animal estuvo relacionado con una evolución significativamente distinta de la ansiedad y la depresión.

El paseo añade algo más

Los dueños que paseaban a sus perros no experimentaron aumentos significativos de ansiedad o depresión con el paso del tiempo. En cambio, entre aquellos que tenían perro pero no lo paseaban ambos indicadores aumentaron significativamente durante el seguimiento.

Eso no permite afirmar que sacar al perro sea una especie de tratamiento contra la depresión. El estudio es observacional, de modo que puede existir también una explicación inversa: las personas con peor salud, menor movilidad o más síntomas depresivos podrían tener más dificultades para salir a caminar. Los investigadores controlaron diferentes factores, pero reconocen que este diseño no permite demostrar causa y efecto.

Aun así, existen varias razones por las que el paseo podría aportar beneficios adicionales.

La primera es evidente: obliga a moverse. El propio trabajo recuerda que la actividad física está relacionada con un menor riesgo de depresión y con un mayor bienestar psicológico entre los adultos mayores. El perro puede convertirse, además, en una motivación para salir incluso aquellos días en los que probablemente la persona no caminaría por iniciativa propia.

Hay también un componente social. Investigaciones anteriores han observado que caminar acompañado de un perro aumenta las probabilidades de interacción con otras personas. Saludar a vecinos, conversar con otros propietarios o acudir regularmente a un parque puede generar pequeñas relaciones sociales que adquieren especial importancia con el envejecimiento.

Los beneficios podrían ir incluso más allá de la salud mental.

Otro estudio realizado con participantes del mismo proyecto siguió a 637 adultos de entre 50 y 100 años y encontró que quienes tenían mascota mostraban un deterioro más lento en varias capacidades cognitivas. Dentro de los propietarios de perros, quienes los paseaban presentaban una evolución más favorable en algunas pruebas de memoria y función ejecutiva que quienes no lo hacían.

La actividad física muestra un patrón parecido. Estudios sobre envejecimiento han observado que la ventaja de movilidad vinculada a tener perro aparece especialmente entre quienes realmente salen a caminar con él, y puede ser similar a la encontrada en personas que caminan regularmente sin mascota.

Esto cambia ligeramente la forma de interpretar el conocido “efecto mascota”.

El beneficio no tiene por qué proceder únicamente de acariciar al perro o saber que está esperando en casa. El animal también puede modificar el comportamiento de su propietario: le proporciona una razón para levantarse, salir al exterior, recorrer el barrio y relacionarse con otras personas.

Por eso, después de los 50, tener un perro y pasearlo no parecen ser exactamente la misma exposición desde el punto de vista de la salud. La compañía puede aportar bienestar, pero los datos longitudinales sugieren que es cuando el vínculo obliga además a moverse y salir de casa cuando aparecen algunos de los resultados más interesantes sobre ansiedad y depresión.