Marina Brotons durante una entrevista de Caixa Popular.

Marina Brotons durante una entrevista de Caixa Popular. Caixa Popular

Ciencia

Marina Brotons, agricultora: “Se nos ha impuesto que las mujeres no podemos trabajar al aire libre en el campo”

Las agricultoras ganan presencia en España, pero el medio rural aún arrastra desigualdades, estereotipos e invisibilidad histórica.

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Las claves

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Marina Brotons, agricultora de 25 años, denuncia los estereotipos que dificultan la presencia femenina en el trabajo agrícola al aire libre.

Las mujeres han sido históricamente invisibilizadas en las explotaciones familiares, a pesar de representar más de un tercio de la fuerza laboral.

El número de mujeres como jefas de explotación ha aumentado un 22% en la última década, aunque persisten desigualdades de acceso y reconocimiento.

La FAO y la ONU impulsan iniciativas para visibilizar el papel de la mujer en la agricultura, señalando barreras sociales y económicas aún vigentes.

Un campo de cultivo es también un ecosistema. Bajo la superficie, hongos, bacterias y pequeños invertebrados intervienen en procesos esenciales como la descomposición de la materia orgánica, el reciclaje de nutrientes, la formación de la estructura del suelo o la regulación del agua disponible para las plantas.

La FAO considera precisamente la biodiversidad del suelo una pieza fundamental para mantener la productividad agrícola y la capacidad de los terrenos para responder a cambios ambientales. Pero la agricultura no depende únicamente de lo que ocurre bajo tierra. Detrás de los cultivos también existe una enorme cantidad de trabajo humano que durante mucho tiempo permaneció prácticamente invisible.

Durante siglos, buena parte del que realizaban las mujeres en las explotaciones agrícolas familiares quedó en un segundo plano. Estaban en el campo, participaban en las tareas y sostenían las explotaciones, pero muchas veces ni siquiera figuraban oficialmente como responsables de ellas.

Marina Brotons pertenece a una generación que intenta romper con esa imagen. Tiene 25 años, es de Cocentaina (Alicante), estudió Psicología y decidió orientar finalmente su vida profesional hacia una actividad que había formado parte de su entorno desde pequeña: trabajar la tierra.

Su formación tampoco se limita al ámbito universitario. Brotons cuenta con estudios de Agroecología y Ganadería y de Paisajismo y Medio Rural y está detrás de Usança, un proyecto basado en la producción agroecológica y en formas de cultivo vinculadas al territorio.

Un trabajo invisible

Cultiva hortalizas, almendros y olivos y apuesta especialmente por la venta directa y los alimentos de proximidad. Para ella, dedicarse al campo no supone únicamente escoger una profesión, sino defender una determinada manera de producir alimentos y mantener la relación con el territorio.

Sin embargo, cuando habla de las mujeres que han decidido seguir ese mismo camino señala una barrera que no depende de saber manejar una herramienta o trabajar físicamente durante horas. Tiene que ver con la percepción social que todavía acompaña a determinados trabajos agrícolas.

“A nivel cultural se ha impuesto que las mujeres no pueden trabajar al aire libre o que no nos puede gustar trabajar en el campo”, explicó Brotons en una entrevista en Hoy por Hoy Comunitat Valenciana, de la Cadena SER.

Su reflexión llega precisamente en un momento especialmente significativo para el sector. Naciones Unidas declaró 2026 Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa coordinada por la FAO que pretende hacer visible el trabajo femenino en los sistemas agroalimentarios y las barreras que todavía dificultan su participación.

El problema no significa que las mujeres estén ausentes de la agricultura española. Los datos muestran justo lo contrario. El Ministerio de Agricultura recuerda que representan más de un tercio de las personas que trabajan en explotaciones agrarias familiares, aunque históricamente una parte de esa actividad ha quedado escondida bajo la consideración de ayuda familiar.

Durante años era habitual que, aun trabajando ambos miembros de una pareja en una explotación, fuese únicamente el hombre quien apareciese como titular. Esa invisibilidad fue precisamente una de las razones que llevaron a España a aprobar en 2011 la Ley de Titularidad Compartida de las Explotaciones Agrarias.

La situación ha ido cambiando. El último Censo Agrario completo del Instituto Nacional de Estadística señala que las mujeres representaban ya el 28,6% de los jefes de explotación en 2020. Además, su número había aumentado un 22% respecto al anterior censo.

La titularidad compartida también continúa creciendo, aunque sigue representando una pequeña parte del conjunto del sector. El registro del Ministerio de Agricultura contabilizaba 1.654 explotaciones inscritas bajo esta figura a comienzos de agosto de 2026.

Las instituciones reconocen, además, que las desigualdades no han desaparecido. El propio Ministerio señala que las diferencias entre hombres y mujeres siguen siendo más acusadas en el medio rural que en las ciudades, pese a los avances observados durante los últimos años.

El diagnóstico oficial sobre igualdad de género en el medio rural detecta precisamente una mayor aceptación social de la incorporación femenina al mercado laboral, especialmente entre generaciones jóvenes. Al mismo tiempo, concluye que todavía es necesario combatir roles y estereotipos que continúan condicionando las oportunidades de mujeres y hombres.

La situación no es exclusivamente española. La FAO advierte de que las agricultoras siguen encontrando mayores dificultades para acceder a tierra, financiación, tecnología, formación y puestos de decisión. También señala que sus empleos tienen una mayor probabilidad de ser informales, irregulares o estar peor remunerados.

Brotons intenta combatir parte de esos estereotipos mostrando precisamente aquello que durante mucho tiempo apenas se veía. Utiliza las redes sociales para enseñar su trabajo cotidiano y participa en actividades divulgativas, incluidas charlas en colegios y jornadas abiertas para acercar a otras personas a la realidad del campo.

Su generación afronta además otro problema que afecta tanto a hombres como a mujeres: encontrar suficientes motivos económicos para quedarse. Brotons reconoce que partir de una explotación familiar previamente desarrollada supone una ventaja, mientras que comenzar desde cero resulta especialmente complicado por la inversión y las dificultades para rentabilizar producciones pequeñas y de calidad.