Los perros combaten el estrés.

Los perros combaten el estrés. istock

Ciencia

La psicología dice que los dueños de perros tienen menos estrés que los que escogen gatos: tienen más actividad y una rutina

Los perros pueden ayudar a reducir el estrés de las personas, según una reciente investigación de los expertos.

Más información: Manuel Manzano, veterinario: "La persona favorita de los gatos es siempre la que se muestra un poco más distante".

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Las claves

Las claves

Los perros ayudan a reducir el estrés al fomentar la actividad física diaria y una rutina estructurada en sus dueños.

El beneficio psicológico de tener mascota no depende de la especie, sino de la compatibilidad entre el animal y el estilo de vida del dueño.

Mientras que los perros favorecen la socialización y el ejercicio, los gatos ofrecen paz y compañía a personas más introvertidas o con menos tiempo.

Los expertos recomiendan evaluar los propios hábitos antes de elegir entre perro o gato, priorizando la afinidad personal sobre las tendencias generales.

La comunidad científica coincide en que los perros pueden ayudar a reducir el estrés, aunque hay que aclarar que eso no implica que todos los caninos sean la llave para bajar los niveles de cortisol.

Según los expertos, los perros obligan a sus cuidadores a mantener una actividad física diaria superior y una rutina estructurada debido a los paseos obligatorios, lo que a su vez impulsa la socialización y también ayuda a que los tutores tengan siempre la cabeza activa y en movimiento.

Los datos demuestran que el impacto emocional final en el bienestar humano es equivalente al de los perros, así que la rutina que uno impone sobre el otro al final es positiva para ambos dos, lo que además permite que se estrechen fuertes lazos de cariño y amor.

Estudios publicados en revistas como PLOS ONE confirman que los propietarios de perros caminan significativamente más minutos a la semana, lo que genera beneficios cardiovasculares directos y fomenta la socialización comunitaria.

El estrés y las mascotas

Ahora bien, en todo esto también hay matices importantes, es que estos hábitos no se traducen automáticamente en una ventaja psicológica absoluta frente a los gatos, ya que la reducción del cortisol depende de factores más complejos.

Es decir, que los perros pueden tender puentes más sencillos de cruzar para liberar estrés, pero eso no implica que los gatos, en consecuencia, no puedan echar una mano en lo mismo ni que por el contrario produzcan más agobio.

El beneficio psicológico real no reside exactamente en la especie del animal, sino en el nivel de compatibilidad entre la mascota y el estilo de vida del dueño.

Mientras que una persona activa encuentra un canal de descomprensión en las dinámicas exteriores de un perro, perfiles más introvertidos o con horarios laborales muy saturados se encuentran más paz gracias a la independencia de los gatos y su particular ronroneo.

Los psicólogos concluyen que las mascotas funcionan como catalizadores de felicidad a largo plazo mediante el apego y la compañía constante, pero no actúan como un escudo contra las tensiones cotidianas agudas que realmente llevan el estrés al límite.

La recomendación científica actual para quienes buscan incorporar a un animal a su hogar es priorizar la autoevaluación de sus propios hábitos y niveles de energía por encima de cualquier otra tendencia generalizada que pueda llevar a error: los perros son mejores para quienes buscan actividad y, los gatos, para los que quieren más independencia.