Un león rugiendo.
Ni leones ni tigres: en España viven dos especies de felinos salvajes que habitan sus bosques y campos
El lince ibérico no es el único felino salvaje español: otro vive oculto entre bosques, cultivos y montañas.
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El supuesto avistamiento de un león en la Sierra de San Vicente, en Toledo, ha obligado esta semana a desplegar un dispositivo de búsqueda poco habitual. Un repartidor aseguró haber visto un animal de estas características cerca de Navamorcuende, lo que llevó a la Guardia Civil y al Seprona a movilizar patrullas, drones y un helicóptero.
La búsqueda terminó sin encontrar huellas, restos ni otros indicios que confirmasen que realmente se trataba de un león, algo que además resulta especialmente excepcional porque los únicos felinos salvajes que viven actualmente en libertad en la España peninsular son otros dos.
No hace falta viajar hasta África o adentrarse en las selvas asiáticas para encontrar felinos viviendo completamente en libertad. Los bosques, dehesas, montañas y campos españoles esconden dos especies salvajes muy diferentes entre sí y capaces de pasar prácticamente inadvertidas.
Son el lince ibérico (Lynx pardinus) y el gato montés europeo (Felis silvestris), los dos felinos silvestres presentes en la España peninsular. Uno se ha convertido en uno de los mayores éxitos recientes de la conservación europea; del otro, mucho más discreto, todavía resulta complicado saber incluso cuántos ejemplares quedan.
El más reconocible es también una especie que no existe de forma natural en ningún otro lugar del planeta fuera de la Península Ibérica. El lince ibérico es un felino de tamaño medio, fácilmente identificable por sus largas patas, cola corta, pelaje moteado, patillas y las características puntas negras de pelo que rematan sus orejas.
Durante años estuvo extraordinariamente cerca de desaparecer. A comienzos de este siglo sobrevivían menos de un centenar de ejemplares, concentrados fundamentalmente en Andalucía. La situación ha cambiado radicalmente gracias a la cría en cautividad, las reintroducciones, la recuperación del conejo y las actuaciones destinadas a conectar y mejorar sus hábitats.
Los últimos datos oficiales muestran la magnitud de esa recuperación. El censo correspondiente a 2025 contabilizó 2.663 linces ibéricos entre España y Portugal, un 10,9% más que el año anterior y prácticamente el doble que en 2021. De ellos, 2.269 se encontraban en España.
Castilla-La Mancha alberga actualmente el mayor número, con 1.051 ejemplares, seguida de Andalucía, con 885, y Extremadura, con 302. También se contabilizaron 19 en Murcia y 11 en Castilla y León, mientras un ejemplar permanecía asentado en el este de la Comunidad de Madrid.
Su expansión continúa incluso durante 2026. Después de comenzar las reintroducciones en el Cerrato palentino, este año Aragón ha liberado los primeros ejemplares en el valle del Huerva, dentro de la provincia de Zaragoza, con el objetivo de crear nuevos núcleos y disminuir el riesgo que supone mantener la población concentrada en pocas zonas.
Un cazador especializado en conejos
Aunque su imagen pueda recordar a la de otros grandes depredadores, el lince ibérico está extraordinariamente especializado. Su alimentación depende fundamentalmente del conejo de monte, hasta el punto de que la caída histórica de las poblaciones de esta presa fue uno de los principales factores que llevaron al felino al borde de la extinción.
Su hábitat característico es el monte mediterráneo, especialmente aquellas zonas donde alternan manchas densas de vegetación con espacios abiertos y existen suficientes conejos. En Doñana puede encontrarse prácticamente al nivel del mar, mientras que en otras áreas ocupa territorios situados a cientos de metros de altitud.
La recuperación ha sido tan importante que en 2024 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza cambió su clasificación mundial de “En Peligro” a “Vulnerable”. La UICN calificó su recuperación como uno de los grandes éxitos contemporáneos de conservación de felinos.
Eso no significa que el problema esté solucionado. Los atropellos, la reducción del conejo, la fragmentación del hábitat, la pérdida de diversidad genética y distintas enfermedades siguen apareciendo entre las amenazas que pueden comprometer su expansión futura.
El gato montés
El segundo felino salvaje español resulta bastante menos conocido. A primera vista, el gato montés europeo podría incluso confundirse con un gato doméstico especialmente grande y robusto, pero existen características que permiten distinguirlo.
Suele presentar un pelaje grisáceo o pardo, una franja oscura que recorre parte del lomo y, sobre todo, una cola gruesa y relativamente corta, rematada por una punta negra y atravesada por anillos oscuros claramente definidos.
Su co¡mportamiento también contribuye a que resulte difícil encontrarlo. Es principalmente solitario, discreto y evita las áreas con elevada presencia humana. Puede vivir en grandes superficies forestales, pero no necesita necesariamente un bosque cerrado.
De hecho, el Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España muestra que aproximadamente el 61% de las áreas utilizadas por la especie corresponden a terrenos forestales y vegetación natural y otro 37,2% a hábitats agrícolas. Entre estos últimos tienen un peso importante los cultivos de cereal de secano.
Por eso puede aparecer tanto entre bosques y matorrales como en paisajes formados por cultivos, prados, setos, riberas y pequeños fragmentos forestales. El MITECO recoge también su presencia en zonas de matorral mediterráneo e incluso en praderías alpinas situadas por encima del límite del bosque.
Existe, sin embargo, una diferencia llamativa respecto al lince. Mientras este último cuenta con un censo anual que permite conocer incluso cuántos cachorros nacen, no existe una cifra reciente y precisa de cuántos gatos monteses viven en España.
El Atlas español ya advertía de esta dificultad. Una estimación histórica realizada mediante densidades y superficie de distribución planteaba unos 30.000 individuos maduros, pero el propio documento subrayaba que no se trataba de un censo y que existía una considerable incertidumbre sobre la población y su evolución.
En los últimos años, investigadores de la Estación Biológica de Doñana-CSIC han comenzado a estudiar algunas de esas poblaciones con cámaras, análisis genéticos y seguimiento de ejemplares.
Uno de esos proyectos se desarrolla en la Montaña Palentina. Los investigadores han comprobado que la abundancia del gato montés puede fluctuar considerablemente entre años, aparentemente relacionada con cambios en la disponibilidad de presas como la rata topera.
Existe además una amenaza que el lince apenas comparte en la misma medida: los gatos domésticos. Al tratarse de animales evolutivamente muy próximos, los gatos domésticos que penetran en espacios naturales pueden cruzarse con gatos monteses y producir híbridos, además de transmitirles enfermedades.